Al ciclo de Gustavo Alfaro por ahora lo acompañan los resultados y no tanto el rendimiento. Tiene un alto porcentaje de efectividad el ex entrenador de Huracán en el Xeneize, pero el juego no termina de convencer.
Sin una idea definida, hoy su Boca estará ante el primer gran desafío. Una verdadera prueba de fuego. Una final, la de la Supercopa Argentina, ante Central en la que está obligado a imponerse. Por historia, presente y presupuesto. Porque guardó jugadores y porque a cuatro meses de la más dolorosa derrota en la final de la Libertadores contra River no está preparado para sufrir una nueva humillación deportiva.
Si bien el equipo tiene por delante el gran objetivo de la Libertadores, una eventual caída podría ocasionar daños colaterales, romper con la armonía que hoy reina en el plantel y en el mundo xeneize.
El DT ha logrado resultados pero el juego no convence. Una derrota puede traer daños colaterales.
Está claro, no obstante, que es fútbol. Central se jugará la vida y nada garantiza que Boca vaya a quedarse con la victoria. El Canalla, de muy floja actualidad, tiene a favor que llega mucho más descansado a este compromiso en Mendoza debido a su rápida eliminación de la Copa Libertadores y de la Copa de la Superliga, y su entrenador Diego Cocca avisó que se tienen fe.
La presión, no cabe duda, es de Boca y Alfaro. Un partido ideal para mostrar carácter y encontrar un espaldarazo anímico que lo apuntale para abrochar el pase a octavos de la Libertadores e ir en busca de la séptima Copa este año. Para ello, el Xeneize deberá exhibir otro funcionamiento, ya que por ahora cuesta descifrar cuál es el estilo que su DT le impregna o pretende. Una noche con mucho en juego que puede marcar un antes y un después.


