México.- Lamentablemente, pasa acá y en varios países del mundo: la mujer es blanco de delitos, abusos y asesinatos con total impunidad. Durante una marcha en la Ciudad de México para exigir justicia por el crimen de la joven Mara Fernanda Castilla, violada y asesinada presuntamente por un chofer del servicio de la plataforma Cabify, una de las manifestantes identificó entre el contingente a un hombre al que acusó de haber abusado sexualmente de ella.
Los manifestantes llamaron a hacerle un “juicio ciudadano”, es decir, lincharlo. Pero el muchacho logró refugiarse en el interior de un centro comercial, hasta donde ingresaron parte de las mujeres que lo perseguían para exigir que sea entregado. Ante el temor de mayores disturbios, varios negocios cerraron sus puertas y el presunto violador, aparentemente llamado Octavio, pidió ayuda al personal de seguridad del centro comercial Reforma 222 -uno de los más exclusivos de la capital mexicana-, quienes llamaron a la Seguridad Pública.
Cuando la policía arribó, tomó el testimonio de la mujer que había sido víctima y encontró al violador, y los dos fueron llevados al Ministerio Público. La Policía de la Ciudad de México comunicó que el hombre, de 52 años, está detenido y sobre él pesan tres acusaciones por abuso sexual.
Cabe destacar que esta no fue la única marcha que se llevó a cabo en el país azteca, ya que en varios puntos exigieron a las autoridades castigo para el presunto responsable del crimen de Mara, quien ya está detenido.
A raíz del asesinato de la joven Mara Fernanda Castilla y los constantes femicidios (53 este año), mujeres mexicanas llamaron -mediante las redes sociales- a realizar medidas de autoprotección. Una de ellas es no usar aplicaciones como Uber y Cabify porque “demostraron que no son seguras”. En lugar de usar un taxi, ofrecen sus casas para que otras mujeres pasen la noche en un lugar seguro si salen tarde de trabajar, de una fiesta o de un bar.
La policía mató a un activista gay
Un estudiante de la Universidad Tecnológica de Georgia (Estados Unidos) murió de un balazo por parte de la policía. Scout Schultz, de 21 años, iba armado con un cuchillo cuando los agentes le dieron el alto en el campus, le dispararon y luego falleció en el hospital. El joven, un activista LGBT (Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales), desobedeció las órdenes y, como consecuencia, fue abatido. Tras la polémica por considerarse una actuación desmedida, la policía de Georgia argumentó que sus agentes no disponen de armas de aturdimiento, como una pistola táser, y por eso actuaron con los medios que tenían. Ahora, una comisión independiente investiga si el disparo mortal fue necesario. La madre del chico aseguró que sufría problemas mentales.
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