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La Mañana

Intersexualidad, el tercer sexo del ser humano

Hombres y mujeres con características genéticas de ambos géneros.

La intersexualidad es una condición física por la que algunos hombres y mujeres tienen al mismo tiempo características genéticas propias de varones y de mujeres en grado variable, y que habla de aspectos que no encajan en la descripción genética que típicamente diferencia los cuerpos de los dos géneros.

En palabras de la sexóloga española Ana Rosa Jurado, “es un trastorno del desarrollo de los órganos sexuales, que normalmente genera una falta de concordancia entre los genitales externos e internos”. A pesar de que la intersexualidad es una realidad que afecta a uno de cada 2000 niños, desde el punto de vista social es un asunto complejo porque es un tema tabú: el miedo al estigma impide que los afectados puedan normalizar su condición.

La sociedad actual distingue entre heterosexuales, homosexuales y bisexuales, pero ¿qué ocurre con las personas que tienen una fisiología distinta a su género “oficial”?. “La sociedad tiende a considerar ‘raro’ o ‘patológico’ todo lo que se salga de la norma”, agrega la doctora Jurado. La tendencia es que todas las personas están clasificadas en dos categorías según el sexo: hombres y mujeres. Y lo que no se puede clasificar, como la intersexualidad, “produce ansiedad y se patologiza”, considera la sexóloga.

Hombres, mujeres y...

Al nacer, los hombres intersexuales presentan genitales ambiguos, por ejemplo, un micropene y la ausencia aparente de testículos, a menudo alojados internamente en las ingles, que se confunden con una vagina hiperdesarrollada. En el caso de las mujeres, la intersexualidad tiene varias representaciones como, entre otras, el síndrome de Morris o la hiperplasia suprarrenal congénita. Algunas son mujeres con cromosomas masculinos, algo que no descubren hasta la adolescencia, cuando no tienen la menstruación.

Según explica la doctora del Consejo Superior de Deportes de España, África López-Illescas, “hasta hace muy poco tiempo, cuando un bebé nacía con órganos genitales ambiguos, se le practicaba una cirugía urgente de asignación de sexo”. Esto era decidido por los padres y el profesional médico, que solía sugerir dejar los órganos femeninos porque de ese modo la operación era más sencilla y segura.

El problema se da en que una vez que se asigna un sexo, se está asignando también un género, que puede tranquilamente no coincidir con la identidad del individuo en cuestión. Eso, definitivamente, se transforma en un gran problema. Por eso, en la actualidad ya no se realiza ese tipo de cirugías, sino que se intenta que sea la propia persona quien decida su identidad sexual y si necesita o quiere operar sus órganos genitales. “El trastorno del desarrollo sexual es un caso complejo en el que sólo la propia persona, durante su desarrollo, debería poder elegir su sexo”, afirma la doctora López-Illescas.

¿La salud de las personas intersexuales se ve afectada? Desde el punto de vista de la sanidad, la doctora África López-Illescas asegura que la etiología por la que se ha dado el trastorno condicionará “más o menos” la salud del individuo. Por ejemplo, si tiene ovarios y testículos, o una serie de alteraciones hormonales, evidentemente no va a ser solamente su sexualidad o aspecto psicológico el que esté afectado: va a haber alteraciones somáticas y otras manifestaciones.

No todos los intersexuales son insanos y, según los especialistas, el concepto de salud es muy amplio, y el hecho de ser intersexual no implica no sentirse sano, feliz y a gusto consigo mismo.

Tabú: La sociedad no logra clasificar a los intersexuales, que se sienten raros.

El vanguardismo en la moda hace su aporte

Los “sin género” subieron a la pasarela para poner de manifiesto una realidad social. El movimiento “a-género”, en el mundo de la moda, es la celebración del diseño sin definición ni etiquetas, dejando atrás lo masculino o femenino, tendencia que se gesta en los círculos más vanguardistas y que es apoyada por diseñadores como el español David Delfín, que utilizó en sus desfiles hombres y mujeres de aspecto andrógino.

El caso de la atleta sudafricana a la que le decían que era un hombre

La intersexualidad afecta a un colectivo que en mundos como el deportivo sufre discriminación por ser naturalmente diferente al resto y biológicamente superior. Un buen ejemplo de ello es el caso de Caster Semenya, una atleta sudafricana intersexual que, tras ganar de forma aplastante la final de los 800 metros llanos en el Mundial de Atletismo de Berlín, en 2009, quedó expuesta a un juicio público sobre su feminidad. “Ella es un hombre”, dijo la italiana Elisa Cusma tras perder esa final en Berlín. Y la prensa se hizo eco del tema, preguntándose con duda y también con saña: “¿Es hombre o mujer?”, “Dudan que atleta sudafricana sea mujer”, “La ambigua sexualidad de Semenya” “¿Caster Semenya es él o es ella?”, fueron titulares de los principales periódicos luego de la victoria de la sudafricana, que por entonces tenía 19 años.

Ante esta situación, la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo (IAAF, las siglas en inglés) concluyó que las atletas con hiperandrogenismo tenían una injusta ventaja sobre el resto de las participantes, por lo que estableció que todas las atletas que se encontraran en la misma situación física podrían competir pero con la condición de iniciar un tratamiento que redujese su producción natural de testosterona, con el fin de menguar las diferencias que podían presentarse con las demás.

Sin embargo, tras el recurso de amparo presentado por la atleta india Dutee Chand, también intersexual, y luego de un arduo proceso en los tribunales, la norma quedó suspendida hasta julio de este año. Así, Chand, Semenya y otras atletas intersexuales -dos de las cuales participaron junto a la sudafricana en Río 2016- quedaron libres de competir sin medicamento. Obviamente, Semenya ganó el oro olímpico en los 800 metros.

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