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Historias de amor y de política que nacieron en una carnicería

El origen del almacén de ramos generales de los hermanos Sapag en Cutral Co. Vidas que se cruzaron y que marcaron un punto de inflexión en Neuquén.

A simple vista, el aviso publicitario no dice mucho, más que promocionar la calidad de los productos y la atención de dos hermanos que están al frente de un almacén y carnicería en un pequeño pueblo en el medio del desierto.

Se trata de un aviso grande publicado en el periódico quincenal Comentarios de Cutral Co el 11 de septiembre de 1941, donde además de ofrecer calidad en las carnes de vacuno y capón resalta el nombre del comercio: Carnicería Sapag.

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La historia de este almacén de ramos generales, que también llegó a tener un anexo con bar y billares, encierra mucho más que los recuerdos de un viejo comercio. El lugar fue el comienzo de dos historias de amor y el espacio donde se empezó a hablar de política en un territorio postergado y con muchísimas necesidades.

Todo comenzó en 1929 cuando Elías Sapag regresó del Líbano a Zapala, a pedido de su padre Canaán, para ayudarlo en su negocio de frutos del país que su padre Habib había iniciado 25 años atrás y sus descendientes habían continuado.

La crisis de ese año, que se extendió a todo el mundo hasta fines de la década del 30, también golpeó a este inmigrante de origen libanés llegado a la Patagonia a principios del siglo XX. Fue por este motivo que Canaán le pidió a su hijo de 18 años que dejara sus estudios universitarios y regresara para ayudarlo.

Cutral Co en sus comienzos
 Cutral Co en sus comienzos

Cutral Co en sus comienzos

Elías cumplió con el pedido. Apenas llegó a Zapala, salió a la cordillera a buscar hacienda y a cobrar algunas cuentas pendientes de su padre para tratar de recomponer la frágil economía familiar. La situación era delicada, pero en la casa nunca faltaba un plato de comida. Su madre Nazira Jalil era conductora y a la vez inspiradora por los sacrificios que hacía para que nada les faltara a sus siete hijos.

Elías hizo todo lo que estuvo a su alcance para la recuperación de Canaán, hasta que comenzó a desarrollar una actividad que le daría buenos dividendos: la compra de ganado y faena para abastecer no solo a la comunidad local sino también a los asentamientos que el Ejército instalaría por esos años en Zapala y Covunco.

Cuatro hermanos participaron en la sociedad comercial de la familia Sapag: Elías, Amado, Felipe y José.

El negocio que administraba con su hermano Amado crecía a tan buen ritmo, que Elías decidió abrir una sucursal en Cutral Co, un pequeño asentamiento que había nacido con el nombre de Barrio Peligroso (después cambiado por el de Pueblo Nuevo) en las inmediaciones de la próspera ciudad de Plaza Huincul.

Así fue que en 1935, Elías compró un terreno en la calle Carlos H. Rodríguez, donde instaló un almacén con carnicería. Él se encargaría de administrarla junto con su hermano Felipe, que en aquel entonces tenía apenas 17 años. Canaán se quedaría en Zapala para seguir con el otro negocio junto a Amado, su otro hijo adolescente, para proveerlos de mercadería.

La sociedad comercial, a la que luego se sumaría José, el hermano menor, también dio buenos frutos, teniendo en cuenta que Cutral Co seguía creciendo y que cada vez más familias se asentaban en la zona.

En la carnicería, Felipe se encargaba de atender la clientela, aprovechando un especial carisma que tenía, mientras que Elías se dedicaba a la administración del local y a incursionar en la política, algo que ya conocía, puesto que había sido designado presidente de la comisión de fomento del pueblito.

Años después, aquel local comercial fue testigo de las historias de amor que protagonizarían ambos hermanos con dos jovencitas que habían llegado a la zona. Una era Alma Cavallo, hija de una maestra recién radicada en el paraje Aguada Las Cortaderas (cercano a Cutral Co) que estudiaba en Buenos Aires y siempre visitaba a su madre. La otra, Estela Romeo, una docente que había llegado de la provincia de Misiones para ejercer su cargo en una humilde escuela del pueblo.

Un aviso publicitario de la carnicería Sapag, de septiembre de 1941, publicado por el diario Comentarios
Un aviso publicitario de la carnicería Sapag, de septiembre de 1941, publicado por el diario Comentarios

Un aviso publicitario de la carnicería Sapag, de septiembre de 1941, publicado por el diario Comentarios

Desde la vidriera del local, tanto Felipe como Elías habían quedado impactados por la belleza de esas muchachas cuando las veían pasar caminando por la calle. Y cada vez que concurrían al lugar para hacer las compras, los hermanos no ahorraban en cumplidos y galanterías, por más que el entorno –un local con productos de almacén y medias reses colgadas- no fuera el más propicio para entablar una relación romántica.

Elías quedó flechado con Alma, a quien le presentaron en un asado de amigos en común. En ese encuentro supo que aquella joven de refinados modales tenía una historia muy particular. Su tía Salvadora Medina Onrubia se había casado con Natalio Botana, el periodista y propietario del diario Crítica, quien le dio asilo a su madre Carmen cuando quedó sola y embarazada de ella. Años después, Carmen se casaría con otro hombre (Emilio Cantoni) con quien se trasladaría al paraje Aguada Las Cortaderas, para ejercer la docencia. Allí tendría dos hijos más.

Alma vivía y estudiaba en Buenos Aires bajo el amparo de los Botana, pero adoraba visitar a su madre en este lugar inhóspito. La admiraba porque ella también podría haber elegido vivir con las mejores comodidades cerca de su hermana y su cuñado, uno de los hombres más poderosos de la Argentina, pero había preferido quedarse en el paraje, luego de la muerte de su marido.

Cuando Alma terminó sus estudios decidió acompañar a su mamá, dejando todos los lujos de Buenos Aires por ese rincón de la Patagonia.

Elías quedó impresionado con esa historia y con la increíble personalidad que tenía la muchacha. Por eso no fue nada extraño que se enamorara perdidamente.

Felipe, en tanto, estaba deslumbrado por Chela. A tal punto le gustaba, que un día decidió pedirle a su amigo Alesio Saade, también oriundo del pueblo de donde vinieron los Sapag y vicedirector de la escuela donde ella trabajaba, que le hiciera “gancho” con la joven misionera. Así, los dos pensaron una estrategia que no podía fallar. El vicedirector invitaría al cine a un grupo de maestras, en el que estaría Chela y en la misma sala le presentaría a Felipe.

Saade se encargó de que las cuatro mujeres se sentaran en un lugar determinado, pero que la última del grupo fuera la joven misionera. Al lado había un lugar vacío que ocuparía el carnicero enamorado. Y así fue. Antes de que comenzara la película, el vicedirector no ahorró elogios hablándole del amigo que tenía para presentarle. Esa salida al cine los juntó por primera vez. Nunca más se separaron.

Elías se casó con Alma, con quien tuvo 7 hijos. Años después lo harían Felipe y Chela, que tendrían cuatro descendientes.

La carnicería seguiría funcionando a pleno, con varios anexos comerciales que se incorporaron el correr de los años. En su interior, se cruzarían muchas anécdotas familiares y nacerían apasionantes historias que marcarían un punto de inflexión en la política local, a partir de la militancia peronista de los dos hermanos y la posterior fundación de un nuevo partido: el Movimiento Popular Neuquino.

El local apoyaría con abastecimiento de carne a los obreros de YPF durante la histórica huelga de 1958 y se posicionaría como uno de los emprendimientos comerciales más prósperos de la región junto a otros negocios de la familia (marmolería y minería) que se sumaron en Zapala.

Elías y Felipe tendrían su protagonismo y se abrirían su propio camino político.

Atrás quedarían los recuerdos de los comienzos, de los proyectos en los años difíciles y de aquellos sueños que nacieron a partir de ese local, un humilde boliche de ramos generales con anexo carnicería.

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