La educación es el deseo de una sociedad: tecnología y trabajo

Por Silvia Martínez*

Cambiaron los tiempos y por lo tanto las necesidades; sin embargo, el sistema no muestra grandes modificaciones.
 

La escuela media en la Argentina es el nivel que más creció en los últimos años, con un porcentaje de aumento en 2009-2010 de 2,4 por ciento, a diferencia de la primaria que decreció 0,3 por ciento según los datos de la Dirección Nacional de Información y Evaluación de la Calidad Educativa (DINIECE).
La cobertura del nivel, tomando la tasa de escolarización, en 1991 era de 88,2% en chicos/as de 12-14 años y 62% en los alumnos/as 15-17 años. En 2001 el primer grupo trepó a 95,1% y el segundo a 79,4%. Esto plantea ahora un nuevo problema para el sistema, el crecimiento.
La escuela media fue pensada en sus orígenes como una articulación para la universidad o para formar administrativos. Cambiaron los tiempos y por lo tanto las necesidades; sin embargo, el sistema no muestra grandes cambios.
Muchas son las cuestiones a reconsiderar para repensar la función de la escuela secundaria hoy. Entre ellas está la masividad, los problemas con la falta de interés de los estudiantes, el malestar en las escuelas ante problemas con la autoridad institucional, la deserción de estudiantes, etc. Existen también otras cuestiones a resolver como la falta de sentido que se tiene de los conocimientos que se enseñan en la escuela.
Hay una necesidad de debate, de proponer cambios profundos en la educación secundaria. Creemos que los cambios tecnológicos y del mundo del trabajo forman parte de estos debates que debemos darnos. Sostenemos que aportan sentidos sociales significativos para este nivel.
Sin embargo, los adultos de hoy, los docentes de este tiempo vivimos a veces entre el asombro y el espanto los cambios vertiginosos sociales, culturales, económicos y tecnológicos. Estos han impreso a nuestras vidas una velocidad y una exigencia para la adaptación y comprensión de los fenómenos nuevos nunca antes vivida en la historia de la humanidad. Estamos inmersos en un contexto que se nos presenta como desafiante para nuestra función social de educadores.
Uno de los aspectos de este momento histórico es el cambio cultural del lugar del conocimiento en la sociedad: estudiar ya no tiene el mismo valor que antes, existen otros medios que acercan el conocimiento.
Otro aspecto a considerar son los cambios sociales con respecto al mundo del trabajo. Por un lado, grandes sectores excluidos de los circuitos de trabajo que no pueden transmitir la cultura del trabajo a sus hijos, al mismo tiempo que ocurren modificaciones productivas permanentes que van cambiando la configuración social.
Ambas situaciones requieren de la escuela para promover saberes que faciliten el análisis y comprensión de estos fenómenos, a la vez que la misma también pueda ser una de las transmisoras de la cultura del trabajo.
La educación debería ayudar a llevar a la totalidad de la sociedad los avances de la tecnología y la ciencia, así como también los saberes que permitan comprender el mundo social real.
El sistema educativo contribuye en las aulas a dar las bases de la igualdad de oportunidades como un factor motivador de la democratización del saber. La escuela no debe promover que algunos estudien y otros trabajen sino que debe formar nuevos sujetos democráticos que encuentren en la historia, el presente y el futuro la fuerza de los cambios y transformaciones a través de la cultura del trabajo.
Es por ello que creemos que la educación secundaria es un espacio importante para comenzar a plantear estos debates.
Si pensamos en las funciones de la escuela hoy se podría decir -entre otras- que debería ayudar a resignificar los mundos a los que las nuevas generaciones tienen acceso, explorar diversos lenguajes, ampliar conocimientos, brindar posibilidades de nuevas miradas y puntos de vista.
Parafraseando a Sigmund Freud cuando dice que el futuro es sobre todo ilusión, y esta ilusión no es verdadera o falsa, sino que es una creencia empujada por la fuerza del deseo, creemos entonces que el conocimiento sigue siendo depositario de buenos deseos para una sociedad más justa, libre y abierta a otras experiencias.
 
(*) Docente e investigadora de la UNCo.

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