La escandalosa fuga de Aboy de la U11 quedó impune

Neuquén
"Era un buen negocio para la Policía y el gobierno culparnos a nosotros". La afirmación pertenece a Abel Ríos y a Eduardo Romero, luego de enterarse de que habían sido sobreseidos en la causa por la fuga más bochornosa que se registró en la historia de la U11 de Neuquén.

La resolución judicial dejó impune el escape de Luis Aboy, escondido en un mostrador de tortas trasladado por los propios penitenciarios, aunque los policías aseguraron que "no se fugó en el mueble".
Ríos y Romero estaban a cargo del taller de carpintería donde se hizo el mueble y lo sacaron de la U11. Por el escape del 18 de septiembre de 2013, fueron exonerados.

El fiscal Andrés Carrera ayer pidió el sobreseimiento de los dos agentes penitenciarios y de tres internos acusados en la causa.

El juez Mauricio Zabala aceptó el pedido tras argumentar que se consumó el delito de evasión: no hubo violencia contra personas o cosas. En la investigación también estuvieron implicados otros tres penitenciarios que aún trabajan en la cárcel de Parque Industrial.

Ríos y Romero adelantaron que demandarán al Estado provincial por daños y perjuicios, por ser exonerados sin juicio previo.

"Era más fácil echarnos a nosotros que echar a todos los jefes", explicó Ríos, y dijo: "Hubo muchas fugas en la U11 y nunca la provincia ofreció 50 mil dólares de recompensa. Aboy se fue por la puerta grande, como otros".

A dos años del escape, nadie sabe cómo lo hizo. Tampoco hay acusados y menos pruebas de cómo sucedió la fuga más astuta y absurda que puso en jaque al servicio penitenciario neuquino.

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