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La batalla de Johana y su familia para ganarle al COVID

La joven de Las Lajas cuenta cómo superaron la enfermedad que los afectó durante dos meses.

La noticia golpeó fuerte a esta localidad del centro neuquino apenas se echaba a andar la cuarentena. El Comité de Emergencia Provincial daba a conocer, a mediados de marzo, el informe respecto del primer caso positivo de COVID19 en el interior neuquino. Hasta entonces, al virus se lo veía en las noticias y se lo pensaba lejos. Y así, de repente, un vecino del pueblo se había contagiado. Se hisoparon las alarmas en el pueblo, en la familia, amigos y conocidos del paciente 1 con residencia en La Buitrera. El miedo y la incertidumbre ganaron las calles. Se comenzó a escribir otra historia en Las Lajas en el marco de la pandemia.

Johana fue una de las personas que muy pronto comenzó a sentir esta extraña enfermedad en el cuerpo. Era uno de los contactos cercano del primer caso. “Los dolores de cabeza eran terribles. Hasta abrir y cerrar los ojos era una tortura”, grafica en palabras lo que tuvo que atravesar durante la enfermedad. Refiere también que perdió el sentido del gusto y del olfato. “Hasta en algunos momentos o podía o me costaba escuchar”, cuenta.

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El contagio propio y en su familia se produjo a partir de una relación laboral de su cuñado con el paciente uno. “Mi esposo y yo, mis padres y mis hermanas terminamos siendo positivos y pasamos a vivir, además de la enfermedad, un aislamiento para el que no estábamos preparados y creo que nadie está preparado”, dice

“Quedarse en casa es la mejor cura para cuidar a nuestros seres queridos y para terminar con los contagios. Es tiempo de hogar, de familia y de valorar los minutos de cada uno de nuestros días”. Johana. Vecina de Las Lajas

Cuenta que de un día para otro sintió la solidaridad y la responsabilidad social del personal del hospital José Venier, del municipio local y, de manera especial, de sus vecinos, que los ayudaron en todo y no les hicieron faltar nada.

“Muchas veces yo sentía miedo, pensaba que nos iban a discriminar o que nos iban a dejar de lado, y gracias a Dios nada de eso pasó, fueron muy buenos con nosotros”, reconoce.

Johana tiene tres hijos, de entre 3 y 9 años. Cuenta que fue bastante difícil darles a conocer la situación. “No entendían mucho del encierro, del distanciamiento, el usar barbijos y el no poder compartir tantas cosas. Ellos me dieron la fuerza para seguir y sobreponerme. Había días en que apenas podía levantarme, y con los dolores a cuestas les cocinaba y trataba de hacer todas las medidas de higiene para que ellos estuvieran bien”, dice. Por fortuna, ninguno de los niños dio positivo. “Fueron momentos que espero no vivir nunca más. Jamás pensé en que algo tan común como darle el pecho a un hijo podía significar algo malo. Me costaba darle el pecho porque el fantasma de que le iba a hacer mal o que se iba a contagiar me rompía el alma”, recuerda hoy con emoción.

La joven de 26 años confiesa que muchas veces, antes de levantarse, pensaba si podía hacerlo. “Fue muy feo todo y hasta en algunos momentos pensé en que me podía morir y tenía miedo por mi familia y por mis hijos”, recuerda. También comenta que su principal preocupación pasó por su papá y su mamá, por ser personas mayores de edad.

La enfermedad los golpeó en lo físico pero también en lo económico. Con todo el proceso que duró dos meses, hasta que se recuperó el último integrante de la familia, los afectó tremendamente en la economía. “Mi esposo se dedica a la construcción independiente y tuvo que dejar todo hasta superar todo el proceso. Hasta ese momento alquilábamos una casa para vivir, pero la situación nos obligó a dejar el alquiler y mi suegro nos prestó una casa y la acondicionamos para pasar esta pandemia en familia”, agrega.

Comenta que la familia es muy creyente en Dios y que desde los primeros momentos encomendaron pedidos de sanidad y de fortaleza a través de cadenas de oración. “Dios nos hizo muy fuertes y nos ayudó a superar todo esto a través de la unión y la fe”, sostiene.

“Quedarse en casa es la mejor cura para cuidar a sus seres queridos y para terminar con los contagios. Es tiempo de hogar, de familia y de valorar los minutos de cada uno de nuestros días”, concluye.

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