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La neuquina que dejó la medicina para ser mamá y contar cuentos infantiles en fotos

Giselle Arévalo se recibió de médica intensivista y, a los dos años, giró el timón para dedicarse a la maternidad y la fotografía infantil. En sus fotos, crea bosques de cuentos de hadas.

Cuando nació León, su primer hijo, Giselle Arévalo empezó a pensar distinto. La maternidad se había convertido en el verdadero eje de su vida, y nada le importaba más que compartir tiempo con su bebé y ser testigo de su crecimiento. Pero su trabajo como médica de terapia intensiva se interponía en sus planes. Por eso, después de varios meses de insomnio, se decidió a renunciar a su exigente carrera para iniciar otros planes. Ahora, comparte su talento artístico con los neuquinos a través de cuentos de hadas contados con fotos.

Giselle nació y se crió en Neuquén. Se recibió de médica en la Universidad Nacional del Comahue (UNCo) y realizó su residencia en terapia intensiva en el Hospital Castro Rendón. Con esfuerzo y un posgrado mediante, logró calificar para ser médica de planta de ese centro de salud. Y comenzó una exigente rutina que implicaba horas eternas de guardias y una dosis extra de concentración para tratar a los pacientes más críticos.

Amaba tanto su trabajo que no le importó invertir más de doce años de estudio y dormir muchas noches lejos de casa. Hasta que llegó León. “A mí la maternidad me pegó muy fuerte”, afirma Giselle, que es mamá de León, de casi 4 años, y Andina, de apenas 4 meses. De pronto, el eje de su vida se corrió hacia otro lugar, y entendió que era imposible sostener un trabajo que la alejaba tanto tiempo de los suyos.

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Aunque la decisión no fue fácil, finalmente se decidió: después de dos años y medio como médica de planta, renunció a su puesto en el Castro Rendón y se dedicó por completo a la maternidad. Y el cuidado de su bebé incluía, también, un registro detallado de su crecimiento a través de las fotos.

“Mi pasión por la fotografía empezó por León, porque quería sacarles fotos a él”, explica. Empezó a hacer retratos más caseros con una cámara de calidad intermedia. Pero pronto, y fiel a su estilo perfeccionista, Giselle empezó a capacitarse de forma autodidacta para lograr las mejores tomas.

De a poco, la fotografía ocupaba un lugar cada vez más importante en su rutina. Y la mujer de 36 años quiso llegar más lejos: renovó sus equipos y viajó a Buenos Aires, con su esposo y su hijo, para capacitarse con referentes de la fotografía infantil que llegaban desde Canadá y Reino Unido. Ahora, su perfil en Instagram muestra los resultados: cuidadas escenas de bosque con colores equilibrados, detalles prolijos y una pulida edición digital.

La flamante fotógrafa tenía en claro lo que quería. Su amor por las películas y las series vintage, su opción por los vestuarios de antes, y su inclinación por el encanto del bosque le dieron pie a un mundo de cuentos de hadas que creó para sus retratos. Así nació “De moños y tiradores”, su emprendimiento de fotografía infantil.

Lo que más llama la atención entre sus fotos son los vestuarios: ropa tejida al crochet en tonos tierra, que manda a confeccionar de modo artesanal especialmente para las sesiones. A eso suma accesorios -o props- que se convierten en los detalles clave de cada imagen. Y también el escenario: aunque las sesiones se hacen en Neuquén Capital, los pequeños modelos son retratados en el predio arbolado de una casa de té, y Giselle convierte ese espacio en un bosque mediante el retoque digital.

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“Estoy organizada para hacer sesiones una sola semana al mes; el resto del tiempo se lo dedico a mis hijos porque, justamente, elegí este rubro para tener más tiempo para ellos”, explica la emprendedora. Siempre elige la hora dorada, justo cuando se pone el sol, para tomar imágenes perfectas. “Las sesiones duran una hora, si conservamos tanto tiempo la atención del nene”, se ríe. Gran parte de la producción de fotos consiste en jugar, conocerse, y aprender a trabajar juntos: ella detrás del lente y los chicos, adelante.

Giselle vende packs de 8 o de 12 fotografías, en combos que incluyen cuadros tipo canvas y fotos impresas. “Hay gente que no está acostumbrada a este tipo de trabajo y le parece que son pocas imágenes, o que tardan demasiado en llegar, pero son fotos con mucho retoque posterior”, explica y aclara que, a veces, la edición de una sola foto le lleva una jornada laboral entera.

Después de congelar un momento de juego, la picardía de un gesto, la ternura de los vestuarios de crochet, la emprendedora se dedica a hacer magia a través de la edición digital. Y así crea cuentos contados con fotos, mundos de fantasía en donde los niños son los únicos protagonistas. En algunas excepciones, incluye también a los papás, a primos o hermanitos, para retratar pequeños grupos.

“A partir de la pandemia, y para evitar riesgos, dejé de hacer fotos de estudio y, por lo tanto, fotos de recién nacidos”, señala. Por el coronavirus, sólo hace fotos en exteriores a niños de entre 6 meses y 10 años. “La mejor edad es entre los 6 y los 10 meses, pero hay papás que piden fotos para celebrar cada cumpleaños y registrar el crecimiento de su hijo”, detalla. Aclara que después, cuando ya pasan los 10, los propios niños se desinteresan por esas fotos y ella prefiere no forzarlos a posar.

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Su estética tan marcada le valió reconocimientos en el exterior. Y la propia Giselle estuvo en la portada de una revista especializada en Londres. Sin embargo, aún no se considera una fotógrafa profesional, por lo que desiste de fotografiar eventos u hacer otro tipo de tomas. Ahora, prefiere repartirse entre la fotografía infantil y el trabajo que más le importa: ser la mamá de Andina y de León.

Ellos, sus hijos, fueron sus primeros modelos. “Siempre pruebo todo con ellos, los nuevos vestuarios, las locaciones, y hasta la luz”, señala. Fueron ellos los que primero protagonizaron su perfil en Instagram, donde ya suma más de 3500 seguidores. Y por la ternura de sus fotos, son muchos los neuquinos que eligen hacerse una sesión en el bosque.

Giselle está segura de que no volvería a ser médica. Afirma que no le da miedo el coronavirus, pero recuerda las largas horas de guardia, lejos de su familia, y se afianza más su idea de haber tomado el camino correcto: un trabajo en el mundo de los niños, generando recuerdos importantes para las familias de Neuquén y con la maternidad como su máxima prioridad.

Para conocer sus trabajos seguíla en Instagram: gise_photo

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