Juan Félix Videla, el buscavidas que ahora viste los jardines de Mariano Moreno

Hace más de 10 años vende champas de césped para ayudar en la economía familiar, pero en su vida realizó los más diversos trabajos.

Por Fabián Cares - regionales@lmneuquen.com.ar

A orillas del arroyo Covunco, un hombre de baja estatura y pala en mano saca una champa que será utilizada para vestir algún jardín o algún campo de juego deportivo o recreativo. Juan Félix Videla, de 61 años, desde siempre ha permanecido a la vera del curso de agua y hace más de diez que vende champas de césped para llevar un peso más a su casa. En el pueblo es conocido por este oficio.

Hace un tiempo, una enfermedad lo postró por alrededor de dos años. “Me aferré a Dios y a mi familia y pude salir adelante”, dijo con profunda emoción. Reconoce que sus hijas son el motor que impulsan los días de su vida. “Siempre les di lo mejor de mí y aún lo sigo haciendo, porque quiero que nunca se olviden de que su padre les dio todo su amor y el ejemplo de que con trabajo y respeto se consigue todo”.

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Juan nació en Mariano Moreno un 9 de mayo de 1957 y desde entonces ha completado infinidad de trabajos y changas. También tiene una afición notable por la vida rural y siempre se lo vio vinculado a actividades camperas. Además, ha criado galgos para salir a cazar liebres por los cerros. “De vez en cuando agarro un piche, tras haber corrido bastante tiempo”, señaló.

En algún tramo de su juventud acuñó el oficio de palero, aquellos hombres que a pulmón y fuerza de brazos con una “pala carbonera” cargaban los camiones que llegaban a la costa del arroyo Covunco desde Zapala para llevar arena, ripio y tierra. Él, junto a otros compañeros como Daniel Olave, Aníbal Cares, Jorge Videla, Juan “el Negro” Rodríguez, cumplían con esa “changuita” y dejaban un triste jirón de su vida en ese esfuerzo desmedido de cumplir el rol humano de una máquina cargadora. “Era y es todavía un trabajo muy sacrificado, pero en esos momentos había que hacerlo porque las necesidades así lo requerían”, reflexionó.

Otro de los trabajos que completaba era zarandear arena "a pura pala nomás”, comentó mientras señalaba una pala.

Contó que también cumplió trabajos como la limpieza del canal principal de riego, de patios, poda y derribo de plantas. En épocas invernales corta y vende leña entre aquellos vecinos que carecen del servicio de gas. “Siempre me la rebusqué en la vida, siempre trabajando”, afirmó con mucho orgullo mientras cortaba una champa con asombrosa precisión.

Respecto del trabajo informal y temporario, dijo que “muchos sienten vergüenza por hacer estos trabajos". "Para mí vergüenza sería no hacer changas, porque es un trabajo y uno siempre tiene plata”, aseguró.

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Luego de atravesar varios empleos le llegó la oportunidad de trabajar en la Municipalidad. “Mi vida mejoró un poco, pero hoy la plata no alcanza y como siempre anduve a la orilla del río, me animé a hacer changas para vender césped”, contó. Entre tantos oficios y changas que hizo para ayudar económicamente a su familia y a sus hijas que "ya tienen su rancho aparte”, Juan recorrió las calles del pueblo vendiendo el tradicional mote.

En un alto de su “champeado” se animó a tirar un consejo para los más jóvenes de la localidad: "No se dediquen a que todo le den, sino que dedíquense a ganar su peso y no le escapen a una changa”.

Se reconoce como un hombre “muy familiero” y tuvo las mejores palabras para su esposa Eliana, de quien dijo: “Es mi puntal y mi fortaleza y ha estado en cada momento lindo y feo de mi vida. Es mi guía y la que me ayuda en todo. Es la mejor madre que pudieron haber tenido mis seis hijas. Es todo mi orgullo”.

En medio de tanto trabajo ,formó parte de la agrupación Pichin Way en la Costanera en los carnavales de Mariano Moreno en los 80 cuando fue parte del mítico personaje de la “Vaca Loca”.

Su presente lo encuentra haciendo estas clásicas changas de vender césped y también le permite disfrutar el amor y el cariño de sus 12 nietos, que heredarán con toda seguridad su estirpe laboriosa.

Ayuda a los que les falta todo

En esta etapa de su existencia, a los 61 años, a Juan Félix Videla se le ha despertado la vocación solidaria. “Se me ha dado por ayudar a la gente que lo necesita y que la pasa mal, y yo lo sé porque en algún momento yo también viví la falta de todo”, dijo.

Por esta razón, es muy frecuente verlo, por ejemplo, entregando sin cargo fardos de leña a las familias carenciadas.

“Dios siempre me ha llevado para adelante y hoy me ha dado una nueva oportunidad para andar la vida y espero no defraudarlo”, reflexionó.

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