La apasionante vida del Capitán Jerzy, el héroe polaco que resistió a los nazis y eligió a Neuquén para vivir feliz  

Su verdadero nombre era Ricardo Bialous y fue uno de los estandartes de la resistencia durante la Segunda Guerra Mundial. Sobrevivió a un campo de prisioneros y disfrutó más de la mitad de su vida en suelo neuquino. Sus cenizas fueron trasladadas a Varsovia y le rindieron homenaje como héroe de guerra.

Mario Cippitelli - cippitellim@lmneuquen.com.ar

Krasnik, Polonia

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31 de diciembre de 1942

Los nueve hombres bajaron del camión rápidamente y comenzaron a descargar las cajas con las minas explosivas, las baterías, los detonadores, las bombas molotov y el armamento que llevaban para defenderse. Estaban tan ansiosos que poco les importaba el frío y la persistente nevada que los había acompañado todo el camino, desde que partieron de Varsovia al mediodía.

El plan lo habían repasado varias veces y no podía fallar: el objetivo era atacar un tren cargado de pertrechos nazis que pasaría por el lugar con destino a territorio soviético.

Los nueve hombres tenían nombre de guerra y documentos falsos, por si caían en manos del enemigo. Todos eran jóvenes polacos que habían decidido luchar hasta morir para liberar a Varsovia de la ocupación nazi.

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El 1 de septiembre de 1939, Adolf Hitler decidió invadir Polonia. Semanas después se plegó a la iniciativa Joseph Stalin, con su poderoso ejército ruso. Ambas acciones desencadenarían una serie de sucesos que darían comienzo a un acontecimiento clave en la historia de la humanidad: la Segunda Guerra Mundial.

La superioridad numérica de los alemanes y los rusos volcó rápidamente las primeras batallas a su favor. Polonia nunca se rindió, pero sus territorios fueron ocupados y rápidamente repartidos entre las dos naciones invasoras. Las autoridades del gobierno polaco se asilaron en Gran Bretaña, lo que quedaba del ejército se reordenó fuera de los límites del país y miles de civiles que quedaron conviviendo con el enemigo se organizaron en grupos de guerrilla para enfrentar la ocupación a través de acciones de sabotaje. Una de las tantas fue la que tuvo lugar aquel 31 de diciembre, mientras Polonia se aprestaba a celebrar la noche de San Silvestre para despedir el año.

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Apenas terminó sus estudios, Ricardo Bialous fue convocado para el servicio militar.

Apenas terminó sus estudios, Ricardo Bialous fue convocado para el servicio militar.

El “Capitán Jerzy” era uno de los líderes de aquel improvisado pelotón. Había nacido en los suburbios de Varsovia el 2 de abril de 1914, en el seno de una familia humilde, y era el menor de 13 hermanos. Pese a las dificultades, Ryszard Białous -su verdadero nombre- logró terminar sus estudios y se recibió de arquitecto, aunque el alistamiento como soldado en el Ejército y el inicio de la Segunda Guerra cambiarían sus planes.

Siendo un niño, Bialous también ingresó a una agrupación scout en la que aprendió valores y principios que lo marcarían para siempre. Precisamente en esa organización, en la que participaba aún de adulto, comenzó a organizar la resistencia frente a los nazis y las acciones de sabotaje como la de esa noche.

Luego de esconder el camión en el bosque, los hombres se dedicaron a colocar las minas en las vías. No fue una tarea sencilla porque seguía nevando y la tierra estaba congelada. Pero el entusiasmo era tal que, al cabo de varios minutos, el trabajo había finalizado. Era cuestión de esperar a que pasara el tren y activar el detonador. ¿Cuánto tardaría?

La respuesta se las dio un empleado ferroviario que caminaba por el lugar revisando las vías con una linterna. Después de reducirlo y maniatarlo, el hombre les dijo que el tren pasaría en cualquier momento.

Fueron 15 minutos eternos en los que el pelotón no dijo una palabra. Cada uno estaba pendiente de sus pensamientos. Y de sus miedos.

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Epígrafe: Ricardo junto a su esposa Krystyna.

Epígrafe: Ricardo junto a su esposa Krystyna.

El Capitán Jerzy recordó a su esposa Krystyna y a sus dos pequeños hijos, Teresa y Juan Ricardo. Pensó en todo el peligro que encerraba aquella sublevación y en la forma brutal en la que respondían los nazis frente a cualquier amenaza. Lo había experimentado la familia de su esposa. Su cuñado, también miembro de la resistencia, había sido descubierto por la Gestapo mientras fabricaba explosivos en su casa paterna. No hubo piedad para ninguno de ellos. Poco tiempo después, los padres serían fusilados, el cuñado torturado y luego asesinado y la hermana menor, deportada al campo de concentración de Auschwitz. Krystyna se había salvado de milagro. Simplemente porque en ese momento no se encontraba.

Estaban en medio de esos pensamientos cuando comenzaron a escuchar el característico ruido del tren. Uno de los integrantes del pelotón que se encontraba en inmediaciones de las vías hizo señas con una linterna cuando la formación estaba por llegar.

El Capitán Jerzy accionó el detonador y una inmensa explosión hizo volar los rieles. La noche se iluminó y el estruendo quebró el silencio del bosque.

Inmediatamente, los insurgentes salieron corriendo de su escondite y arrojaron bombas incendiarias contra los vagones. El objetivo estaba cumplido.

Los hombres volvieron al camión, liberaron al empleado ferroviario y retomaron el regreso. Más adelante, cuando ya se cumplían las 12 de la noche, frenaron el vehículo, sacaron unos sándwiches que habían llevado, descorcharon una botella de champán y brindaron por el año nuevo.

A lo lejos, comenzaban a divisarse los edificios más altos de Varsovia, en medio de la claridad del paisaje nevado. La ciudad estaba allí, festejando los comienzos de 1943, aunque con la lógica tristeza de un país usurpado que estaba perdiendo su cultura y su identidad, y que era devorado por la guerra.

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Una de las fotos más conocidas del legendario Capitán Jerzy.

Una de las fotos más conocidas del legendario Capitán Jerzy.

A medida que pasaba el tiempo, Ryszard Białous –El Capitán Jerzy- fue ganando cada vez más protagonismo en la resistencia polaca. En aquellas épocas de lucha y clandestinidad tuvo que aprender a vivir con nombres falsos, a trasladarse junto a su esposa y sus hijos a casas de familiares o amigos para poder estar a salvo.

Krystyna también se involucró en la resistencia. Era instructora de tiro y muchas veces era la encargada de llevar explosivos a distintos lugares donde se llevaban a cabo aquellas acciones de sabotaje.

Con el corazón en la boca. Así vivió durante la guerra el legendario Capitán Jerzy, o el desconocido arquitecto Bialous. Nunca sabía cuál sería su último día. Trataba de no pensar nunca en la posibilidad de que él o su familia cayeran en manos del ejército nazi. Vivía al límite, como soldado y ciudadano, como esposo y padre, aunque estuviera en el refugio más seguro.

Lo comprobó un día que se despertó y vio a su hijo Juan Ricardo sentado al lado de una ventana jugando con una granada que había encontrado escondida en la casa. El Capitán se imaginó inmediatamente lo que podía suceder y lo que finalmente ocurrió. El nene, de casi dos años, le sacó la espoleta al artefacto y él, con esos reflejos forjados a fuerza de nervios y alertas, se abalanzó sobre el chico, le sacó la granada y la arrojó por la ventana. La explosión estremeció a todo el barrio. A las pocas horas llegó la Gestapo para ver qué había ocurrido. En la casa ya no había nadie.

Varsovia, Polonia

1 de septiembre de 1944

Algunas derrotas del Ejército nazi, especialmente la de la Batalla de Stalingrado, entre agosto de 1942 y febrero de 1943, habían generado esperanza entre las filas de la resistencia polaca. Los avances de Stalin –ex socio militar de Hitler y ahora uno de sus principales enemigos- mostraban que las defensas alemanas habían quedado debilitadas, especialmente en la retaguardia.

Por ese motivo, y ante las noticias que ya hablaban de un casi seguro desenlace de la guerra en favor de los aliados, el Ejército polaco decidió poner en marcha la “Operación Tormenta”, cuyo objetivo no era otro que levantarse en armas junto a la población civil y expulsar a los alemanes definitivamente. La duda era el rol que jugaría Rusia.

Los polacos sabían que estaban en una encrucijada. No confiaban en los rusos, que en un principio habían pactado con los nazis en el inicio la guerra y habían masacrado a miles de personas durante la ocupación, pero también los necesitaban –como al resto de los aliados- para vencer al poderoso ejército alemán.

Un poema escrito por un insurgente, que moriría en esos días de batalla, grafica de la mejor manera el sentimiento polaco: “Te esperamos peste roja, para que nos salves de la peste parda. Para que nuestro país antes descuartizado, sea liberado, te saludamos conteniendo las náuseas. Pero debes saber que de nuestras tumbas nacerá una nueva Polonia victoriosa. Y que tu no caminarás sobre esta tierra”.

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Gran parte de la población de Varsovia se levantó contra el régimen nazi.

Gran parte de la población de Varsovia se levantó contra el régimen nazi.

El levantamiento comenzó ese 1 de septiembre en los barrios que componían el denominado “Gheto” de Varsovia, donde estaba virtualmente encerrada y controlada toda la población civil.

El Capitán Jerzy, al mando del batallón “Sofía” y Comandante de la Brigada Subversiva Broda 53, fue quien lideró una de las tantas acciones de resistencia contra los objetivos alemanes diseminados por todos los barrios de la ciudad ocupada.

Durante los primeros días del levantamiento las unidades del ejército polaco obtuvieron varias victorias que les permitieron avanzar en el terreno y extender las líneas de defensa. También lograron bloquear vías de comunicación claves en la ciudad y hasta liberar campos de prisioneros que estaban en las afueras. El “Batallón Sofía”, al mando del Capitán Jerzy, tuvo la responsabilidad de ingresar a uno de ellos -“Los Gansos”-, donde 340 personas se libraron del calvario y se unieron también a la resistencia.

Cuando Hitler se enteró de la noticia del levantamiento de Varsovia estalló en furia y ordenó a la aviación alemana arrasar con toda la ciudad. “Hay que matar a todos y a cada uno de sus habitantes, niños y mujeres incluidos. Está prohibido tomar prisioneros. Varsovia debe quedar arrasada. Se convertirá en un ejemplo disuasorio para toda Europa”, fueron las palabras del comandante en jefe de las SS, Heinrich Himmler.

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El levantamiento de Varsovia generó batallas diarias en las calles de la ciudad.

El levantamiento de Varsovia generó batallas diarias en las calles de la ciudad.

Para entonces, la ciudad era un caos donde se libraban pequeñas batallas cotidianas en las calles de los barrios, en cada casa y edificio. Los niños corrían de un sector a otro oficiando de mensajeros, adolescentes y universitarios seguían sumándose a aquellas brigadas civiles para sostener la resistencia, los rebeldes organizaban ataques coordinados, con más valentía que recursos, con las pocas armas que tenían o que encontraban.

Aprovechando la confusión, el Capitán Jerzy intentaba moverse de la manera más segura por los frentes de combate. Su batallón había logrado robar uniformes nazis que utilizaban como salvoconducto en los sectores dominados por los alemanes. Cuando volvían a los focos de resistencia se colocaban en el brazo una pequeña cinta con la bandera de Polonia para que los aliados no los confundieran y les dispararan. El asalto al camión de un banco que transportaba caudales –cuya acción fue realizada por el batallón Sofía- les permitía mantener la financiación de la lucha armada.

Sin embargo, a medida que pasaban los días y debido a los reiterados y brutales ataques de los alemanes, los insurgentes comenzaron a perder fuerzas. A esa altura, sabían que el éxito del levantamiento de Varsovia dependería exclusivamente del apoyo de los británicos y del ingreso del ejército ruso, que esperaba en las afueras de la ciudad, en la costa del río Vístula.

Pero la ayuda nunca llegó.

La especulación de Stalin, quien veía que un gobierno polaco restituido y fortalecido le impediría sus planes de ocupación para extender su régimen, las dudas de Churchill, que no quería contradecir o enemistarse con los rusos justo cuando estaba por llegar el desenlace de la guerra, hizo que Varsovia quedara a la deriva y casi sin defensas.

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Miles de personas fueron asesinadas. Otras tantas fueron enviadas a campos de concentración.

Miles de personas fueron asesinadas. Otras tantas fueron enviadas a campos de concentración.

Después de 62 días de combates sangrientos, la resistencia terminó. Y la orden de Hitler de arrasar Varsovia hasta convertirla en un lago finalmente se cumplió.

Ingenieros alemanes, apoyados por tanques y bombas, demolieron todos los edificios y monumentos que quedaban en pie para que no quedaran vestigios de nada que tuviera que ver con la cultura y la identidad polaca.

A través de las alcantarillas del sistema de cloacas, algunos miles de insurgentes lograron escapar. Los que no pudieron hacerlo fueron asesinados a mansalva por las tropas alemanas. Algunos, fusilados en el lugar donde se encontraban; otros, encerrados en sótanos o galpones con granadas y explosivos. Hombres, mujeres y niños fueron víctimas de la barbarie nazi hasta aumentar el saldo de muertos a 250.000. Los que sobrevivieron fueron deportados a campos de concentración ubicados en las afueras de Varsovia o en Alemania. El Capitán Jerzy fue uno de ellos.

Durante 8 meses el arquitecto insurgente pasó por tres centros de detención distintos sufriendo todo tipo de penurias y convirtiéndose en un testigo más de las atrocidades cometidas en aquellos campos de exterminio. Fue liberado en un campo para soldados rasos, en el noreste germano, recién al año siguiente cuando cayó el Tercer Reich y finalizó la guerra.

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Los prisioneros eran trasladados a pie durante centenares de kilómetros.

Los prisioneros eran trasladados a pie durante centenares de kilómetros.

En aquel cautiverio sobrevivió a los traslados a pie durante 800 kilómetros; pudo avanzar pese al hambre y al frío. Se alimentó haciendo sopas con pedazos de pan duro, hirviendo cueros, comiendo bosta de caballo, royendo huesos de cerdo que le tiraban los oficiales captores. Sufrió los dolores de cinco heridas tremendas que acumuló en los años de lucha. En la pierna, el tobillo, el ojo y en la cara.

Lo mantuvo vivo el deseo de reencontrarse con su esposa y sus hijos y el hecho de saber que había sido padre nuevamente: se enteró a través de un mensaje que le envió un amigo. “Nowo narodzone” (recién nacido), decía el papel que lo hizo llorar de la emoción cuando leyó la noticia.

Krystyna, con un embarazo ya avanzado, había pasado la insurrección de Varsovia en un lugar seguro, en las afueras de la ciudad. Tiempo después, con el nacimiento de su tercera hija, Zofía, lo único que esperaba era reencontrarse con su marido cuanto antes. Pero tenía que hacerlo de una manera segura.

Al finalizar la guerra Polonia había quedado bajo el duro régimen soviético, tal como lo temían los polacos. La dominación seguía; sólo había cambiado de nacionalidad.

Incorporado a un cuerpo de paracaidistas en Gran Bretaña, el Capitán Jerzy sabía que regresar a Varsovia y quedarse a vivir allí era para él y los suyos un gran riesgo. Por este motivo es que, junto a otros compatriotas, organizó un plan para rescatar a todas aquellas familias que estuvieran decididas a dejar el país, en busca de un destino mejor.

La idea era ingresar 30 camiones con alimentos, ropa y remedios, como si fuera un grupo de ayuda para los damnificados por la guerra, para luego sacarlos con centenares de polacos que estaban de acuerdo con abandonar el país de manera clandestina.

Y así fue. En uno de esos vehículos, viajaron escondidos debajo de lonas para dejar su tierra natal definitivamente.

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La cordillera neuquina cautivó al Capitán Jerzy.

La cordillera neuquina cautivó al Capitán Jerzy.

El Capitán Jerzy –de vuelta Ricardo Bialous- llegó a la Argentina en 1948 para rehacer su vida, lejos de los horrores y las injusticias que había pasado.

A través de un aviso en el diario, se enteró que en Quillén, un remoto lugar ubicado en el territorio de Neuquén, buscaban a alguien que se hiciera cargo de un aserradero y la administración de una estancia. Hasta ese lugar viajó solo, para asegurarse de que aquel rincón desconocido reuniera las características que él buscaba, fundamentalmente la tranquilidad para empezar de cero.

Si bien las condiciones laborales no eran las que le habían prometido, se quedó maravillado con el paisaje patagónico que tanto se parecía a la zona sur de su Polonia natal. El lago, las montañas, la nieve de los inviernos, la paz…

Krystyna llegó al poco tiempo en un tren que la trajo desde Buenos Aires, junto a sus tres hijos. Así comenzó la nueva vida.

En aquel pequeño paraje neuquino, Ricardo Bialous levantó su casa y trabajó para mantener a su familia que nuevamente se había agrandado. Jorge, el más chico de los descendientes, sería el único del grupo nacido en Neuquén.

En tierras patagónicas se desempeñó como urbanista y arquitecto, la profesión que había estudiado de joven, y colaboró con el desarrollo de localidades como Zapala, Neuquén capital y Caviahue, donde vivió unos 20 años.

Durante toda su vida inculcó a sus hijos los valores de scout que tanto defendía. Y les enseñó a querer esta nueva Patria, sin perder la cultura y la identidad de Polonia, la tierra que tanto amaba.

Murió el 24 de marzo de 1992 en Neuquén, el lugar que había elegido para pasar el resto de su vida, después de 74 intensos años de lucha y sacrificio.

Neuquén

10 de septiembre de 2019

Juan Ricardo Bialous es sereno y pausado para hablar, pero lo hace con entusiasmo cada vez que recuerda a su padre Ricardo, el de las hazañas heroicas contra la dominación nazi.

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En la oficina que tiene en el centro de la ciudad de Neuquén, saca fotos, recuerda anécdotas, describe momentos dramáticos que pasó su familia durante el levantamiento de Varsovia y se emociona mostrando objetos personales de su padre que quedaron como un legado invalorable para sus descendientes.

Juan Ricardo es aquel chico que hace 75 años activó una granada que encontró escondida, pero que explotó afuera de la casa gracias a la rápida acción del Capitán Jerzy, su papá. Es una de las tantas historias que atesora y que todavía lo conmueve.

En cada palabra que expresa este hombre se percibe orgullo y gratitud, aunque asegura que el mejor reconocimiento hacia la figura de su padre llegó desde la lejana Polonia. A fines del año pasado el Gobierno de ese país decidió repatriar sus restos para ser sepultados junto a los soldados de la resistencia, el sueño que siempre había tenido el viejo guerrero.

Las cenizas de Ricardo Bialous fueron trasladadas desde Neuquén a Buenos Aires a fines de junio y luego a Polonia, en un viaje que tuvo como escoltas a miembros de las Fuerzas Especiales de Defensa de ese país.

El 31 de julio pasado, un día antes de cumplirse 75 años del histórico levantamiento de Varsovia, el Ejército polaco le rindió los merecidos honores.

Andrzej Duda, presidente de ese país, recordó cada una de las acciones de aquel arquitecto valiente y de todos los civiles y militares que lo acompañaron arriesgando sus vidas por la independencia. "El sueño de una Polonia libre se está cumpliendo", dijo.

Por uno de los largos pasillos que tiene el Cementerio Militar de la ciudad desfilaron familiares, militares y soldados veteranos. Y al llegar a las tumbas de los caídos, colocaron ofrendas florales frente a las cruces de madera de abedul.

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Fue un acto nostálgico y solemne, de muchos recuerdos y emociones contenidas. Pero fue también motivo de alegría por aquel momento tan largamente esperado.

No era para menos. La historia de la resistencia polaca nuevamente tomaba fuerza a través del recuerdo de sus héroes.

Después de tantos años, esta vez en libertad y a la vista de todos, los valientes integrantes del batallón Sofía volvían a encontrarse con el legendario Capitán Jerzy.

Nota: Ricardo Bialous recibió tres veces la Cruz al Valor y la orden “Virtuti Militari” de grado cinco, la más alta entre las condecoraciones de guerra polacas y fue nombrado con el rango de coronel.

Fuentes: Libro: “Chicos de Varsovia”, de Ana Wajszczuk.

“Un año nuevo especial”, relato sobre el sabotaje al tren nazi, escrito por el Capitán Jerzy.

Entrevista a Juan Ricardo Bialous.

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