Las Grutas: encantos que dejan las mareas

LAS GRUTAS
Cuando se retira el mar en la bahía de San Antonio, la ría que circunda la parte norte del ejido de la ciudad queda como un desierto húmedo dominado por lomadas e innumerables arroyos por donde escurrirá el agua hacia el golfo San Matías, hasta que nuevamente se repita el ciclo natural con la pleamar.

Los pobladores que saben de las sinuosidades del terreno conocen las añejas huellas por donde pueden transitar con sus vehículos hasta llegar al canal, el último vestigio del océano que perdurará a lo largo de las horas.

Allí es donde encuentran el alivio para refrescarse en las jornadas calurosas. El cauce es irregular. En algunos lugares es angosto, de no más de dos metros, apto para que los niños puedan bañarse y chapotear en el agua.

Acceso Para llegar a los balnearios habilitados se recomienda tomar por la Avenida Costanera.

En otros sectores se forman embalses tranquilos en los que también es ideal para nadar, remar o pescar, como suelen hacerlo aficionados y pescadores con largas redes. Cornalitos, pejerreyes y lisas son las capturas más habituales.

En una caminata por los alrededores, el visitante podrá apreciar que entre las elevaciones corren infinidad de riachuelos que confluyen en otros de mayor dimensión formando especie de deltas salados.

En sus márgenes, con un poco de atención y la vista fija en el suelo, se podrán observar cuevitas en el piso barroso donde se introducirán pequeños cangrejos que buscarán refugio ante la presencia humana.

Quien no tenga conocimiento de las características de la ría -los lugareños la llaman marea- es recomendable asesorarse antes de internarse en vehículo, pues ha sucedido que rodados quedaron enterrados en el fango y debieron ser auxiliados por tractores o máquinas viales para retirarlos pues, se sabe, el mar vuelve a subir y sería un desastre mayor si lo atrapa.

Las playas
A lo largo de la ría de San Antonio hay distintos balnearios habilitados. Al comienzo, frente al Anfiteatro Municipal está el conocido Los Tamariscos, llamado así porque precisamente cuenta con un bosquecito de esa especie.

Siguiendo hacia el este, pasando el cementerio de barcos y el muelle de pescadores, se encuentra la playa del barrio Ferroviario, bautizado así por las antiguas viviendas que ocuparon los trabajadores de las vías.

Luego sigue el Arbolito de Salas y finalmente Punta Verde, donde desde hace unos pocos veranos funciona un parador con su menú tradicional de pescados y mariscos.

Como no es profusa la cartelería para llegar a estos lugares, se recomienda tomar por la avenida Costanera.

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