La odisea que vivieron dos cipoleños repatriados de México
Por Guadalupe Maqueda - [email protected]
Fue casi un milagro que Carlos Baruf (67) y su esposa Silvia Santarelli (62) pudieran regresar. Viajaron en un avión de la Fuerza Aérea Mexicana, que los trasladó el 30 de abril, junto a un contingente de 150 argentinos repatriados. El Consulado no sabía dónde y cómo debían realizar la cuarentena, pero organizó bien la partida, y el trato del personal militar fue excelente.
Hasta ahí, la operación de traslado salió impecable. No les tomaron la temperatura antes de abordar, pero una médica a bordo los iba interrogando durante el vuelo para minimizar el riesgo. Cuando faltaba poco por aterrizar, les tomaron la temperatura; y la logística fue muy buena. Sin embargo, al llegar a Ezeiza, comenzó una película que asusta, y es necesario parar ya.
"Al llegar a Migraciones, comienza el problema. Claramente, está demostrado que no hay método acorde al riesgo epidemiológico. Todos los que venimos del exterior somos potencialmente enfermos y podemos contagiar, pero no contamos ni con un instructivo sobre cómo proceder. Cuento mi experiencia, en la necesidad que tengo como ciudadano y médico de construir nuevas realidades para que se hagan las cosas como corresponde. Porque no es cuestión de repatriarnos y llegar al país, eso está muy bien, pero tiene que haber un orden y un método de protección sobre todos los que vuelven, y que no hagan daño a otras personas", expresó Baruf, mientras cumple la cuarentena en su casa.
El trámite en Migraciones para los repatriados fue muy simple. Solo les informaron que debían cumplir con la cuarentena de 14 días, y les tomaron la temperatura con cámaras especiales. No recibieron, entonces, ningún tipo de instructivo, sobre cómo seguir. Si debían cumplir el aislamiento en Buenos Aires, o volver a sus hogares. De casualidad, los cipoleños repatriados escucharon a la pasada que había colectivos oficiales por salir con destino a distintas provincias.
Baruf y su mujer abordaron un colectivo que iba a Bariloche y pasaba por Neuquén. Otros pasajeros repatriados que volvieron de México, como ellos, se subieron; como así también de otro vuelo procedente de Frankfurt que reunió a otros compatriotas que habían estado en distintos lugares de Europa, potencialmente enfermos y con un alto riesgo de contagio. La unidad los reunió a todos, y no llegó a completar todas las butacas, pero tenía una ocupación estimada del 80 por ciento.
Se les informó cuáles iban a ser las paradas fijas, y que debían contar con alimentos, porque sólo había provisión limitada de agua. "El jabón se terminó en mitad del viaje. El baño nunca fue higienizado. El viaje solo hasta Cipolletti duró 27 horas. Hubo múltiples detenciones policiales. En La Pampa estuvimos detenidos casi dos horas", recordó.
Tampoco hubo una indicación expresa ni un control de que todos llevaran barbijo, durante el viaje, pese al riesgo de contagio. Así, hasta llegar al lugar donde cumpliesen la cuarentena.
La autoridad sanitaria de esta ciudad pudo coordinar que los cipoleños repatriados desembarquen acá, donde ya los esperaba una ambulancia que los trasladó hasta su domicilio, con la expresa indicación de no tomar contacto con nadie para minimizar el riesgo. También ayudó a una pareja, con una beba de diez meses, a que pueda descender en Roca (donde no había parada). De lo contrario, hubiesen tenido que bajar en Neuquén, en horario de madrugada, y sin poder cruzar los puentes carreteros.
"Nos sentimos bien, y esperemos terminar bien estos 14 días de cuarentena. Pero el que no vino enfermo en ese cole, se pudo haber enfermado ahí, porque somos una población de riesgo que, además, permaneció 27 horas hacinados. Eso es lo que hay que parar urgente. Porque el problema no es que llegue la gente, sino qué se hace con esa gente", enfatizó.
Sugerencias para minimizar el riesgo
Preocupado por que la situación vuelva a repetirse con otros compatriotas repatriados, propuso una serie de medidas a implementar, acordes el riesgo epidemiológico. "Por un lado, queremos agradecer el esfuerzo y dedicación de las autoridades, personal civil y militar, argentinos y mexicanos, por otro, trasmitir nuestra experiencia con la aspiración de optimizar el retorno de compatriotas varados por el mundo", reza la carta que difundieron por las redes.
Sugirieron así que, antes de abordar el avión, registren la temperatura a todos los pasajeros repatriados; y entreguen un instructivo de ingreso al país y vías para regresar a las diferentes ciudades, que determine las condiciones de los viajes, cómo tiene que ser la recepción en las localidades de origen, cómo y con quién realizar la cuarentena y qué medidas de higiene personal tomar respecto a la ropa y el equipaje de viaje, cuando se llega al hogar.
En caso de abordar los colectivos oficiales, en el aeropuerto de Ezeiza, se les ocurrió que las autoridades podrían establecer una unidad logística que coordine las acciones entre las fuerzas sanitarias y policiales, nacionales y locales. Fijar las paradas de acuerdo a los lugares de residencia de los pasajeros y se coordinen las acciones de traslado para evitar riesgos.
Informar también a las camineras sobre el itinerario para evitar demoras innecesarias, establecer una única metodología de recepción y traslado a los lugares de cuarentena; contar en cada parada con personal de limpieza, debidamente protegido, para toda la unidad, sobre todo el baño.
Reponer jabón y papel, proveer agua y alimentos, lo que dure el viaje; y establecer que el uso del barbijo sea obligatorio durante todo el trayecto y hasta ingresar al domicilio donde se cumple con la cuarentena.
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