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La odisea de volar en pandemia: una neuquina tardó 35 horas desde España

Sufrió enormes demoras en los aeropuertos y un viaje que se hizo interminable por los protocolos y las medidas de seguridad.

La actividad aérea se abrió a cuenta gotas en Argentina y en el mundo, con fuertes restricciones, protocolos y, muchas veces, falta de información respecto a los requisitos necesarios para volar en tiempos de pandemia. De eso puede dar cuenta una neuquina, que vivió una odisea para regresar desde España a Neuquén, en un viaje de 35 horas, producto de las demoras por los controles en los aeropuertos y rutas.

Se trata de Soledad Britapaja, periodista de la región que hace cuatro años se fue a vivir a Marbella y que, para volver a tomar contacto con los afectos familiares, decidió regresar al país. Lo hizo con su pareja y su perro, con lo cual, el operativo para poder trasladar la mascota hizo aún más engorroso todo.

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Soledad partió el 1 de noviembre de esa bella localidad de la región de Andalucía, ubicada en la Costa del Sol, en el sur de España, rumbo al aeropuerto de Barajas, en Madrid.

Lo hizo vía terrestre, para recorrer 500 kilómetros con una auto alquilado, en un trayecto que duró más de lo previsto. “Por el el interior de España se hace muy difícil transitar porque cada comunidad autónoma tiene sus restricciones”, indicó Soledad.

Pero las complicaciones más grandes se dieron al llegar al aeropuerto. Ahí se debe presentar una declaración jurada de que no se tienen síntomas compatibles con COVID-19 y que no hubo contacto con un infectado. Lo normal para hacer el check-in en mostrador ante un vuelo internacional son tres horas pero ahora se exigen cinco, a las que hay que sumar otras dos, que es el tiempo de demora fuera del aeropuerto, dado que se verifica pasajero por pasajero, con ticket en mano, antes de autorizar el ingreso.

“Es todo muy restringido, el pasaje lo había comprado con mucha anticipación, tenía esta fecha de vuelta, por suerte, porque recién a mediados de octubre se comenzaron a habilitar los aéreos. Y lo otro importante fue la combinación en el mismo día de arribo a Ezeiza con el vuelo de cabotaje a Neuquén, porque de no haber coincidencia se debe hacer cuarentena en Buenos Aires”, explicó.

No obstante, el viaje se hizo interminable. Desde la salida de Marbella hasta el embarque de su vuelo rumbo a la Argentina transcurrieron 15 horas, otras 13 insumió el vuelo Barajas-Ezeiza, después estuvo cinco horas más en ese aeropuerto hasta que subió al vuelo que la trajo a Neuquén.

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-> En el avión

El protocolo dentro del avión es muy estricto. Se toma la temperatura en el ingreso (que se hace de a una fila por vez, al igual que en el egreso), hay alcohol en gel a disposición en todos los sectores de la cabina y en todo momento los pasajeros deben permanecer con el tapaboca puesto. No existe servicio de abordo en las 13 horas de viaje. Cada pasajero dispone de un paquete de galletitas y un sándwich y para beber se tiene que dirigir a un sector del avión, donde se puede servir agua o jugo.

“Es todo muy estresante y tener tantas horas puesto el barbijo, aunque te lo cambies, y de hecho yo llevé varios de repuesto, me generó una alergia en la cara. Ni que hablar de los trámites de check-in y migraciones. En un momento me di cuenta que había estado todo el tiempo parada haciendo colas y trámites. Recién en Neuquén me senté a tomar una botella de agua”, señaló Soledad.

Sin embargo, aseguró esas medidas tan restrictivas no se llevaron adelante en los aeropuertos de Madrid y Buenos Aires, en el sentido de hacer cumplir, por ejemplo, el distanciamiento, a diferencia, dijo, de Neuquén, donde sí las hicieron respetar.

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