La falta de nieve pone en riesgo cientos de millones

Hay dudas entre los operadores.

Neuquén

La nieve no llega y no sólo desespera a los esquiadores, también a quienes viven directa e indirectamente de la actividad invernal. El producto representa cerca de un 20 por ciento de los ingresos económicos ligados al turismo de la provincia. Es más, según estimaciones oficiales, tan sólo en julio y agosto del año pasado le representó a Neuquén ingresos por 944 millones de pesos. Sólo en julio del año pasado se vendieron 266.807 camas en los centros invernales.

El producto nieve se diferencia del turismo de verano en el altísimo gasto per cápita por día. El año pasado fue estimado oficialmente en 1961 pesos, cerca del doble de lo que deja un turista en verano. Con los cerros aún sin nieve, el perjuicio económico que provoca en las localidades que ofrecen el producto es enorme. No sólo para los cerros, sino también para gran parte de los vecinos de esas localidades que dependen indirectamente del movimiento turístico.

La expectativa era que la temporada comenzara fuerte a partir de mañana, en el inicio del receso invernal en la zona del Alto Valle. Pero sin nieve, el temor de los operadores turísticos es que el visitante de la zona modifique su destino. Otros aseguran que el turista de nieve es fiel al producto y postergará su idea de esquiar para agosto, cuando llegue la nieve.

Las agencias que trabajan desde hace años en las localidades cordilleranas aseguran que el nivel de reservas nunca superó el 30 por ciento, aunque es una tendencia que se repite en los últimos años. Explican que desde hace un tiempo, el turista toma la decisión de adquirir un paquete recién cuando llega la nieve.

Pese a que no tiene nieve, la ciudad de Neuquén también es afectada por el fenómeno. El turismo de paso hacia los cerros representa un fuerte porcentaje de ocupación, especialmente en julio. El año pasado alcanzó el 80% durante la segunda semana de ese mes, coincidente con las vacaciones. Si bien aún no se conocen las estadísticas oficiales de la primera semana, esperan una caída con respecto al 48% registrado en igual período del año pasado.

El panorama es preocupante, aunque los pronósticos hablan de inminentes precipitaciones durante el fin de semana que permitirían poder iniciar la actividad. ¿Qué se requiere para poder abrir un centro invernal? Una nevada abundante, de cerca de 50 centímetros. Con ese nivel y con el trabajo de la compactadora, los cerros podrían abrir algunos sectores (en el caso de Chapelco, la zona intermedia).

El frente que se espera para el fin de semana varía la intensidad del pronóstico y en los últimos días osciló entre los 20 y los 60 centímetros. De todas maneras, si las precipitaciones no persisten, se hace imposible mantener esa nieve caída producto del tránsito de esquiadores y del deterioro propio por el clima.

Tres meses de producto

Pese a que julio es un mes clave por los recesos escolares, la actividad tiene también sus puntos fuertes en agosto y septiembre, por lo que la esperanza de que la temporada repunte con la llegada de la nieve se basa en este aspecto.

En el 2015, con buenos niveles, se llegó a extender hasta octubre en algunos cerros. En julio del año pasado se vendieron 266 mil camas, en agosto fueron 214 mil.

Los principales lugares emisores de turistas de nieve son Capital Federal y la provincia de Buenos Aires. Se estima que hay cerca de 30 mil esquiadores a los que se les suele denominar “hard users”, esto es, aquellos que son extremadamente fieles al producto nieve y sólo piensan en viajar para poder practicar la disciplina. A sólo quince días de las vacaciones de invierno en Buenos Aires, el temor de los operadores es que ese segmento haya decidido cambiar su destino, en detrimento de los centros invernales.

De aquellos que viajan a esquiar, un 30 por ciento representa ese esquiador que sube siempre al cerro más allá del clima que le toque. El otro 70 por ciento es más recreativo, menos exigente y sube a los cerros si el tiempo es bueno.

Además, se estima que la cantidad de esquiadores y los denominados “caminantes” se reparten por igual. La referencia es para los familiares de quienes practican la disciplina o gente que llega al cerro para hacer cualquier tipo de actividad (paseos con perros, confitería, etc.) salvo esquiar. Este perfil de turista invernal gasta un 40% menos que los esquiadores.

La expectativa es incierta, pero las variables (las reservas desde Buenos Aires y el clima) ponen aún más escollos a la temporada.

El clima con sus fenómenos atípicos

El temor de una sequía y los ríos de caudales bajos

Hace largos años, la nieve se instalaba en los cerros desde mayo y junio. Salvo el año pasado, los últimos años se postergó la llegada de las precipitaciones, algo que impactó de alguna manera en el turismo invernal. Según explicaron desde la Autoridad Interjurisdiccional de Cuencas (AIC), este año se produjo el desplazamiento del dominio del Pacífico hacia el Atlántico, lo que provocó un mes de mayo muy lluvioso en la zona de los valles pero no así en el cordón cordillerano. La situación persistió durante todo junio y estos primeros días de julio. “Las lluvias otoñales son muy importantes en cordillera para reponer los niveles de ríos y lagos”, explicó Fernando Frasetto, de la AIC.

Pero la preocupación no sólo es por la nieve y lo que genera en el turismo, sino por los problemas que pueden generar la sequía y la falta de agua en los ríos de la provincia. “Si en julio o agosto no hay lluvias ni nevadas medias, no va a alcanzar a compensar lo que no llovió en los últimos dos meses”, advirtió Elías Sapag, de la AIC. La situación sólo podría ser comparable con el antecedente registrado en 1998-1999 cuando “no había ni un hilo de agua”. Así las cosas, entre la amenaza de sequía y la falta de nieve en los cerros, Neuquén vive una temporada invernal por de más atípica.

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