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La historia de Inka XV, el equipo de rugby inclusivo neuquino

Los hacedores cuentan cómo nació y se concretó este proyecto inédito en la región. Algunos estuvieron en Irlanda la semana pasada.

El rugby inclusivo, como muchos otros deportes adaptados, es una de las actividades que, a nivel nacional, van alcanzando un desarrollo gracias a las personas entusiastas para quienes las limitaciones son más bien desafíos y metas a superar. Como dice Carlos Skliar, se trata de "volver a pensar en pequeños gestos, a generar pequeñas formas de convivencia, de mirar a la gente".

Desde el año 2017, el Neuquén Rugby Club apostó a un proyecto que aúna los esfuerzos de un grupo de profesionales y familias, en torno a una consigna integral, que entiende que el trabajo en equipo a través del deporte es la clave de la superación de las personas con discapacidad.

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Pablo Javier Ziade, profesor de educación física, ligado al proyecto desde sus inicios comentó: “El Inka XV (Inka es un vocablo originario que significa “Yo puedo”) es una de las tantas divisiones del club, nuclea a personas con discapacidad mayores de 16 años quienes participan del juego en forma autónoma”.

Y explicó: “Está focalizado en personas con discapacidad intelectual, y es importante aclarar que no es un deporte adaptado, sino que es inclusivo porque los participantes tienen su movilidad no-alterada en la que comparten la cancha jugadores con y sin discapacidad. Lo que se adaptan sí, son algunas de las reglas, pero sin diferir demasiado del Rugby convencional”.

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Inspirado en Pumpas XV

Inka XV nació en 2017 inspirado en lo que en su momento estaba haciendo “Pumpas XV” en Buenos Aires.

Ziade junto a Ignacio Amuchástegui, Lorena Tamborindegui y el doctor Marcos Gabón le presentaron el proyecto a la presidencia del club.

“Empezamos nuestra actividad en un trial de Pumpas que se hizo en Buenos Aires en el que pudimos participar con tres jugadores, ya que nos dieron un cupo limitado y al año siguiente participamos del Nacional de Rugby inclusivo que se hace todos los años, en aquella oportunidad en Mendoza y al año siguiente en San Juan”, contó el profe Ziade.

En la pandemia tuvieron que paralizar las actividades, las que retomaron en 2021 con el Cuarto Encuentro de “Mixed Ability Rugby”, que se desarrolló en el Neuquén Rugby.

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En Irlanda

El profe destacó que la semana pasada participaron en Irlanda del Mundial de Mixed Ability con una representación de jugadores de Inka XV que integraron un equipo de Sudamérica entre los que se contaban además ecuatorianos y chilenos. “Integramos también el equipo femenino y seis jugadores en el equipo Maras que es una selección de jugadores del país.

En la actualidad participan del equipo 22 jugadores que van siempre a entrenar y participan de forma activa, 22 familias que junto a los facilitadores y a las personas que dan una mano por fuera, de manera desinteresada, también lo hacen posible desde la colaboración, la participación y en la actividad en sí”, comentó.

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“En el staff contamos con un médico traumatólogo, con una docente de educación especial, profes de educación física especializados y otros médicos generalistas integrando un equipo de profesionales dedicados como parte activa de esta tarea”, agregó.

En este sentido, argumentó: “Nosotros continuamos trabajando fuertemente con el objetivo de crecer y tener cada vez más jugadores que puedan constituir la base sólida para un futuro que no sea a corto plazo, sino que continúe siendo un permanente espacio de participación inclusiva”

Superar los límites

Fabio Flores tiene 32 años y además de ponerle garra y empeño al deporte, se esfuerza por enfrentar día a día los prejuicios de la discriminación y la superación de todos los límites:

“De todas las vivencias lindas que tengo, la mejor fue mi primer viaje con Inka. Para mí fue un viaje maravilloso. Viajamos a la provincia de Mendoza y me gustó muchísimo poder compartir esa experiencia tanto con los compañeros como con el grupo de padres que nos acompañó, algo tan lindo en un ámbito fuera del club. Ya desde el viaje en el colectivo y en el hotel en el que nos alojamos, como en los partidos mismos, la relación y el trato humano de la gran familia que es Inka”, relató Fabio.

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“Para todos nosotros, Inka significa inclusión y contar con un espacio de encuentro con nuestros amigos y también con nuestras familias. Somos una familia en la que sin importar que incapacidad tengas todos tiramos para adelante porque estamos en la misma. No importa si tenés discapacidades severas o leves, todos somos iguales. Entre nosotros nos cuidamos dentro y fuera de la cancha”, contó, orgullosa.

Al respecto, sostuvo que participar dentro del grupo “significa alegría y amor porque cuando vamos a un entrenamiento vamos alegres y cuando no podemos ir por diferentes motivos, estamos ansiosos de poder continuar porque es un lugar en el que nos sentimos muy bien”.

“Inka significa que no estamos solos, porque está conformado por un montón de personas que siempre nos van a ayudar. Significa compañerismo y superación. Nosotros nos proponemos lograr todo cuanto podamos y si existen límites hemos aprendido a superarlos a través de la forma en que hemos crecido. Cada vez que ponemos nuestro granito de arena estamos superando los límites. Otro de nuestros desafíos es superar el temor de ser discriminados por la sociedad, entendiendo que nada nos puede detener, superando cada día las barreras que se presentan. Tenemos un lema que es “Yo empujo” y sabemos que el límite no nos lo pueden poner los demás”, contó.

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Facilitadores

La tarea de los profesores de educación física se complementa con el rol de los facilitadores, ellos son quienes ayudan a facilitar la toma de decisiones dentro de la cancha. Se facilitan las jugadas y el jugador con discapacidad dispone si decide hacer un pase o ir al tackle o si decide romper línea.

Lorena Tamborindegui contó su experiencia: “Estoy en el equipo desde sus comienzos; Inka nace del encuentro entre varias personas que fuimos convocados por Ignacio Amuchástegui, que tenía la iniciativa de abrir las puertas del Neuquén Rugby Club, para generar un espacio distinto y así fue cómo surgió este proyecto”.

“El objetivo fue desde el principio formar un equipo de rugby con jóvenes con discapacidad intelectual o disfuncional que pudieran conocer y disfrutar la vida social de un club. Soy manager o referente y ocupo un lugar de nexo entre las familias, los profes y los facilitadores deportivos, inculcando el concepto de equipo, que cada uno aprenda a confiar en sí mismo y en los compañeros de su equipo desarrollando integralmente sus habilidades”, comentó Lorena, quien explicó: “Inka XV es un modo diferente de ver la vida, un lugar en el que participamos personas que estamos convencidas de que es posible un mundo distinto en el que personas con y sin discapacidad puedan aprender, disfrutar y formarse como jugadores y como personas”.

A su vez, Tamborindegui expresó: “Como en cualquier equipo de rugby los valores que se fomentan como la disciplina, el compromiso, la responsabilidad están en función de anhelos que puedan continuarse, en que sus integrantes tengan oportunidades laborales y que pueden llevar adelante algún tipo de trabajo de manera digna. Que esto además les permita seguir desarrollándose plenamente en la sociedad y seguiremos apostando a que en algún momento sea posible”.

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El rol del médico

Un equipo de profesionales refuerza día a día el propósito de sostener en el tiempo los objetivos primordiales. El médico Ignacio Amuchástegui comparte su testimonio como otros de los fundadores del proyecto:

“Soy médico traumatólogo y formo parte de los que comenzamos con el proyecto de Inka XV en junio del 2017 y el 19 de agosto con el primer entrenamiento. Cumplo las funciones de profe, entrenador y médico en la cancha y además tratamos de jugar un rato con los pibes. Es un día a día que consiste en que los chicos jueguen más y lo disfruten plenamente”, contó el doctor.

Y añadió: “El rugby como deporte está catalogado como difícil y complejo desde lo reglamentario, peligroso desde el contacto y todo lo demás, termina siendo la barrera más fácil de superar. Los chicos terminan encontrando en un partido o en un entrenamiento un espacio para sentirse plenos, con ganas de disfrutar y además de tener un lugar en el que pueden conocer amigos y pensar que las cosas a veces pueden ser diferentes”.

Amuchástegui va más allá en su reflexión. “Muchas personas dudaban que esto pudiera ser posible y hoy es una realidad, desde el momento en el que pudimos ir transformando lo cotidiano, a partir de abrir lugares de participación dentro de un club a gente que no la tenía. Es muy significativo el aporte que tienen las familias y lo más difícil es sostenerlo a lo largo del tiempo, a la vez que se va agregando más gente que quiere colaborar, más chicos que quieran participar y más de esas familias que confíen en que es una verdadera posibilidad de inclusión”, expuso.

En este contexto, explicó que “a muchas de las familias que en la actualidad participan del Inka XV, la pandemia las afectó duramente. La atención y los requerimientos necesarios para las personas con discapacidad se vieron limitados severamente más que nada en el aspecto de la socialización y las actividades restringidas”.

La familia

Alicia y Marcelo nos comentan la experiencia que vivieron junto a su hijo Matías cuando pudieron tomar contacto con la propuesta.

“Matías, que hoy participa de Inka XV, durante la pandemia, vio reducidas a cero sus nexos sociales que consistían, entre otras cosas, en una actividad laboral reducida, la asistencia a una escuela de cocina y además la práctica de tenis y golf y eso fue muy duro para él y para todos nosotros como familia por no poder encontrar el modo de acompañarlo y ayudarlo. Hasta que en una reunión de lo más casual, apareció esta opción del Neuquén Rugby Club”, contaron.

“Ni bien fuimos a la charla inicial, ya lo pusieron a entrenar, yo estaba hablando con el profesor que lo recibía y lo veo pasar a Mati corriendo con una pelota en la mano. Así que le gustó, le entusiasmo y desde el año pasado empezó con esto. Esto está siendo para nosotros una experiencia muy buena y además es una actividad que podemos compartir con él y la disfrutamos juntos”, dijeron, emocionados.

Enfatizaron que “como concepto de integración es maravilloso, porque el trabajo que hacen los profesores con tanto afecto y tanta dedicación, pero al mismo tiempo, poniéndoles límites y tratándolos de igual a igual, los forman como verdaderos jugadores de rugby con todas la exigencias, motivaciones y presiones que eso significa, los miman, los abrazan y es algo difícil de explicar porque se integra todo eso junto”.

“Nuestra experiencia como padres es que es muy fácil trabajar como equipo cuando ves que tu hijo está contenido. Es algo que además está creciendo en todo el país y esta experiencia que estamos viviendo es además espectacular, es un equipo de facilitadores, profes, médicos que, sin importarles el calor, ni el frío siempre están porque saben lo importante que es para los chicos”, contaron.

Y concluyeron: “Vienen del Mundial que se disputó en Irlanda y en el que participaron chicos y facilitadores en el que vivieron una experiencia extraordinaria más allá de los resultados que por otra parte además fueron buenos, y ahora se viene el Nacional, que tendrá lugar en octubre y algún viaje previo a Rosario. Es importante seguir trabajando en la apertura de estos espacios también en otros espacios de integración porque es muy grande la cantidad de chicos que aún deben encontrarse con espacios como estos”.

Para mayor información los interesados se pueden contactar con el INKA XV a través de la página del Club: http://www.neuquenrc.com.ar/

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