Gambeteando el calendario

La Confluencia va camino a consolidarse como principal polo frutillero de la Patagonia.

Casi en los umbrales del invierno, todavía es posible toparse en las esquinas, o en algún puesto rutero, con algún vendedor de frutillas que, lejos de ofrecer un producto de liquidación, sorprende con frutas de excelente factura.

Los números de la producción de frutilla en Neuquén también sorprenden. Durante la semana se anunció oficialmente que al cabo de esta temporada se obtuvieron 1200 toneladas de frutillas, de las cuales el 70 por ciento se comercializan frescas y las restantes se congelan.

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Con 40 hectáreas sembradas, principalmente en parcelas ubicadas en la zona rural de Plottier, la Confluencia se consolidó, en menos de dos años, como el principal polo frutillero patagónico, ampliando el horizonte productivo de un cultivo que antes era mirado con recelo.

Los especialistas atribuyen gran parte del éxito a la apuesta que hicieron los productores de origen boliviano. El trabajo dio sus frutos y ahora van por más.

A diferencia de las variedades de frutillas que se cultivan en áreas del Litoral, las de Neuquén tienen como calidad diferencial una concentración superior de sólidos solubles (azúcares), otorgada por las condiciones ambientales particulares de la Norpatagonia, en especial la marcada amplitud térmica.

Ahora, el trabajo del área de Producción de Neuquén con los frutilleros va en dirección a que adopten las denominadas buenas prácticas que amplíen todavía más el valor agregado de la producción.

Los productores de frutillas han dado muestras de que la apuesta al trabajo de la tierra abre una ventana potencialmente rica en una provincia que parece solo atraída por la actividad hidrocarburífera.

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