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La Mañana escuela

Las bodas de oro de una escuela, entre el arraigo y la interculturalidad

A 86 kilómetros de Zapala, la escuela 247 de Aguada Florencio recibe a 60 niños pertenecientes a la comunidad mapuche Paineo.

Con la tinta del esfuerzo, del amor y la dedicación de hombres y mujeres docentes que amaban y aman la profesión se fueron construyendo las paredes de la historia de una escuela que surgió de la unión de recursos y voluntades de todos. Desde la recordada doña Carmen Antigual hasta el niño más pequeño que pisó las aulas de la escuela 247 de Aguada Florencio, aquí se alienta y se fortalece el arraigo y la interculturalidad como una señal de respeto de los que estuvieron antes, de los que están ahora y de los que siempre están volviendo porque aquí dejaron parte de su corazón.

Eso es lo que vivencia cada día de su vida el matrimonio de maestros compuesto por Delia Martínez y Luis Eduardo Luján, quienes desde Córdoba vinieron a rendir tributo a la escuela que se adueñó de casi 30 años de su existencia. Atravesaron los tiempos y distancias para llegar a celebrar junto a la comunidad las Bodas de Oro de su amada Escuela 247 de este paraje del departamento neuquino Catan Lil, a los pies de la ruta nacional 40 y de la comunidad mapuche Paineo.

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El pasado 24 de mayo, la Escuela Primaria Albergue 247 de Aguada Florencio celebró su 50º aniversario con la presencia del ministro de Gobierno y Educación Osvaldo Llancafilo, la directora de la escuela, Elba Zapata, docentes, auxiliares de servicio; estudiantes, familias y el Lonco de la comunidad Paineo, Cándido Jara. Todos quisieron estar presentes. Nadie quiso perderse la oportunidad de agradecer y reconocer la importancia de este reducto escolar en esta comunidad. Todo fue alegría y emoción desde el recuerdo.

La emoción de un doble nacimiento

La escuela 247 nació de la fuerza, el empuje y la sagrada obstinación de una pareja de maestros llenos de juventud y entusiasmo, que hicieron patria junto a una comunidad mapuche en tiempos en los que faltaba de todo y no sobraba nada. Se animaron a soñar en un espacio de encuentro cada vez con mejores condiciones.

Caichihue fue el lugar de nacimiento del establecimiento de la mano de doña Carmen Antigual (una reconocida curandera de la época) que tuvo la fortaleza de asentarse en el paraje con su familia y animó a otras familias a nuclearse alrededor de la escuela que tuvo sus primeros cimientos y funcionamiento en este lugar.

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La población escolar fue creciendo con alumnos de parajes de influencia como La Amarga, El Marucho y La Picasa. A partir de la década del '80, los maestros cordobeses Delia y Luis Eduardo, más conocido como Lalo, empezaron a soñar y a gestionar un nuevo hogar para la 247 y es así que vieron la oportunidad de lograrlo cuando el Automóvil Club Argentino donó al CPE las instalaciones de su estación de servicio que prácticamente yacía abandonada desde hacía varios años.

En esos momentos la obstinación de los docentes y el fuerte respaldo de la comunidad permitieron que finalmente, a partir del año 2000, la escuela trasladara sus actividades al renovado edificio que actualmente ocupa y que se transformó a partir de entonces en una escuela albergue.

Los maestros, el factor esencial para crecer

El día de la celebración del acto aniversario se pudo observar que las maestras y los maestros desparramaban sonrisas y alegría con una naturalidad que contagiaba. Fue imposible mantenerse al margen de esos actos de amor que se reflejaron en los rostros y en los ojos de los niños. Los infantes no eran esquivos al diálogo y con todo orgullo decían su nombre, la edad y al grado al que asisten y lo maravilloso es que conservan aún la inocencia del juego que prácticamente ya se ha perdido.

En este escenario, llamó la atención y llenó de ternura a todos la particular situación que protagonizó la docente Cristina Cuevas con sus nenes de jardín de infantes que portaban la bandera de ceremonias; cuando al frente del acto la extensión de los discursos produjo en los pequeños una dispersión propia de la edad. Su abanderada, Mailen Ceballos (de 4 años), se olvidó de la bandera y rápidamente la maestra la sostuvo. La nena comenzó a saludar con alegría a sus familiares mientras que su compañero escolta Mateo luchaba por colocarle un rosario en su cuello. Fue un grato momento que le dio un toque de color y frescura a un acto que hacían los grandes mientras ellos estaban en su mundo.

“Estoy a cargo de la sala de jardín, es una sala múltiple donde concurren chicos de 3, 4 y 5 años. La abanderada es Mailen Ceballos, es de la comunidad Paineo, vive en Caichihue, tiene 4 años. El compañero es Mateo Ceballos, es de la comunidad también”, contó la maestra.

Con orgullo y emoción relató que “estoy hace 22 años en esta escuela. Me inicié como docente aquí en el año 2000, continué y nunca me fui. Por elección sigo viniendo y trabajando acá. Tuve la posibilidad de que mi hija Camila egresara acá. Yo soy de Zapala, vamos y venimos todos los días, si bien es riesgoso o un sacrificio pero vale la pena, seguimos eligiendo la posibilidad de trabajar en la escuela 247”.

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Agregó que “estoy muy a gusto, es una escuela muy linda donde se egresaron chicos que han tenido la posibilidad de seguir estudiando, hasta incluso recibiéndose de maestros o profesores de educación física”. Sobre la posibilidad de pertenecer a la historia del colegio dijo que “como docentes estamos súper orgullosos de seguir trabajando en este lugar, y de la oportunidad que se les da a los niños de no solo educarlos, sino de contenerlos y brindarles en la parte del albergue la contención y el amor para mostrarle que tienen las mismas herramientas y posibilidades que los chicos de ciudad para seguir con sus estudios”.

Por último y en referencia a los 50 años, señaló que “si miro hacia atrás me da muchísima emoción el ver todo lo que se ha recorrido y logrado en conjunto, porque esto es un trabajo en equipo de los que estuvieron, de los que estamos y seguro de los que vienen”.

La interculturalidad como un deber sagrado

Atravesar la educación con la interculturalidad ha sido una de las banderas que viene enarbolando desde hace muchos años la escuela 247, en franca unión con la comunidad mapuche Paineo. Tanto es así que un ex alumno e integrante de la comunidad es hoy uno de los docentes del establecimiento, es maestro de idioma y cultura mapuche.

“Mi nombre es Pedro Pérez, soy de la comunidad Paineo, trabajo desde 1999, hice el trabajo ad honorem enseñando el mapudungun en la escuela 247 de Caichihue. Así arranqué yo, después cuando se trasladó el edificio me vine para estos lados. En el 2001 fui nombrado como Quimel Tufe a nivel provincial y desde ese momento estoy aquí en Aguada Florencio”, relató el maestro de 40 años.

A renglón seguido relató que “yo enseño y transmito el idioma mapuche en la escuela desde nivel inicial hasta séptimo grado. Yo hice la primaria en la escuela 247, que sería esta antes de que se convierta en albergue. La escuela la tenía a media cuadra de mi casa cuando era jornada simple. Estudié en la misma escuela, terminé en Caichihue en el año 96 y después continué enseñando el mapudungun”.

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En nombre de doña Carmen Antigual

El docente detuvo sus recuerdos y trajo a la memoria a sus ancestros. “Tengo el orgullo de ser descendiente de Carmen Antigual, quien fue la que solicitó la escuela 247 en el año 1972. Una anciana que vivió 100 años. Por ser bisnieto de ella, hablo el idioma mapuche desde niño. Gracias a ella, a mi mamá, a mi abuela y al resto de la familia, yo puedo venir y transmitir mi idioma materno a los niños. No importa el lugar, me interesa que los chicos aprendan el mapudungun”, sostuvo.

Sobre sus alumnos resaltó el interés, las ganas y la voluntad de aprender el idioma. Y agregó: “Es un orgullo ser parte de estos 50 años porque aquí crecí. Mi vida fue estar dentro de la escuela, lo viví con mis compañeros y mis familiares. Mis compañeros caminaban muchos kilómetros para llegar y hoy la escuela nos recuerda que ahora estamos más modernos, porque tenemos un transporte escolar que los trae a los alumnos desde la puerta de casa hasta la escuela. En mis tiempos mis compañeros caminaban. Estos 50 años nos recuerdan que han cambiado las generaciones, la realidad, la vida”.

Recordó que en su época de estudiante la escuela era de jornada simple con una sola portera que además era su abuela. “Es un orgullo trabajar donde yo hice jardín y toda la primaria, donde yo hice y donde aprendí muchas cosas que hoy gracias a Dios me sirven para desarrollar mis labores como maestro”.

Delia, la primera directora titular

La escuela 247 se refugió en el trabajo y el empeño de todos, en especial de sus directores. Aquí juega un papel preponderante la docente Delia Teresa Martínez de Luján, que hoy tiene 77 años. “Yo fui la primera directora titular. Yo estudié y rendí para el cargo y mi marido me pidió que eligiera esta escuela donde él ya estaba como maestro de grado en el paraje Caichihue. Yo en ese momento ejercía en Bajada del Agrio”, indicó.

Contó que al tiempo se trasladó a Huncal y su esposo Luis Eduardo Luján quedó como director suplente. A los años, regresa a esta escuela. “Vuelvo a estar nuevamente con mi esposo porque necesitábamos que estuviera junta la familia y porque queríamos tener los hijos con nosotros. Los trajimos a la escuela 247 para que hicieran la primaria y demostrándole al mundo si se puede decir de que en las escuelas rurales no es que los chicos vienen a perder el tiempo sino que es donde aprenden el amor por todas las cosas propias de la vida”, señaló. Más tarde relató que “los mejores años de nuestra vida, de nuestra juventud se los dedicamos a esta escuela y a todas las escuelas en las que estuvimos. Siempre respetando nuestras ganas de trabajar en la ruralidad”, señaló.

"Siempre nos ayudaron desde el gobierno, aunque a veces les ganábamos por cansancio”, reconoció. En este sentido, mencionó que “al nuevo edificio donde hoy están prácticamente lo vimos nacer, ya que con los niños veníamos de la escuelita vieja en Caichihue caminando por unos 5 km para ver las mejoras en la antigua estación de servicio que había sido donada por el ACA al consejo de educación”.

Añadió que “la nueva escuela se hizo gracias a Dios y al esfuerzo de todos. De la gente del consejo, de los funcionarios, de la comunidad y de los padres que nos donaban carne o lo que ellos tenían para darle de comer a los chicos hasta que llegaron las partidas; pero nosotros felices porque estábamos en lo que queríamos hacer”.

Delia remarcó que la actual directora del establecimiento “está siguiendo lo que nosotros empezamos. Nosotros estuvimos 30 años. Ella tiene una formación igual a la de antes y le veo mucho empeño y decisión en hacer crecer cada día más a la escuela. Esa actitud es lo que la gente debe saber y ver ya que en la escuela rural cuando los directores y los maestros se proponen hacer bien las cosas los chicos responden y cumplen”.

Por último dijo que “le deseo a la comunidad y a todos los alumnos de la escuela 247 que nunca bajen los brazos porque esto que han conseguido de que la escuela cumpla 50 años en pleno funcionamiento es un triunfo muy grande y es una alegría para el alma. Así es que adelante, mucha fuerza y tengan en cuenta que todos podemos llegar hasta donde queremos”.

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Un acto repleto de emoción y recuerdos

Durante los festejos, la ex alumna Elena Antileo se dirigió a los presentes y contó que cursó hasta tercer grado en la vieja escuela de Caichihue hasta el año 2000 que es cuando se fue a su nueva escuela y terminó de cursar séptimo grado. Hoy tiene la posibilidad de trabajar como auxiliar de servicios temporal.

Ella siempre consideró a la escuela como su segundo hogar y muchos de los que fueran sus maestros hoy son sus compañeros de trabajo. Luego las palabras que mencionó la supervisora Margarita Ñancucheo golpearon fuerte el corazón de todos “esta es una escuela que además de enseñar, alberga. Alberga y construye sueños, los que se reflejan en los ojos de los estudiantes”.

La actual directora Elba Zapata dijo que “hoy es momento oportuno para dejar testimonio del trabajo que han realizado hombres y mujeres, quienes dejaron su impronta y sus huellas concretando un sueño en realidad; por eso mis respetos y mi reconocimiento a todos aquellos directivos, docentes, familias e infancias que han sido y son parte de las páginas de la escuela 247 a lo largo de estos 50 años”.

Por su parte el ministro LLancafilo le aseguró a los presentes que “aquí se respira verdaderamente ese espíritu de educación pública. Ese espíritu de hogar. Ese espíritu de encuentro. Yo quiero felicitarlos a todos y en especial al lonco de la comunidad Paineo, Cándido Jara, porque entendemos nosotros en la educación pública fundamentalmente en nuestra querida provincia del Neuquén que la interculturalidad todos los días se va haciendo realidad y eso también es parte de un sistema educativo que va evolucionando”.

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