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Juan Carlos Garcés, el hombre que hace 40 años les pone música a los poemas de Gregorio Álvarez

Juan Carlos Garcés. En 1983 conoció por primera vez al historiador, médico y escritor, una de las figuras más emblemáticas de la provincia

Garcés nació en Plaza Huincul y a los 24 años emprendió la aventura de conocer a su ídolo literario en la capital neuquina.

Asegura que Don Goyo le pidió que hiciera popular su obra literaria, por lo que dedicó su vida a cumplir con ese mandato.

Alejandro Olivera

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Neuquén.- Juan Carlos Garcés lleva casi 40 años poniéndoles música a las poesías del médico, docente y escritor Gregorio Álvarez, con quien entabló una amistad durante los últimos años de su vida. En la actualidad se dedica a difundir su obra en las calles neuquinas, para honrar la memoria de su amigo.

Desde chico, Juan Carlos se mostró interesado en la música y la literatura. Dos pasiones que lo llevaron a vivir una vida de ensueño, no sólo porque le permitieron cultivar su intelecto y vivir de lo que le gusta, sino también porque lo llevaron a conocer a una de las figuras más emblemáticas de la provincia.

Con 24 años, el joven Juan Carlos se aventuró a buscar a su ídolo literario, el doctor Gregorio Álvarez, en medio de una ciudad muy distinta a su Plaza Huincul natal.

Gracias a la información que recopiló por sus contactos en el área de Cultura, logró conocer el domicilio del médico y no dudó en ir a su encuentro con la premisa de difundir sus poemas a través de la música.

“¿A quién busca, muchacho?”, fueron las primeras palabras que Gregorio Álvarez le dirigió, allá por 1983, cuando le golpeó la puerta de su departamento de la Avenida Argentina. “Soy músico y estoy interesado en su obra”, le respondió el joven absorto y emocionado por el encuentro.

Se acercó al médico motivado por sus poesías, que retratan la realidad de los habitantes del interior neuquino y reflejan los bellos paisajes. “Él le cantaba a Ñuke Mapu, la madre tierra, y siempre hablaba de todo lo ligado a la veranada, el campo, a los lagos, a los animales”, detalló Garcés.

Álvarez reivindicaba a los pehuenches, a quienes consideraba los dueños de las tierras de Neuquén, y fue un pionero en la medicinal natural. Amaba la flora y la fauna autóctonas.

El músico asegura que Gregorio le pidió que hiciera popular su obra, por lo que él dedicó su vida a cumplir con ese mandato en las calles y en los festivales que se despliegan en la región, a tal punto que recuerda de memoria cada verso de cada poema.

“En el norte lo valoran mucho”, explicó Garcés. Además, contó que durante la Primera Fiesta Regional del Chivito, la Danza y la Canción –en la actualidad Fiesta Nacional-, que se desarrolló en Chos Malal, tocó en el escenario mayor y fue ovacionado.

“La hermana de Gregorio vivía allá, me escuchó cantar y reconoció las letras de su hermano, por lo que se emocionó y me invitó a su casa a comer”, contó con alegría.

Si bien Gregorio Álvarez realizó grandes aportes culturales y medicinales a la provincia, Garcés indicó que sólo los más viejos reconocen en su música las letras del médico.

En tal sentido, sostiene que el Estado tiene una “gran deuda” con Álvarez, ya que no difunde sus logros. “Deberían editar libros biográficos gratuitamente para las escuelas”, aseguró.

Además, considera que la calidad de sus textos es superior a la de cualquier poeta que haya leído. “Se deberían postular sus obras al Premio Nobel de Literatura, ya que tienen mucha calidad y era más avanzado que los poetas de su época”, manifestó.

Juan Carlos recuerda con cariño a aquel hombre que fue importante para la provincia y para su vida, al enseñarle que lo importante no era lo material, sino los valores y el desarrollo espiritual.

“Yo lo visitaba cada vez que podía, aunque no le gustaban mucho las visitas, lo hice hasta sus últimos días”, contó.

En cada encuentro bebían agua, mientras intentaban adaptar los textos al formato de canción. Esa austeridad estaba salpicada en toda su residencia, algo que llamó la atención de Garcés.

Recuerda, aún asombrado, que el doctor Álvarez había renunciado a los lujos y los placeres económicos. En su departamento sólo tenía tres sillas, un televisor blanco y negro y una radio a pilas. “Cuando seas grande vas a entender que lo único que importa es lo espiritual”, le dijo al joven.

Juan Carlos reconoce que fue el tiempo lo que lo llevó a comprender aquello que su amigo le profesaba. “Yo no busco fama ni dinero, sólo quiero honrar la memoria de Gregorio”, aseguró.

“Extraño sus valores, hoy predomina la competencia y la frivolidad. En su época ya hablaba de una sociedad corrupta, sin valores, ambiciosa, una humanidad deshumanizada”, concluyó.

Quiere grabar la obra completa

Juan Carlos Garcés reconoce que a lo largo de su vida ha puesto su energía en dos cosas: su familia –está casado y tiene dos hijas- y llevar a cabo el pedido de Gregorio Álvarez. “Con lo que he hecho, ya estoy realizado”, manifestó, aunque aún le queda un sueño por cumplir.

Es que, a pesar de haberse dedicado a difundir la obra de su amigo, todavía tiene una materia pendiente: grabar toda su obra con la Orquesta Sinfónica de Neuquén. “Ese es mi gran sueño”, contó. “También quiero grabar el poema que le escribió a su madre”, agregó.

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