La Policía y sus escándalos

Los escándalos policiales generan más dudas que certezas dentro del Gobierno. Si bien hay claros gestos de apoyo a la jefatura, los vicios internos de la fuerza no dejan de causarle dolores de cabeza al Ejecutivo.

En los últimos dos meses hubo cuatro escándalos. La desatinada búsqueda del doble femicida de Las Ovejas, el policía que estuvo a los tiros en Chos Malal y hasta quemó un móvil, la golpiza a Facundo Agüero y, el último, el policía condenado por apremios que sentaron junto al gobernador.

Los distintos episodios dejaron expuesta a la jefatura, que sigue un mismo patrón, se llaman al silencio y no dan la cara para aclarar los hechos. Ahora mandan comunicados que no dicen nada y que no dan espacio a las preguntas. Lo que deja a la vista los serios problemas comunicacionales que tiene la actual jefatura.

Otro patrón que se repite, en el caso de Facundo y del policía Matus, es el accionar corporativo de esconder los hechos hasta que estallan públicamente.

El caso de Matus es un claro ejemplo de la arbitrariedad y el amiguismo que reina en la institución policial. Matus fue condenado por apremios ilegales cuando Raúl Liria era jefe de la fuerza y Rubén Tissier, actual jefe, era superintendente de Investigaciones, por lo que Tissier sabía quién estaba sentado al lado del gobernador en esa polémica foto.

Cuando el Gobierno quiso reaccionar, se encontró atado de manos, ya que Matus fue sancionado con 18 días de suspensión por un tribunal disciplinario tras la condena judicial por apremios.

La situación se convirtió en un bochorno porque ahora a Matus no lo pueden exonerar y tampoco sancionar, y encima seguirá revistiendo como efectivo policial.

La foto polémica de Matus con el gobernador selló el cuarto escándalo en los últimos dos meses.

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