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Las aventuras de Popeye, que escaló el Tromen con una bicicleta en la espalda

Ex soldado de la patria en el RIM 10 de Covunco. Sobrevivió a una compleja operación. Buscó en la montaña un refugio para su vida y su alma. Superó el COVID y junto con un amigo de siempre emprendió el desafío de ascender el volcán Tromen con una bicicleta en la espalda.

La montaña inspira, apasiona y sana. Cuanto más alto se llega, más cerca del cielo se está. Así lo vive, lo piensa y lo siente Juan Contreras cada vez que corona con una cumbre su esfuerzo de horas de ascenso y de meses y días de preparación. Popeye, como le dicen todos sus amigos, se hermanó con las montañas hace mucho tiempo como parte de su profesión de militar, pero hace un par de años las abrazó por necesidad. Las abrazó para salir adelante, para seguir viviendo.

"En el año 2016 pasé por una cirugía muy complicada, se me perforó el estómago, fueron varias cirugías. Ya no tengo tejido abdominal. Me valgo de una faja para protección, por tener separada la pared abdominal. En ese momento busqué refugio en las montañas porque me llenan de energía, me conectan con el cosmos, despejan la mente y jamás siento un dolor", cuenta Juan.

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Y como esos guerreros que todo lo pueden, Popeye exclama con un orgullo indescriptible: "¡Hago vida normal, después de todas las cirugías, eh!". En estos nuevos tramos de su vida, cuenta que ha hecho más de 80 cumbres en distintos cerros. Pero sin duda hay uno que lo llena de satisfacción por ser el emblema del norte neuquino.

"En el Domuyo, el techo de la Patagonia, tengo unas 30 cumbres", agrega. En bicicleta ha participado en distintos eventos como la Unión de los 7 Lagos.

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Su vida

"Yo nací el 1° de septiembre de 1976 en un paraje rural, acá en el norte neuquino. Y me crié en Tres Chorros, un paraje muy chiquito cerca de El Cholar. En ese paraje realicé mis estudios primarios en la escuela rural 71 en el año 1989”, cuenta Juan respecto de sus primeros pasajes de vida. “Me vine a Chos Malal para hacer el secundario, en la ENET 1. Solo pude hacer hasta tercer año. La vida venía difícil y teníamos que trabajar por ser de familia humilde y de bajos recursos”, relata.

Sin embargo, con el pasar de los años y con algunos trabajos cumplidos, y para cerrar esa deuda pendiente, finalmente pudo concluir sus estudios secundarios. “En el año 2019, en el CPEM 80 de Chos Malal, terminé el secundario con el título de Perito Auxiliar en Desarrollo de Comunidades, con el mejor promedio (10)”, cuenta con todo el orgullo que le entra en el cuerpo. Y como buen montañés, muy pronto se embarcó en otro desafío: “Actualmente estoy haciendo el Profesorado de Lengua y Literatura en el IFD 2 de Chos Malal”, dice.

Juan cuenta que el mayor tesoro de su vida es su hija, Aymará, de 23 años. “Ella es profe de inglés”, sostuvo orgullosamente.

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Su vida como soldado

Juan fue integrante de la primera camada de soldados voluntarios del Ejército Argentino en el año 1995. “Yo me incorporé en el RIM 10 de Covunco, un orgullo ser soldado en ese regimiento histórico”.

Es en esa unidad que Popeye comienza a tener contacto con la montaña. “En el año 1997 hice el curso de cazadores de montaña en la unidad de Primeros Pinos, que por primera vez era para soldados”.

“Mi idea de hacer andinismo surge en el ejército. Muchas cumbres, muchas montañas las hice estando incorporado. Tengo la Actitud Especial de las Tropas de Montaña, que es el Cóndor de Plata y Cazador de Montaña”, menciona acerca de los logros alcanzados. “Hasta el año 2004 fui voluntario, alcancé el máximo grado como soldado, que es voluntario de primera en cuarto ciclo. Hoy pertenezco al grupo de ex soldados del RIM 10 que se llama Reclutas y me han honrado con el privilegio de ser su abanderado”, agrega.

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La experiencia de subir con una bicicleta

Juan Contreras, en compañía de su amigo Nicolás Gatica, profesor de educación física oriundo de El Cholar, el pasado miércoles 13 de septiembre emprendieron la marcha rumbo al volcán Tromen con el objetivo de cumplir la proeza: subirlo con una bicicleta a cuestas.

“Salimos de Chos Malal a las 17 horas, haciendo todo lo que es el Parque Tromen en vehículo. En la base del cerro hicimos noche y a las 6:20 aproximadamente iniciamos el ascenso. Hasta la mitad, llevamos las bicis en la mano rodando a nuestro lado, luego las atamos a las mochilas en la espalda y continuamos subiendo”, cuenta. Y agrega: “En la parte final, fue un paso a paso, había aire, pero faltaba el oxígeno. Y el agotamiento era extenuante”.

Siguiendo con su aventura, relata: “Llevamos dos equipos de radio handy y teníamos comunicación con el teléfono celular desde la cumbre. Así que desde allí llamamos a familiares y a amigos para contarles la hazaña lograda”.

Al mismo tiempo, Juan contó que el descenso fue más complicado por el relajamiento y el cansancio del cuerpo, pero con toda la felicidad y la satisfacción del objetivo conseguido en algunos tramos bajó rodando la bicicleta, al igual que su compañero de ruta.

Después de tamaña experiencia, Juan reflexiona y da una suerte de consejo. “La montaña siempre desnuda la verdadera naturaleza de quiénes somos. Ahí hay que tener temple, fortaleza mental y mucha cautela y paciencia. De lo contrario, se entraría en un estado de desesperación y fatiga total”, enfatiza.

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