Nación mira con atención lo que pasa en Neuquén, que se resume básicamente en la dinámica de Vaca Muerta. El fenómeno hidrocarburífero es, a pesar de la publicidad muchas veces exacerbada de campaña política, uno de los pocos resultados que puede exhibir el gobierno de Mauricio Macri, más allá de que la historia de Vaca Muerta es producto de muchas gestiones, procesos, aciertos y errores.
Hasta ahora, al gobernador Omar Gutiérrez le tocó surfear una ola compleja en pocos meses, desde la suba de la producción de gas y petróleo hasta el anuncio del cambio de reglas y del subsidio al shale gas. De los proyectos de inversión de Neuquén hoy prácticamente está atada la economía neuquina. No sólo por los ingresos por regalías (que duplicó el presupuesto en un año), sino en el dinero que derrama la actividad, sobre todo en las pymes neuquinas, esas empresas que van desde especialistas en software, hoteleros, transportistas y pequeñas tornerías que hacen piezas para artefactos en las locaciones petroleras.
Quien gane la gobernación tendrá que adaptarse a una dinámica propia del proyecto que viene desde hace años.
Quien sea el próximo gobernador de Neuquén seguramente tendrá que adaptarse a una dinámica propia de Vaca Muerta, más allá de las políticas que se quieran direccionar desde el Estado. El que asuma la conducción de la provincia deberá estar atento no sólo a mantener el nivel de inversiones, sino a continuar un proyecto que va más allá de los partidos políticos. Se habla de muchas visones para explotar Vaca Muerta, pero lo cierto es que desde la estatización y la apuesta a los no convencionales, Neuquén empezó a ser mirada por el país y el mundo. No somos una isla, pero el petróleo ayuda a surfear la ola de la crisis.


