La apuesta por un juego más ambicioso

Los enormes recursos que tiene la provincia en Vaca Muerta son una gran herramienta para imponer en el tablero de las decisiones de la industria.

POR FERNANDO CASTRO - Editor +e

No se relaciona con un reclamo por mantener un ritmo determinado de inversiones. En eso la provincia marca y marcó una tendencia a lo largo de toda su historia, casi como ninguna otra (se dijo anteriormente en este espacio: los viajes a Houston que el ex secretario Javier Iguacel vendía como parte de una vanguardia shale argentina, en Neuquén tienen un antecedente previo de al menos 30 años).

La ofensiva 2019 para ciertos círculos vinculados a la industria pasa por qué hacer con un puñado de temas centrales. Son debates a más, también promovidos por partes interesadas. Pero tienen el atributo de ampliar la agenda y el horizonte de expectativas. Aquellos del mediano y largo plazo que sería bueno delinear más precisamente para escabullirse de la agenda caliente de la coyuntura, para lograr ese salto de escala que Vaca Muerta podría protagonizar (claro: ¿ese salto es lo que se quiere? ¿A qué ritmo es conveniente -y para quién- que crezca la producción neuquina?). Hay una agenda, se dice, vinculada por momentos más a los intereses nacionales que a los locales (quizás también perdiendo la perspectiva de conjunto que se requiere).

Uno de esos debates es el de la logística, con el transporte de insumos pesados y el Tren de Vaca Muerta a la cabeza. Hay cierto consenso acerca de la necesidad de ponerlo en marcha. Es de sentido común. La licitación para ese tendido que uniría Neuquén con el puerto de Bahía Blanca debería realizarse en breve, según anticipó el mes pasado el ministro de Transporte, Guillermo Dietrich. Financiarlo va a estar difícil, con el riesgo país en modo récord y sin plan B demasiado visible en carpeta. Al menos por ahora. Es dable pensar que se hará. No está claro ni cuándo ni quién.

Están, sin embargo, los que sugieren que es una vía que solo favorece a un puñado de grandes petroleras (YPF y Techint -Tecpetrol- a la cabeza) interesadas en construirlo y que Neuquén tiene otras vías para seguir abaratando costos. Que, incluso, podrían ser complementarias de la anterior. Una de ellas es la salida al Pacífico con un tendido férreo similar. Es aquel viejo proyecto neuquino del Tren Trasandino del Sur, una idea con asidero en la histórica integración con el vecino país y las idas y vueltas en la exportación de gas que sería recomendable sostener sin repetir los gruesos errores del pasado. La otra alternativa sería utilizar los recursos hídricos, con el Neuquén y el río Negro como red fluvial rumbo al Atlántico.

Aun con un tren funcionando en una u otra dirección, dicen quienes promueven estas ideas que Neuquén podría ejercer otro tipo de presiones (o definir por sí misma) en virtud de los gigantescos recursos debajo de su suelo. A eso se refieren con pasar a la ofensiva. A la ambición. La provincia, su historia, es protagonista de este nuevo momento que podría ser de despegue.

Los ojos del país se posan aquí como una tierra de oportunidades. Tiene como imponer condiciones, e impulsar definiciones en un contexto político actual que implica cierta atadura de manos para la administración nacional. A nadie escapa que parte de los 5000 millones de dólares que ingresan a Neuquén por año lo hacen por condiciones generadas en buena medida dentro de la provincia.

También que, por caso en Houston, saben de ese “otro país dentro de un país” que en la superficie en ocasiones es Neuquén (por las dudas, “otro” país con unos 77 mil pobres y gruesas desigualdades). Ese pasar a la ofensiva radica en saber eludir los contextos, ampliar la mirada y utilizar las cartas a mano para mover ciertos andamiajes. Nadie dice que sea fácil o no entrañe riesgos. Pero está claro que es una opción como pocas.

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