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La Mañana Las Ovejas

La artista que largó todo y hoy retrata el norte neuquino y su gente

Dejó Buenos Aires y se embarcó en una "aventura familiar". Ya es una habitante más de Las Ovejas y con su arte devuelve todo el cariño recibido.

Muchos artistas plásticos usan un pincel para pintar, otros eligen el corazón para hacerlo. Como resultado, esas obras de arte hablan por sí solas. Al mirarlas simplemente irradian sentimientos que llegan a lo más profundo del alma de aquellas personas que detienen su vida un instante para contemplarlas.

Analía Antinori es una pintora autodidacta prácticamente desde aquellos garabatos que hacía mientras aprendía a caminar y a pronunciar sus primeras palabras en su provincia de Buenos Aires natal. Los vientos de la vida la han llevado por distintos destinos a lo largo de la república hasta que por “casualidad o causalidad” esos mismos vientos la trajeron al norte neuquino.

Su nuevo lugar en el mundo

Es pintora, dibujante, escultora y diseñadora gráfica. Desde hace cinco años vive en Las Ovejas. La trajo la vida desde Paraná (Entre Ríos). Abandonó todo y se embarcó en una “aventura familiar”. Hoy es una habitante más del pueblo y con su arte les devuelve a los vecinos todo el cariño recibido. Tiene 57 años y una tesis en proceso de Licenciatura en Artes Visuales cursada en la Universidad Autónoma de Entre Ríos. Se define como “muy sentimental” a la hora de plasmar sus obras.

Desde el 2017 y en forma consecutiva en los meses de mayo (aniversario del pueblo) viene realizando exposiciones de su arte, donde ha retratado a hombres y mujeres de este rincón del norte neuquino y también ha congelado para siempre los mejores paisajes de Las Ovejas. Hoy es docente en la EPEA 1 y tallerista municipal de dibujo y pintura, orientado a todas las edades.

La artista que soltó todo y hoy retrata el norte neuquino y su gente

Sus muestras

Hace tres años, Analía presentó en sociedad por primera vez sus creaciones en la hostería del pueblo. Hasta allí llegó la comunidad y en especial las 21 mujeres que quedaron inmortalizadas cada una en una pintura enmarcada en obras de 30x40. “Las retraté, las dibujé con trazos sensibles. En cada rasgo se desprendió un trozo de su existencia”, cuenta.

“Algo que me quedó grabado en mi corazón y que en ese momento hizo temblar mi humanidad fue ver a las abuelas que miraban su retratos con esos ojos llenos de una mezcla de sorpresa y agradecimiento. No lo podían creer y fue lindo ver cómo compartían esa alegría con sus familias”, cuenta la artista.

“En esa noche mágica detuve mis pensamientos y hasta imaginé a cada abuela mirándose cada mañana en un espejito redondo de sus casas y en esa oportunidad ese rostro se reflejaba en una obra de arte para todos”, recuerda Analía.

“Esa fue mi primera experiencia mutua de integración. Yo le mostré mi arte al pueblo y el pueblo me mostró su corazón”, contó con agradecimiento.

Después vinieron otras exposiciones. En 2018 una muestra ecléctica con paisajes del la zona y lugares referenciales. En el 2019 los homenajeados a través de su arte fueron los rostros de 18 hombres mayores del pueblo. “Un apretón de manos selló ese acuerdo tácito y el permiso para dibujar sus rostros, sus miradas. Soy una sentimental del arte”, cuenta.

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Su familia y la gran aventura

Junto a su esposo Juan Pablo Dell´Acqua trajeron a la vida a tres hijas. Natalia (médica), Micaela (majista) y Cecilia (peluquera). Sus nietos Ana Paula y Octavio han terminado de completar su felicidad como los frutos de su arraigo neuquino para siempre.

Su hija mayor vino a hacer la residencia a un hospital neuquino. En una de sus tantas visitas, un programa de televisión mostraba las bellezas del norte neuquino y la inminente construcción de una hostería por esos lugares. “Es como que sentí el llamado de posar mis pies en estas tierras y en el siguiente viaje concretamos la aventura y vinimos a recorrer el norte. Hoy a la distancia puede decir que fue amor a primera vista”, cuenta convencida. Además comentó que “por una sucesión de circunstancias dejamos todo por esta aventura familiar. Yo abandoné un trabajo administrativo de 25 años en una oficina y mi esposo renunció a la dirección de una escuela”, señaló.

“Fue una decisión difícil soltar todo a esta edad pero no estamos arrepentidos, hoy aquí somos felices en un hogar que construimos con nuestras manos”, comentó. Rompiendo todos los esquemas de la construcción, decidieron volver a los antiguos estilos y edificaron su hogar con adobes de barro.

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