El interés que había despertado el acontecimiento se notó desde el inicio de la jornada, con hinchas que lucían camisetas de ambos equipos.
Cuando la ansiedad de la gente comenzaba a exteriorizarse, Francescoli y Bermúdez ingresaron a bordo de una camioneta de Seguridad Vial a través de un cordón efectuado por hombres identificados del Sindicato Único de Trabajadores de Control de Admisión y Permanencia de la República Argentina (Sutcapra).
Enzo Francescoli fue el más solicitado por la gente. Se dejó abrazar y besar sin gesto de rechazo alguno.
Admirados
Al principio se mantuvo el orden y los fanáticos sólo gritaban frases de admiración. Pero luego una mujer corrió para tomarse una foto con uno de sus ídolos, y luego otro joven, y después otro, hasta que se desbordó y cientos invadieron el centro de la cancha. Francescoli fue el más solicitado. Se dejó abrazar y besar sin gesto de rechazo alguna, hasta que los uniformados lograron despejar el escenario.
Cuando todo estuvo en condiciones, irrumpió Jorge Formento, el locutor oficial de la fiesta, quien animó a la multitud con su particular estilo y tono de voz.
En ese instante llamaron a los jugadores, 40 por equipo, que fueron favorecidos en un sorteo efectuado poco antes.
Los de Boca lucieron camisetas amarillas y los de River, rojas. Conmovedor fue el momento en que los compañeros mantuvieron el primer diálogo con los integrantes de su equipo.
Ya en el juego revelaron que tomaron el compromiso como un desafío de honor. Iban fuerte a cada pelota, aunque con lealtad.
La nota tierna la pusieron tres perros que anduvieron todo el partido detrás de la pelota y hasta interfirieron en algunas jugadas.
Al final, los organizadores previeron otro desborde del público, e hicieron correr a Francescoli y Bermúdez hacia uno de los laterales, y cuando el árbitro dio el pitazo final subieron a una camioneta que los aguardaba.
Igual, la multitud corrió por la playa para darles el último saludo a sus ídolos.
Te puede interesar...









