Muchos albañiles, feriantes, empleadas domésticas y productores artesanales se encuentran hoy con las manos atadas, sin trabajar no cuentan con ingresos, y su salida fue sumarse a los cientos de personas que ya recurrian a los comedores y merenderos de Neuquén.
Estos espacios de ayuda solidaria sintieron también un fuerte sacudón porque pasaron a recibir el doble de personas con necesidad de un plato de comida.
Mercedes Colque tiene 42 años. Vive en el sector Espartaco del barrio Islas Malvinas junto a su marido y sus seis hijos.
Antes de declarada la pandemia por el coronavirus ella trabajaba como empleada doméstica en varias casas y su esposo de albañil. Por eso, desde entonces no saben cómo rebuscárselas.
"Hoy estamos mal, él no está trabajando, yo tampoco, tenemos una bebé de un año y medio y se nos complica con la leche, los pañales, no se consigue, esta todo caro", describió la mujer a LMN.
Mercedes es la encargada de ir a buscar la comida para su familia al merendero Rincón de Luz que organiza Barrios de Pie. Su marido está un tanto tímido para ir.
"Vamos al mediodía y a la tarde y con eso tiramos. Ya no hay cena", contó la mujer que también debe conseguir carga para su celular ya que sus hijos están en edad escolar y reciben tareas por internet.
Hugo Garbin vive con su mamá y sus hermanas en la Toma Pacífica del Oeste capitalino. Tiene 21 años y hasta el momento trabajó como ayudante de albañil, pero desde que se desató la pandemia ya no lo llamaron para trabajar.
"Antes nos arreglábamos con lo que yo trabajaba y también mi mamá. Ahora no podemos", contó el joven, luego de retirar su tupper con guiso de lentejas para toda su familia del merendero Corazón de Niño donde además ayuda en la organización a la hora de repartir las viandas ya que cada vez concurren más vecinos.
Para cuando todo esto pase Hugo planea volver a u actividad, sabe que le quedó pendiente la limpieza de muchos patios que le habían encargado varios vecinos.
Marcela Alvarado de la organización Barrios de Pie contó que la mayoría de los merenderos que tenían se convirtieron además en comedores y que en todos reciben el doble de personas.
"Es triste cuando vienen los chicos fuera de horario y no se les puede dar nada porque ya no queda. Por más que cocinen comidas fuertes de invierno como guisos, no alcanza", contó Alvarado.
Las fronteras de los barrios también se desdibujaron y muchos vecinos recorren más de un comedor para conseguir el almuerzo o lo la merienda para su familia. "Hoy se vino un adulto mayor en bicicleta desde Unión de Mayo", describió.
Otra de las cuestiones que contó Alvarado que pasan en esta nueva época es que se acercan a buscar su ración de comida mcuhos más hombres. "Los varones, jefes de familia vienen a buscar comida porque no pueden trabajar y no tienen con qué darles de comer. Ellos vienen con mucha vergueza, les cuesta mucho y cuando llegan comentan su situación de quedarse sin trabajo", contó.
La situación se repite para muchas personas. Graciela Leuno, tiene 43 años, vive con su esposo, 4 hijos y una de sus hijas está con su pareja y un bebé de 11 meses. Son 8 personas viviendo en esa casa de la Toma Norte.
"Con esto de la pandemia no nos quedó otra que recurrir al merendero. Yo antes hacía tortas fritas y pan y los vendía en la feria, pero ahora em quedé sin nada", explicó.
Como s marido lo mandaron a la casa sin sueldo de la empresa constructora donde trabajaba, se turnan para ir a buscar el almuerzo y la merienda.
"El problema lo tenemos el domingo porque el comedor no abre. Me estoy arreglando pidiando fiado en los mercados pero no creo que me sigan dando sino pago", contó resignada.
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