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La historia de Sebastián D'Amico, un cáncer y el amor

En agosto Sebastián D'Amico se someterá a una nueva operación con la esperanza de superar el cáncer y volver a "ser un pibe con una vida normal".

De pronto todo lo que creíamos que era la vida no lo es. Pasa que a veces un golpe de suerte o de mala suerte más bien, pone el mundo patas arriba, volviendo la vida una tragedia. Y sin saber por qué de la tragedia a veces, de vez en cuando, nace el amor. Esto le pasó a Sebastián D’Amico. A sus 18 años sentía que era invencible y que todo estaba nuevo y por estrenar. Bailes, partidos de fútbol con los amigos, hincha de River y el sueño de la facultad de periodismo estaban ahí, para vivirlo con el ímpetu de una juventud que recién empezaba.

Lo que inició como una molestia por un pequeño bulto entre la mejilla y la pared bucal derecha le cambió la vida en 2014. Sin previo aviso lo que Sebas “pensaba que era un granito de grasa o algo así” terminó por ser un cáncer que afecta al 0,5 % de la población: un sarcoma embrionario en el maxilar derecho.

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Sin obra social Sebastián D’Amico trató de atender la “bolita de grasa” que fue creciendo con vértigo y dolorosamente. En su perfil en Instagram, cuenta que en enero de 2015, después de una biopsia, llegó el resultado: “cáncer maligno”.

Sebastián D'Amico cáncer operación.jpg

Rayos, quimioterapia, medicamentos e incluso morfina para aliviar el dolor fueron los primeros pasos para transitar el diagnóstico de una enfermedad que no tiene porqués. El cáncer llegó así, sin más, sin permiso ni excusas.

"Le ponía toda la energía, me rapaba para darme fuerzas cada vez que empezaba una nueva etapa y me repetía ‘esto es un resfrío, no me va a voltear’. Igual estaba molido, no daba más, a veces el dolor aflojaba un poco y el bulto remitía, pero después volvía a crecer todavía más grande”, narra Sebastián D’Amico sobre el cáncer que padece. "Le ponía toda la energía, me rapaba para darme fuerzas cada vez que empezaba una nueva etapa y me repetía ‘esto es un resfrío, no me va a voltear’. Igual estaba molido, no daba más, a veces el dolor aflojaba un poco y el bulto remitía, pero después volvía a crecer todavía más grande”, narra Sebastián D’Amico sobre la enfermedad que padece.

Aunque subraya que siempre le puso buena onda, de vez en cuando también se dejaba caer en la desesperanza. Hasta que empezó a “salir con mis amigos, me iba a jugar al fútbol, sí, me cuidaba eh, pero terminaba los partiditos agotado y feliz. Sebastián D'Amico entendía que la felicidad estaba ahí, en estar con los pibes, en ir a ver a mi River amado”.

Las redes sociales jugaron a su favor. Se animó a contar su historia, a mostrar su rostro, a pedir ayuda. Así conoció a Marcelo Gallardo, a Armani y Juanfer Quintero. Justo después de ese encuentro Sebastián D'Amico se dio cuenta que la vida es “maravillosa”, aunque tenía la certeza de que el panorama delante de él no era el mejor se dijo: “muero por seguir viviendo”.

Durante 2017 se sometió a una operación y en 2018 a otra más también en el Pirovano. En “ambos casos tuvo una nueva reincidencia y el tumor reapareció. Me volví a hacer una resonancia y el bulto, ahora, estaba debajo del oído, lo que la situación se complicaba más. A todo esto yo no tenía obra social por cual los tiempos se extendían meses, lo que me jugaba en contra”.

Sebastián D'Amico y Natalia Belmonte cáncer operación.jpg

En 2019 estaba todo a punto para una nueva operación. Pero cuando llegó al Pirovano le cerraron la puerta en cara, la operación se suspendió. Un médico argentino que se encontraba en Italia, Eduardo Sosa, vio uno de los videos de Sebastián D'Amico en Instagram y decidió ayudarlo, junto a un equipo de especialistas del Hospital Santojanni.

La cuarentena resultó ser para Sebastián una racha de buena suerte. Conoció al médico que le hará la próxima operación, la obra social IOMA que ahora posee por su trabajo autorizó la orden para encargarse de la prótesis y por si fuera poco apareció Natalia.

Sebastián D'Amico cáncer operación 1.jpg

Sebastián D’Amico, tiene ahora 24 años y esperanza en el porvenir. Natalia Belmonte tiene 26 y se enamoró de él. “Me propuse conocerlo, ayudarlo en lo que pudiera, y cuando lo vi por primera vez creo que no nos separamos más. Le dije que se quedara en mi casa y hoy hace dos meses que convivimos”, cuenta la joven que tuvo su primer contacto con Sebas por Instagram.

“Fantaseo con el día después: volver a ser un pibe con una vida normal”, para transitar por ese sueño Sebastián se someterá a una nueva intervención quirúrgica entre el 20 y 25 del mes que viene.

“¿Si alguna vez pensé en algo trágico? No, negrito, para nada. Podría haber pasado, pero yo nací para pelearla y si caigo, caeré de pie”, afirma Sebastián D’Amico.

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