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La historia del último afilador de cuchillos de Cipolletti

A don López la pandemia le impidió seguir trabajando de plomero, pero eso no lo detuvo. Decidió armar un sistema de afilado con su moto y ya se convirtió en toda una celebridad.

Miguel Ángel López tiene 60 años y una extensa experiencia laboral. Trabajó en el rubro cárnico, fue colectivero de las empresas Alto Valle y La Cipoleña, y hasta mayo del 2020 prestaba servicios de plomería. Pero la pandemia de Covid-19 le impidió entrar a las casas para destapar cloacas, y tuvo que reinventarse. Fue en ese momento en el que puso manos a la obra y fabricó un novedoso prototipo para afilar cuchillos con la fuerza del motor de una moto. Además de llevar el pan a su casa le permitió cumplir el sueño de recuperar el oficio que desempeñó su padre por casi medio siglo.

De chico aprendió el oficio por su padre, quien por 40 años ininterrumpidos recorrió en bicicleta las calles de Bahía Blanca y alrededores afilando cuchillos y tijeras. El hombre llegaba a pedalear 100 kilómetros por día, no sólo en recorrido, sino para poder hacer girar la piedra durante el afilado. Ese esfuerzo le provocó severos daños en su salud y calambres constantes.

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“En mayo del 2020 no pude entrar a ninguna casa más para trabajar, y quedé desocupado. Vendí la máquina destapacloacas y me compré una motito Zanella de cuatro tiempos modelo 2001. En casa fabriqué un esmeril, instalé una polea y decidí dedicarme a afilar cuchillos, como mi padre. Antes de arrancar, hice una búsqueda de afiladores y me encontré con que ya no existían en Cipolletti ”, contó López en diálogo con LM Cipolletti.

El prototipo es novedoso y cuenta con tecnología que evita un desgaste físico complejo como cuando el trabajo se hacía en bicicleta. Ahora se utiliza la fuerza del motor de la moto para hacer girar la piedra durante el afilado, y le sumó un equipo de audio digital para reproducir el sonido del aerófono o flauta de pan, la mítica música que identificaba el servicio.

“Además de trabajar y ser el sustento económico de mi familia, quisiera poder recuperar este servicio que está desapareciendo. Cuando la gente escucha la música de flauta le genera mucha nostalgia, reviven el pasado, y otros me preguntan qué es. Ya tengo muchos clientes fijos como rotiserías, modistas y peluquerías, pero además mucha gente que me para en la calle y programamos la visita a domicilio. Trabajo mucho con WhatsApp y Facebook, y me alcanza para pagar el alquiler, la comida, el seguro de la moto y que mi esposa pueda estudiar. Además, me da mucha satisfacción este trabajo”, relató el cipoleño.

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Fue tanto al furor que provocó don López que hasta un día lo frenó un hombre en la calle y le pidió que le arme la misma máquina en una moto para llevárselo a San Martín de los Andes y trabajarlo allá.

“Esto es vivir el día a día, porque soy consciente que tener el cuchillo afilado hoy no es una prioridad. Es sólo una gran ayuda. Además de afilar, enseño a su correcto uso para evitar que se desafile rápidamente. Lo mismo ocurre con las tijeras, explicó.

Contó que actualmente cobra 200 pesos por afilar un cuchillo de cocina, y 100 pesos por el cuchillo de comedor. Por lo general, cuando se afilan, se hace el juego completo de 12 piezas o 24, ya sean cuchillos de filo dulce (sin serruchos) o con serruchito.

Miguel suele recorrer el centro cipoleño en la semana de 9 a 12 frenando en las esquinas. Para encontrarlo sólo hay que buscar la música del aerófono. También se lo puede contactar por WhatsApp al 299-5034960 o en su página de Facebook “Don López el afilador”. Además, suele viajar a Cinco Saltos, Centenario, Neuquén y Fernández Oro.

“Me gustaría que este sea mi oficio para siempre, y aprender más. Este trabajo me da la posibilidad de ser creativo porque el metal mientras que es desgastado en la piedra y pulido en la polea, adquiere brillo y le doy un encanto único a la pieza. Además, da alegría poder satisfacer al cliente y generar nostalgia en la comunidad”, resaltó López.

El afilador cipoleño también tiene su propia canal de YouTube donde muestras sus trabajos.
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Llegó en moto y con un bolso lleno de sueños

Nacido y criado en Bahía Blanca, llegó al Alto Valle por primera vez en 1982. Luego de un tiempo volvió a su ciudad natal, y probó suerte en Buenos Aires. Pero el 18 de septiembre de 2011 se subió a su moto Zanella de 110 cc y decidió partir nuevamente hacia Cipolletti. Llegó solo, cargado de un bolso con ropa y muchos sueños. Pero una joven antes de partir le había causado un gran interés, y pese a la distancia, pudieron contactarse y encontrarse.

“Marcia Andrea Portez tiene actualmente 29 años. La conocí en Bahía antes de venirme, y le dejé un contacto. Me llamó, hablamos, y un día se vino. Nos casamos el 19 de abril de 2013”, contó Miguel Ángel. Actualmente viven en una casa en el barrio Virgen del Valle.

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La hipótesis de por qué desaparecieron los afiladores

El padre de López trabajó 40 años de afilador, hasta que la llegada de un novedoso cuchillo al mercado argentino comenzó a provocar la extinción de este oficio. Según contó Miguel Ángel, él tenía 16 años cuando escuchó la explicación.

“Era un adolescente cuando nacieron en Argentina los cuchillos Tramontina con serrucho, que tenían un filo interminable. La gente lo compraba porque el serruchito que tenía era mejor que el filo dulce de cualquier otro. Entonces, de un día para el otro, dejaron de usarse porque estos nuevos debía pasar muchos años para que se gastaran. Como resultado, también fueron desapareciendo los afiladores”, relató el cipoleño.

Dijo que los afiladores que se mantuvieron, debieron aprender a afilar cuchillos con serrucho para no quedar desocupados.

“Yo aprendí de chico a afilar los Tramontina, y mucho de mis trabajos son de esos hoy en día”, aseguró.

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