Horror: "Mi tío y mi abuelo me arruinaron la vida"

Lo dijo una joven que sufrió abuso sexual infantil durante 6 años.

POR AGUSTINA BENATTI/ policiales@lmneuquen.com.ar

“Después de que abusara de mí pasaba y me decía ‘acordate que están tus hermanos, nadie te va a creer’. Ellos me arruinaron la vida”, confió con un hilo de voz Jennifer (21), quien sufrió un calvario por parte de su tío policía y su abuelo paterno. Ambos abusaron sexualmente de ella durante seis años cuando era apenas una niña.

El infierno al que la sometieron comenzó en 2002, en Senillosa, cuando ella tenía 6 años. Los aberrantes abusos eran cometidos mientras sus papás trabajaban y quedaba bajo sus cuidados. “Por ahí nos invitaba a mí y a mis hermanos a algún lado y como yo ya sabía lo que iba a pasar, iba con él. Siempre preferí que me pasara a mí y no a ellos”, confió la joven y apuntó que en aquel momento su tío se desempeñaba en la comisaría de Plottier.

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Como sus agresores eran parte de su círculo familiar, el mayor miedo de la niña era exponer las atrocidades que vivía y que no le creyeran. Sin embargo, cuando tenía 16, Jennifer no aguantó más y le contó a su mamá, en busca de ayuda.

Una condena que queda chica

Si bien en un principio no quería denunciar, tras conocer a su primera psicóloga decidió hacerlo. Finalmente en 2016, Jennifer denunció a su tío y a su abuelo por abusar de ella durante toda su niñez.

“Me saqué la lotería con mi familia porque siempre me creyeron. Cuando empecé el proceso judicial lo hice por mí, porque ya estaba cansada”, aseguró Jennifer. La joven recordó, además, que tardó en comprender que lo que estaba pasando porque cuando era pequeña “no se veía ni se escuchaba sobre abusos. Empecé a entender ya de más grande”.

Finalmente el miércoles, casi 16 años después, Luis Cauquoz -su tío- fue condenado por un tribunal a 8 años de prisión efectiva. El fiscal Andrés Azar había solicitado una pena de 10 años por abuso sexual gravemente ultrajante, agravado por el vínculo, por el grave daño en la salud de la víctima y por la convivencia preexistente.

“Yo hubiese esperado que esté toda su vida preso. Desde mis seis años hasta ahora que yo no tuve una vida, no salía sola, me daba miedo”, aseguró la joven. Jennifer confió que durante una audiencia, al médico forense “le preguntaron si los daños eran a corto o largo plazo y el médico dijo que yo iba a tener que convivir con esto. Esto no se terminó”.

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En el caso del abuelo, al ser una persona mayor de 80 años, la Justicia aún no ha iniciado el proceso. “Sé que preso no va a ir, pero aunque sea que no viva más acá. Es feo tener que cruzármelo por la calle, Senillosa es chico”, sostuvo la joven.

“Si tuviera que decirme algo a esa edad me diría que hable, por más miedo que tenga. Sé que la condena no me va a limpiar mi cabeza, pero al menos ellos no van a seguir en la calle como si nada”, expresó entre lágrimas Jennifer.

--> Tres momentos clave en 16 años

2002 - Comenzaron los abusos

Desde que tenía apenas 6 años, su tío y abuelo abusaron de ella, amenazándola con herir a sus hermanitos. Se prolongó hasta el 2008, cuando tenía 12.

2012- Pudo contar su calvario

La joven pudo contarle a su mamá lo que había sufrido. Su familia la acompañó siempre, hasta que en 2016 se animó a denunciarlos por abuso.

2018 - Obtuvo una condena el tío

El miércoles, un tribunal condenó a Luis Cauquoz a 8 años de prisión por abuso sexual gravemente ultrajante.

“Yo hubiera querido que los maten, no se merecen menos”

Senillosa

Desde un rincón de la casa, la mamá de Jennifer la mira mientras ella relata su historia. “Uno a veces cree que tu familia, tu hermano, tu cuñado te van a cuidar. Cuando ella nos contó nos enojamos con la vida por no mirar”, confió la mamá de la joven.

En el momento en que su hija pudo revelarle lo que había sufrido, ella fue la encargada de contarle después a su entonces marido, el padre de Jennifer. “Casi me muero, porque no podés creer que pase algo así, que una persona con la que crecés sea tan hijo de mil putas. Yo hubiera querido que los maten, no se merecen menos”, aseguró la mujer.

Cuando Jennifer contó los abusos que había sufrido, su mamá nunca cuestionó si lo que decía era verdad. En este sentido, la mujer cree que es muy importante escuchar a los chicos y creerles.

“Hay padres que tienen que creerles a sus hijos por más que sea tu hermano, tu sobrino, lo que sea”, sostuvo sin dudar y agregó: “Los hijos de puta ahora lo van a tener que pensar dos veces antes de hacer algo así, porque los chicos se animan a hablar. Y hay que creerles”.

Como madre, reconoce que la vida de todos cambió y que nunca dudaron de acompañarla durante todo el proceso a nivel personal y judicial. Sin embargo, el resto de la familia paterna no les creyó: “Hicieron la vista gorda y se olvidaron que ella también es su sobrina”.

“Lo que más me duele es que él era uno más de nosotros. ¿Cómo no te va a doler? ¿Cómo no voy a querer matarlos?”, expresó la mujer. “Ella ya sufrió mucho, ahora les toca a ellos”, concluyó la mamá y puntualizó que recibieron mucha ayuda en el hospital, la escuela y la fiscalía.

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