Joaquín Hidalgo
Especial
Burdeos, Borgoña, Rioja y Barolo, son el norte de cualquier enólogo. En esas regiones del mundo se inventaron, a lo largo de la historia, los vinos que dominan la escena mundial del prestigio y, según los casos, también los precios.
Difícilmente, si a uno le gusta el vino, no haya oído hablar de ellas. Mientras que Burdeos y Borgoña son los contendientes históricos dentro de Francia –representa la disputa entre Cabernet Sauvignon y Pinot Noir, como dos estilos de vida y de empresas–, otras regiones del país galo ocupan un lugar en las sombras. Lo mismo se puede decir de España e Italia, aunque este país es más complejo y localista y las rivalidades y las regiones juegan de otra manera.
El asunto es otro, sin embargo. Luego de una hegemonía en el comercio mundial a lo largo del siglo XX con supremacía de las regiones más conocidas, que marcaron el canon de qué es rico y prestigioso y caro, hoy los enólogos del mundo y de nuestro país buscan en otras fuentes la inspiración para inventar vinos de leyenda. Y ahí es dónde el mapa de Europa gana especial profundidad.
Algunas regiones de Francia, por ejemplo, hasta ayer olvidadas ganan predicamento. El Ródano y el Jura y sus vinos sin ejemplos perfectos. En España con los tintos de Gredos, Galicia o el marco de Jerez. Un repaso sencillo de cada una dará una idea de dónde y cómo están siendo fuente de inspiración.
El Ródano
Es una región de vinos extensa y cambiante, encadenada en torno al río Ródano. Mientras que el Ródano Norte se enfoca en producción de Syrah y Viognier, como las apelaciones Cote Rotie, Condrieu o Saint Josesph, el Ródano Sur, ya sobre la desembocadura en el Mediterráneo propone otros recursos varietales: Mourvedre, Cinsault, Carignan y Garnacha forman el ABC de los tintos locales, con algunas apelaciones que destacan, como Chatauneuf-du-Pape Vacqueyras y Bandol.
Nombres aparte, el costado inspirador de esta región está en la combinación de calor y suelos aluviales, con variedades perfectamente adaptadas a ello. Por eso, en nuestro país, a cuenta gotas pero cada vez más, se empiezan a ver vinos elaborados con esas uvas y teniendo como inspiración los curiosos vinos del Ródano. Productores locales en esta senda, por ejemplo, están Alma Gemela, Ver Sacrum, Estancia Los Cardones y Corazón de Sol, entre otros.
El Jura y el velo
Ubicada entre Borgoña y Suiza, por así decirlo, el Jura es una región de vinos que no ofrece prestigio pero sí singularidad. En particular un vino llamado Vin Jaune, elaborado con la blanca Savagnin en un estilo parecido al de Jerez. Con uvas muy maduras, casi un late harvest, luego se rellenan las barricas y se las deja ir mermando por evaporación. Con un proceso oxidativo, al cabo emerge el velo –una colonia de levaduras, distintas a las del marco de Jerez– y al cabo de seis años, se lo embotella. Es un vino exótico que inspira a los productores locales en la búsqueda de blancos raros y de velo, camino que cada vez más enólogos emprenden. Desde Alejandro Vigil a Juan Pablo Michelini y Sebastián Zuccardi, por mencionar tres.
La otra España
Todavía en 1999 la Sierra de Gredos, que pertenece a las provincias de Ávila, Madrid y Toledo, era una completa desconocida que producía Garnachas a granel de buena calidad y bajo precio y buena. Ese año, empujada por un grupo de productores entre los que destaca Telmo Rodríguez como pionero,s e pusieron a trabajar sin denominación (aunque puede pertenecer a Vinos de Madrid y Vinos de la Tierra de Castilla y León) y embotellar expresiones muy puras de esa garnachas plantadas en suelos graníticos y de pizarra, entre 600 y 1100 metros de altura. El éxito fue impresionante; los tintos parecían salidos de otro planeta.
Algo parecido sucedió con los tintos y blancos de Galicia. Al cabo de dos décadas, Gredos y Galicia inspiran una generación de productores que buscan hacer vinos diferentes. En nuestro país, los enólogos Matías Michelini y los hermanos Pablo y Héctor Durigutti van esta línea, que gana rápidamente predicamento.
Vinos de altura y de montaña
Para elaborar mejores vinos hay que probar. Y lo que sucede hoy es que nuestro país es un modelo del que los enólogos del mundo buscan aprender un punto crucial: vinos de altura y montaña, que aquí tienen una tradición y fundamentos sólidos. Por eso no es raro ver en las bodegas locales a enólogos de otros países estudiando el modelo argentino de tintos de altura.
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