Hipocondría e internet, una mala combinación

Quienes creen que están enfermos buscan información en la web que les dé la razón.

La hipocondría es el convencimiento o la creencia de padecer una grave enfermedad, diagnosticada por el propio sujeto, a partir de una interpretación errónea de sus síntomas. Estos pacientes acuden al médico en busca de respuestas y, aunque en un primer momento pueden sentir alivio, al salir de la consulta los pensamientos vuelven: “¿Y si el electrocardiograma, el holter o la ergometría fallaron y no pudieron detectar mis problemas de corazón?

Es una vía para expresar los problemas emocionales de una forma física que puede ser grave en algunas casos. Las personas hipocondríacas siempre llevan su diagnóstico al aspecto somático y no al psíquico. Los síntomas son reales, ¿quién no tiene un dolor de cabeza? Lo patológico pasa cuando la interpretación de ese dolor es un incipiente tumor cerebral. Además, el pensamiento potencia el dolor.

Ayuda Internet sirve cuando una persona lee sobre hipocondría y asume que debe ir al psicólogo.

En este contexto psicológico, internet juega un rol de doble filo, por no decir que es decididamente negativo para el hipocondríaco, que tiene en la información a su herramienta más valiosa para encontrar a su supuesta enfermedad. El problema radica en que, a pesar de la rigurosidad científica de la fuente consultada, las creencias y la falta de espíritu crítico hacen que el paciente asuma como propia una patología sólo por creer que tiene alguno de sus síntomas.

“Internet juega los dos papeles, el bueno y el malo. Si la persona lee sobre hipocondría en una web y decide consultar a un psicólogo para tratar su problema, puede ser de gran ayuda. Pero cuando uno tiene miedo, hace una lectura selectiva, como ocurre también en los trastornos de anorexia”, explica el psicólogo Enrique García Huete. De igual manera, los foros constituyen otro riesgo importante porque algunos usuarios pueden llegar a fomentar la desconfianza hacia los médicos y ofrecer falsos diagnósticos. “La red es una fuente de información sobre enfermedades, síntomas y tratamientos de muy fácil acceso y sin filtro. Para un paciente preocupado de manera enfermiza por su salud esto puede ser realmente contraproducente”, agrega el psicólogo.

Los especialistas, que diferencian la hipocondría de la tanatofobia (miedo a la muerte), dado que en este último caso el paciente no va al médico por miedo a recibir un diagnóstico fatal, afirman que el hipocondríaco en sí mismo no es un enfermo sino alguien que padece un trastorno emocional subyacente que puede ser fruto de la ansiedad o de una depresión. Y cualquier manifestación física de esas ansiedades (taquicardias, dolores de cabeza o tensión muscular) se interpreta de manera alarmante y sin atender el aspecto psicológico, lo cual genera aún más ansiedad. Si la persona presta atención al latido del corazón y cree percibir alguna irregularidad, se asusta, y su corazón va a latir más rápido aún, acentuándose el círculo vicioso.

Por eso, el tratamiento de base en estos casos se centra en reducir la ansiedad y proporcionar al paciente las claves para que ciertos diagnósticos no se reproduzcan en su cabeza. Y, claro, estimular la interconsulta con un psicólogo.

El médico, clave
Información y confianza

Cuando el médico advierte que la consulta de su paciente se debe, en realidad, a un caso de hipocondriasis, tiene que procurar “no echarlo” del consultorio sino ordenarle análisis para ofrecerle datos concretos que ayuden a espantar cualquier fantasma. Más allá de indicarle una consulta psicológica, el clínico o cardiólogo debe dialogar y ser empático con su paciente: si este tiene miedo a enfermarse (o la certeza de que lo está), ese temor siempre va a superar la información. La palabra y la confianza juegan un rol clave.

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