Desde 1982 el invierno atlántico abriga con su salada nieve la tumba de Félix Oscar Artuso, submarinista del ARA Santa Fe y único argentino enterrado en el cementerio de Grytviken, Isla Georgia del Sur. Aquel también podría haber sido el lugar donde montara su eterna guardia el soldado neuquino Néstor “Moncho” Águila, caído en la misma Isla, en la misma guerra, en circunstancias muy distintas: Águila intentaba un desembarco; Artuso se había rendido y fue fusilado por la espalda.
Cerca de Artuso descansa desde 1922 el explorador anglo-irlandés Ernest Shackleton, quien hace poco fue noticia por el descubrimiento a 5000 metros de profundidad del rompehielos Endurance, en el mar de Weddell. A bordo, Shackleton dirigió desde 1914 la Expedición Imperial Transantártica hasta naufragar en 1915. Llegar al polo sur era una hazaña comparable con pisar la Luna. Tras el hundimiento parte de la tripulación desayunó focas durante cuatro meses y la otra navegó más de 1000 kilómetros en una expedición a la muerte con rumbo a las Georgias, uno de los puertos balleneros más importantes del mundo en aquel momento. La expedición fue rescatada y constituye una de las hazañas más grandes de la humanidad.
El Endurance era uno de los naufragios más inaccesibles del mundo hasta febrero de 2022 cuando su popa destelló ante las cámaras de un robot de la misma empresa que encontró al ARA San Juan en 2018. La travesía fue financiada por los Heritage founds y la Falkland Islands Company Ltd., la empresa que gobierna el destino económico de las Islas.
Todo da cuenta de la gran capacidad financiera de los isleños; y de los cuantiosos ingresos que obtienen a partir de la depredación ilegal del litoral patagónico. Una travesía similar buscando al crucero Belgrano, por ejemplo, sería técnicamente factible y prácticamente impagable para un país “sumergido en la inflación”.
"El Reino Unido sabe, desde que Darwin visitó las Malvinas antes de la usurpación de 1833, que el conocimiento sostiene la soberanía; y porque el naufragio funciona como un “certificado” de la centenaria presencia británica en todo el Atlántico Sur, todos territorios también reclamados por nuestro país", sostiene Mario Flores Monje, integrante de la Comisión de Familiares de Caídos en Malvinas de Neuquén.
¿Por qué “el Reino Unido” buscó al Endurance bajo el hielo antártico? Porque sabe, desde que Darwin visitó las Malvinas antes de la usurpación de 1833, que el conocimiento sostiene la soberanía; y porque el naufragio funciona como un “certificado” de la centenaria presencia británica en todo el Atlántico Sur (Malvinas-Georgias-Sandwich- Antártida): todos territorios también reclamados por nuestro país. Stanley/Puerto Argentino, Grytviken y el Endurance para ellos son soberanía.
En marzo de 1982 otro buque inglés también llamado Endurance buscó en las Georgias a los operarios argentinos que, mientras desarmaban un galpón ballenero, supuestamente izaban una bandera argentina. Después, el prólogo de la guerra se escribió en esas islas y por eso, para nuestro país, las bases antárticas y la tumba de Félix Oscar Artuso también son soberanía.
Pasan los años y Gran Bretaña se niega a hablar de la soberanía de las Islas mientras viste su espíritu colonial con renovadas ropas científicas: la última iniciativa fue el intento de establecer una zona de protección marina alrededor de las Georgias, a más de 1600 kilómetros al este de Puerto Argentino.
(*) Mario Flores Monje es licenciado en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales e hijo de Mario Flores, tripulante del Crucero General Belgrano que fue bombardeado por los ingleses durante la Guerra de Malvinas. Actualmente integra la Comisión de Familiares de Caídos en Malvinas de Neuquén.
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