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La triple identidad del asesino que mató a golpes al operario del EPAS

Jorge Omar Coronel Brest era adicto, violento y sumamente impulsivo. Durante el atraco a la planta del EPAS mató a Aurelio Pedro Romo a fierrazos. Dos años llevó encontrarlo.

Aurelio Pedro Romo (62) cubrió, sin saberlo, su último turno de trabajo la noche del 22 de noviembre de 2009, en la planta de bombeo 3 del EPAS que está en Río Negro y Reconquista, en Río Grande. Cuando ya estaba por salir la madrugada del 23, sufrió un feroz ataque a fierrazos que lo dejó desangrándose y agonizando en la zona de los vestidores. Ese día, pasado mediodía, murió en el hospital regional.

Dar con su asesino no fue fácil, por lo que Seguridad Personal se tuvo que sumergir en una trama oscura, lidiar con un delincuente camaleónico, recurrir a la paciencia y a una serie de contactos en otras policías.

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Dos años duró la cacería hasta que pudieron ubicarlo en Buenos Aires.

Un cruce de datos logró establecer que utilizaba tres nombres, detalle por el cual era imposible identificarlo, y si bien todos creían haberlo visto, no podían asociar el rostro con el nombre hasta que lograron corporizarlo y detenerlo unificando sus identidades.

vestidor de la planta de bombeo del EPAS.jpg

Muerte violenta

Durante unos 20 días, la brigada de investigaciones de la Comisaría Segunda estuvo girando en círculos sin poder avanzar en las pesquisas. Finalmente, la Fiscalía de Graves Atentados contra las Personas (GAP) dio la orden de que Seguridad Personal se encargara de la investigación.

Hasta ese momento, solo tenían las fotos de la escena del crimen que había alcanzado a tomar con su celular un oficial de Seguridad Personal antes de que contaminaran el lugar.

Sí, la escena fue arruinada por personal de la Comisaría Segunda que se movió por el vestidor del EPAS como si fuera una peatonal. Esto conllevó a que toda la guardia fuera sumariada por la fiscal Sandra González Taboada. "Que nunca te agarre Taboada enojada. Es una furia, y más cuando tiene razón", confió un viejo policía.

De las fotos tomadas por el investigador, se desprendía que el hombre había sido atacado en el vestidor, se arrastró para salir a pedir ayuda pero el agresor lo había dejado encerrado; luego fue hasta el baño, donde finalmente lo encontraron agonizando con la cabeza literalmente reventada. El lugar era un reguero de sangre y había todo tipo de rastros, hasta en el techo.

El informe de autopsia dejaba a la vista la violencia ejercida. Los profesionales del Gabinete Forense informaron al juez de la causa, Marcelo Muñoz en ese entonces, que Romo presentaba una lesión cortante en la frente, otra herida profunda de casi 11 centímetros en un costado de la cabeza y otras seis desparramadas por el cuero cabelludo. Además, se contabilizaron otras lesiones en distintas partes del cuerpo, muchas de ellas defensivas.

De acuerdo con los profesionales, el deceso fue por un por traumatismo craneoencefálico que se produjo horas después de haber ingresado en grave estado al hospital regional de Neuquén, donde los médicos hicieron lo imposible por estabilizarlo, pero la sangre perdida y el daño desencadenaron la muerte.

A remarla

Seguridad Personal se encontró con un expediente de casi 100 fojas de actuaciones que había realizado la Segunda. Básicamente, solo estaba lo de rigor, no había un indicio del posible autor y la motivación, que se suponía que era un intento de robo, porque había dos lockers forzados y un tercero que estaba abierto y sin candado, el de Romo, que se estaba cambiando.

Los pesquisas comenzaron a trabajar en retrospectivas, mientras la fiscalía trataba de contener los pedidos de explicaciones de la familia de la víctima, de las cuales se carecían.

Junto con Romo trabajaban otros dos empleados en la planta, a los cuales les preservaremos la identidad. Uno quedó descartado y estaba muy asustado porque podría haber sido él la víctima. Al otro, que fue clave, le asignaremos el apellido Gómez para protegerlo a él y también a su familia, que está dentro de esta trama.

Ninguno de los tres empleados que trabajaban en la planta registraba antecedentes de ningún tipo, pero Gómez tenía una corazonada que les develó a los policías y eso se transformó en la punta del ovillo y de una historia intrincada.

“Gómez nos confió que tenía dos hijas. Una de ellas estaba casada con un penitenciario de la U9, con el que había tenido tres hijos. En medio de la separación, se puso se novia con un hombre de Rawson. Sospechaba que su hija y la pareja nueva le habían robado una plata que tenía guardada en su casa tras la venta de unas cosas", contó un investigador del caso.

A partir de ese incidente, Gómez comenzó a guardar el dinero en uno de los dos lockers que tenía en el trabajo. Fue así que vendió una Fiat Fiorino y dejó el dinero guardado en los casilleros de la planta, donde como siempre había gente y tenía buena relación con los compañeros, no sospechaba que le podían robar y se sentía más seguro así que con el dinero en la casa. Cosas de familia.

Gómez recordó que en una cena donde el alcohol afloja la lengua y libera algunos secretos, contó delante de su familia que guardaba algo de plata en sus lockers del trabajo. El dato fue grabado por las hijas y también por ese nuevo novio de Rawson del que poco se sabía. Esa noche, nació la idea de robarle a Gómez.

Triple identidad

En el ambiente delictivo, todos saben que siempre es bueno llevar a mano un DNI robado para zafar en una caída. Pero la mayoría de las veces, cuando la suerte es grela, comienzan a jugar con sus nombres.

A Jorge Omar Coronel, nacido en San Isidro en julio de 1978, se lo detuvo con ese nombre y con otros dos más: Adrián Miguel Coronel Brest y Carlos Alberto Brest. Coronel es el apellido paterno y, después de la primera caída, comenzó a utilizar el materno, Brest.

Es un clásico que en el ambiente usen el apellido de la madre o hasta den la identidad de algún hermano que está limpio.

Pero tantos delitos acumuló Coronel, que se quedó sin stock de identidades y los cruces de datos lo terminaron cercando.

Violación y robo

Cuando se analiza a un delincuente, uno puede encontrar una suma de factores de riesgo que seguramente arrastra desde que era adolescente. No obstante, eso no borra lo ya hecho. Además, el Estado y toda su estructura no se ocupan de esta problemática nunca, pero para qué hablar del Estado y el delito si son primos hermanos y los que caen son siempre los de abajo.

Lo cierto es que Coronel reúne todos los factores: varón, propensión al aburrimiento, dureza emocional, irritabilidad, impulsividad, miente, engaña, tiene baja tolerancia a la frustración y es irascible. A esto se suma el consumo de drogas y alcohol.

La ausencia de una gratificación inmediata, que obvio no la da un trabajo donde hay que esperar un mes para cobrar, es lo que, combinado con consumos excesivos, lo convirtió en un tipo peligroso.

Cuando Seguridad Personal de Neuquén logró cruzar datos con la bonaerense y establecer la triple identidad de su probable asesino, recibieron los datos judiciales de Coronel Brest: en 2000 tuvo su primera entrada por violación y en 2010 cayó por robo agravado en La Plata. A todo esto, no sabían nada del crimen pendiente de 2009 que tenía en Neuquén.

Desde el 2000 estuvo dentro del sistema penitenciario federal. Pasó por la U1 de Olmos, la U5 de Mercedes, de ahí lo mandaron a la U9 de Neuquén y terminó en la U15 de Río Gallegos.

Amor de hospital

“Era terrible como preso. Siempre estaba metido en todas y se tragaba gillettes para que lo llevaran al hospital”, contó un policía, mientras que la hija de Gómez después reconocería que lo conoció por medio de una amiga cuando estaba internado en el hospital Horacio Heller, en el oeste neuquino.

La joven se estaba separando justo de un guardiacárcel de la U9, pero igual acudía a visitarlo al penal que estaba en pleno centro. Cuando lo mandaron a Río Gallegos, en Santa Cruz, la joven enamorada se fue tras sus pasos.

baño vestidor de la planta de bombeo del EPAS.jpg

La hija pródiga

Cuando la Policía neuquina logró definir con la bonaerense quién era el asesino de los tres nombres, enviaron un par de comisiones a San Isidro y se metieron en un barrio similar a la estructura que tiene Parque Industrial, con calles estrechas, cortas y oscuras, donde tuvieron que entrar con apoyo de los grupos especiales de la bonaerense.

“Durante todo el procedimiento, había uno que conocía bien el sector que nos decía ‘métanle pata que esto se puede pinchar de un segundo a otro’. Por suerte, no lo encontramos ahí, porque sacarlo habría sido todo un tema”, reveló el pesquisa que participó del operativo.

Finalmente, cuando lo encontraron, a mediados de junio de 2011, estaba detenido en La Plata por un robo violento donde casi mata a fierrazos a un abuelo. Dato que no extrañó a los neuquinos.

La hija de Gómez, de 35 años, fue encontrada por la Policía neuquina trabajando en el hospital Alejandro Korn de Melchor Romero en La Plata.

Ni bien se presentaron los policías, ella suspiró, como si le volviera el alma al cuerpo.

Informada la fiscal Sandra González Taboada, instruyó a los pesquisas para que le tomaran declaración en la Unidad Funcional de Instrucción 1 de La Plata, bajo la tutela de funcionarios judiciales, para que su testimonio fuera incorporado a la causa.

Sumergida en la violencia

La joven contó todo. Fue una confesión que tenía carácter de desahogo. Si bien no se observaron las pericias psicológicas, por la historia de maltrato y carácter sumiso quedó claro que estaba sometida a la voluntad y violencia de Coronel Brest.

¿Qué reveló la joven? Que a Coronel lo conoció en 2005: “Por intermedio de una persona que estaba internada en el hospital Heller, conocí a un interno de la U9, siendo Jorge Omar Coronel. Me empezó a llamar por teléfono en forma periódica, hasta que pasados dos meses de esa amistad telefónica, fui a verlo a la cárcel, con miedo porque ahí trabaja el padre de mis tres hijas más grandes”, explicó la mujer en su declaración.

Comenzaron un romance y cuando a él lo trasladaron a Río Gallegos, ella se fue a vivir y trabajar a El Calafate, por lo que lo veía una vez por mes.

“En una de esas relaciones quedé embarazada de mi hija más chica, por lo que me volví a Neuquén. Corría principios de 2009, al mes le dieron la libertad y me avisó que venía a Neuquén”, contó.

Vivieron en la casa de su hermana, que estaba en pareja con un muchacho al que le decían Melli. Pero Coronel, lejos de agradecer la hospitalidad, le robó a la hermana de su pareja y también a la madre. Durante un par de semanas vivieron en una habitación hasta que consiguieron algo mejor de forma poco clara. Gómez cree que le robaron un dinero que tenía en su casa, porque en poco tiempo se habían hecho de un terreno y una casilla en toma 7 de Mayo, al lado del zanjón.

La relación no andaba bien, ni con ella ni con las nenas. “Era un adicto a las drogas y el alcohol. Hizo juntas en la meseta que lo proveían de droga y siempre andaba con dinero, pero nunca me dio explicaciones de dónde obtenía el dinero, puesto a que el mensaje era que mientras a las nenas no le faltaran pañales y leche, no tenía que dar ningún tipo de explicaciones”, reveló la joven a los funcionarios durante la declaración.

A Coronel se le ocurrió conocer al padre de su pareja, así que un día fueron a visitarlo. Solo estuvieron unos minutos, en los que la hermana de la joven le pidió plata al padre, pero este se la negó. “Mi hermana luego me alcanzó cuando salíamos y me dijo ‘el viejo no tiene plata, la tiene guardada donde trabaja’”, detalló.

Los ojos de Coronel Brest se iluminaron y no se sabe aún cómo hizo para contenerse de no ir a robar esa misma noche. Días después, surgió en una comida con la hermana que andaban mal de dinero y Coronel le dijo que pronto lo iba a solucionar porque además necesitaba droga.

“¡Seguime y callate!”

“Me dijo que tenía ganas de ir a robar al trabajo de mi padre, en ese momento le dije que no contara conmigo, porque no quería dejar mal a mi padre. Se enojó conmigo y dijo que sabía con quien hacer el trabajo. Después de dos o tres semanas, más o menos, llegó como siempre muy drogado. Era un día de noviembre, no recuerdo bien la fecha, pero sí que eran las diez de la noche aproximadamente. Entró a la casilla a buscarme, me dijo que dejara a las niñas en la casa de un amigo y que lo siguiera callada”, detalló.

De ahí fueron a la parada del colectivo con destino a Río Grande.

“Le pregunté a dónde íbamos, me dijo que al trabajo de mi padre; en un primer momento me negué a seguirlo, pero me amenazó con quitarme a mi hija y con que le iba a hacer algo que a mí me iba a doler mucho (había estado preso por violación), por lo que no me quedó otra que acompañarlo”, explicó.

Cuando llegaron a las inmediaciones del trabajo, de la mochila Coronel sacó un fierro de un metro y muy grueso.

“Me dijo que me quedara esperándolo. Trepó por el frente del paredón del trabajo de mi papá y saltó al patio interior donde estaba la base de mi papá y sus compañeros. De alguna forma logró entrar, porque comenzaron a escucharse unos gritos de una persona que gritaba ‘auxilio, socorro, ayúdenme’ (esos eran los gritos de Romo). Luego se escucharon golpes como que rompían algo de lata. Al escuchar los ruidos, como que reventaban cerraduras de lata, me fui caminando por la calle Río Negro hacia la rotonda”, reveló la mujer, que no podía soportar lo que creía que estaba haciendo su pareja.

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Todo por $140

“Sin darme cuenta, Coronel me alcanzó, me insultó porque me estaba yendo. ‘¿Dónde vas, la concha de tu madre? ¡Vení para acá! ¡Vamos!’. Y volvimos por donde habíamos llegado, pero por la costa del río Limay. Tenía las manos llenas de sangre y le pregunté qué había hecho y me dijo ‘le di fierrazos al gil que estaba adentro de la oficina’. Después me comentó que el fierro lo tiró en un baldío y paramos en el río, donde se lavó las manos, se sacó toda la ropa de abrigo, la guardó en la mochila y se quedó de pantalón corto y remera”, aseveró la mujer víctima de violencia.

En el camino, revisó lo que había sacado de los lockers y descubrió que la billetera, que era como de mujer, solo tenía 140 pesos. Luego revisó otra billetera que tenía menos dinero, unos 14 pesos, y tiró todo al río.

La lluvia los agarró volviendo a la casilla, por lo que se tomaron un taxi, buscaron a las niñas y cuando llegaron a la casa, él prendió una estufa que tenían y quemó las zapatillas Nike negras llenas de sangre. Luego hizo lo mismo con el pantalón, la campera y las medias.

Al rato, Coronel salió y regresó con una tiza de cocaína.

Al día siguiente, escuchó una noticia alarmante. “Cuando por la tele dijeron que el obrero del EPAS, compañero de mi papá, había muerto, me dijo ‘tenemos que vender todo y rajar’”, confió.

La mujer no lo quería seguir, pero Coronel tomó de rehén a una de sus hijas. Ya le había sacado el DNI y la partida de nacimiento, y en un forcejeo le arrancó de los brazos a la pequeña.

Literalmente vendieron y malvendieron todo lo que tenían, hasta el lote con la casilla. Juntaron unos 700 pesos y esa misma noche partieron desde Cipolletti a Buenos Aires.

“Todo coincide porque cuando pedimos las antenas, el celular se pierde en Chivilcoy, donde lo arrojaron”, explicó el investigador.

En la terminal de Retiro, los esperaban la madre de Coronel y otros familiares que también se movían en el ambiente. La joven quedó en una casa aislada, no sabe dónde. No la dejaban salir y su celular fue destruido por completo.

Finalmente, se fueron a La Plata y Coronel volvió a caer por un robo de características similares. “Por suerte me encontraron ustedes”, les dijo la mujer a los policías neuquinos que viajaron en comisión.

La mujer retornó a Neuquén, donde fue recibida por su padre y se reencontró con sus hijas después de semejante pesadilla.

Juicio y Castigo

La Cámara en lo Criminal Primera, integrada por Alfredo Elosú Larumbe, Mario Rodríguez Gómez y Andrés Repetto, juzgó a Jorge Omar Coronel Brest por homicidio calificado por criminis causa en concurso ideal con robo calificado por escalamiento.

El 27 de diciembre de 2012, se dio a conocer la condena donde toda la reconstrucción realizada por Seguridad Personal, la fiscal Taboada y el testimonio de la joven fueron claves para sentenciarlo a prisión perpetua y dictarle la segunda reincidencia.

En la actualidad, Coronel está en la U11 y no ha perdido el hábito de ser un interno complicado y pesado.

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