La prueba de fuego del subsidio desinflado

POR FERNANDO CASTRO - Editor +e

Es casi un hecho por estas horas. Ese motor adicional para la producción del shale gas de Vaca Muerta tendrá otra forma. Todo indica que habrá una versión nueva del subsidio de la resolución 46, con recortes sustanciales a un estímulo que puso a la producción de gas de Neuquén en niveles que no tenía desde hace una década. Los 70 millones de metros cúbicos que se producen todos los días (MMm3/d) no son otra cosa que un valor de esa magnitud.

El subsidio, que generó tantos aplausos como resquemores dentro de la industria, marcando un límite entre quienes accedieron y los que aún están en lista de espera, fue suficiente para mantener en todo el 2018 el pleno empleo en la construcción y generar el área de mayor producción del país (Fortín de Piedra), ahí donde hasta hace casi nada todo era patrimonio de la desértica estepa patagónica que también se propaga junto a Añelo.

El “sendero de precios” hasta el 2021 actuó como uno de dos ingredientes que le permitieron a Neuquén regodearse en un contexto nacional casi sin noticias económicas positivas. No otra cosa explica el desfile de funcionarios nacionales que llegaron a locaciones de Vaca Muerta para ser parte del nuevo boom que da un poco de aire y dispara promesas de corto y mediano plazo, palpables en una realidad con sustento en las inversiones y los indicadores de producción. El otro factor determinante en el 2018 fue el precio del Brent.

El crudo de referencia formó parte de ese cóctel: los 85 dólares del primero de octubre también explican ese “veranito” del despegue de la actividad. Hoy, ese escenario súbitamente queda puesto en cuestión. Dentro de los dos factores, el más atado a variables internas es el del precio del gas. El contexto internacional, la política energética y económica de Estados Unidos -cada vez más lo mismo- van a ser determinantes en lo que depare el precio del crudo en los próximos meses y con eso, por caso, el nivel de regalías que obtenga Neuquén a partir del crecimiento o retroceso de lo que salga cada barril.

Hoy hay un nuevo frente que se abre en el horizonte del desarrollo de Vaca Muerta. La caída de este subsidio, en definitiva un cambio de condiciones, es una pésima señal. Ese motor para el desarrollo del país del que el gobierno nacional hoy se ufana, en parte estuvo sostenido por un gasto público que hoy no puede mantener en función de las “recomendaciones” del Fondo Monetario Internacional, el prestamista de último recurso al que acudió la gestión Macri para tener algo más de margen y sobrellevar los embates del dólar al BCRA. Es la lucha que trata de dar y que al mismo tiempo conspira con algo de lo poco que puede mostrar como logro económico, si bien en Neuquén es ampliamente claro que los laureles acerca de Vaca Muerta preceden por mucho al actual gobierno nacional.

Parte de lo peor se relaciona con el latiguillo del “cambio de reglas” sobre la marcha. Queda por ver la profundidad de los efectos, en materia de inversiones, en actividad económica. Es claro que no es lo mismo producir gas a u$s 7,50 (casi cuatro dólares por encima del valor de mercado) que a tres o cuatro. De todos los conflictos que atraviesan a la industria petrolera, el de la resolución 46 es el más atado a la caja de Estado, proveedora sustancial de los recursos que obtienen por este beneficio las productoras. Con todo, es un problema que también se “fabricó” este gobierno.

Hay otro que, ante el escenario del gas, en los últimos días, quedó en segundo plano: es el de la incidencia de las retenciones, que hacen tender a la baja el precio del crudo de la cuenca neuquina. Es un contrasentido político con efectos económicos: bajar el precio de un crudo que no se exporta.

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