Las recetas del FMI: pasado y presente

En 2001 caía el gobierno de Fernando de la Rúa. Antes tuvo que renunciar su ministro de Economía, Domingo Cavallo. Las recetas del FMI tuvieron un rol central en la crisis. La experiencia puede ayudar a prevenir problemas.

Humberto Zambón / humbertozambon34@gmail.com

La experiencia pasada y su conservación en la memoria es la principal fuente de aprendizaje que tienen los animales para adecuar su conducta y evitar la repetición de errores a través del tiempo. La duda se presenta con el hombre como animal social, al punto que un conocido refrán sostiene que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra.

La historia parece dar la razón a ese saber popular. Por ejemplo, en los años previos a 1890 en nuestro país se vivió un período de crecimiento económico y aumento del bienestar, con incremento desaforado en la especulación financiera y aumento de la importación de bienes que llevaron a un fuerte déficit en el balance comercial externo. Todo ello fue financiado con endeudamiento externo, con el lógico aumento del peso de los intereses sobre el presupuesto nacional. En los años que van desde 1887 a 1889 los servicios de la deuda (amortización más intereses) llegaron a representar el 53% del total de las exportaciones, que se logró cubrir con más deuda externa.

Te puede interesar...

El Gobierno se fue quedando sin reservas mientras crecía la inflación, hasta que en 1890 se agotó la posibilidad de financiación externa y estalló la crisis de la deuda, con una profunda recesión interna y crisis política que provocó la caída del gobierno del presidente Juárez Celman. El estancamiento económico que le siguió y una lenta recuperación, con el correspondiente daño social, fue el costo que insumió un largo período: desde 1890 hasta 1902.

Como si el tiempo hubiera borrado de la memoria histórica aquella experiencia, pasado un siglo se volvió a repetir con la convertibilidad y con los mismos resultados que la anterior.

La experiencia de liberación de los mercados y retiro del Estado de la economía fue financiada mediante el endeudamiento externo (la deuda superó los 100.000 millones de dólares de entonces) y un déficit creciente en la cuenta corriente de la balanza de pagos.

Cuando comenzaron los primeros síntomas de la falta de financiación externa se recurrió a medidas como el blindaje, mediante préstamo del FMI y el compromiso de disminuir el déficit fiscal (rebaja de los sueldos públicos y jubilaciones del 13%, eliminación de subsidios a los combustibles, disminución de las transferencias al PAMI) y a la reforma laboral para dar flexibilidad y mayor productividad al trabajo (aprobada en el 2000 con el escándalo de los sobornos en el Senado). Todas esas medidas y sus efectos son bien conocidas por los argentinos actuales.

El FMI pronostica tormentas. El gobierno ya tomó nota de lo que viene.

Con el consumo deprimido cayeron las inversiones, cerraron empresas y aumentó la desocupación laboral. El círculo vicioso de déficit fiscal-ajuste-recesiónmayor déficit fiscal provocó una fuerte caída de la actividad económica unida a la iliquidez que llevó a la desconfianza en el sistema bancario y al retiro de depósitos de 18 mil millones de dólares en los primeros 11 meses del 2001.

El 1° de diciembre del 2001 el ministro Cavallo anunció limitaciones al retiro de depósitos (el famoso corralito) que comenzó con un límite de 250 dólares y terminó con el congelamiento de los depósitos. El cierre bancario duró un año, hasta que se levantó el 2 de diciembre del 2002 con la pesificación de los depósitos.

El fin de la experiencia neoliberal de la convertibilidad, provocada por la crisis de la deuda, derivó en crisis política iniciada con la protesta de las clases trabajadoras y los múltiples excluidos por el sistema, a los que se sumó la clase media afectada por la incautación de sus depósitos. Las manifestaciones y marchas diarias de los primeros, incluso con pérdida de vidas humanas, así como los cacerolazos de la clase media, fueron la manifestación palpable del rechazo de la población a los designios del FMI y a la política neoliberal que, con el respaldo del Fondo, venían aplicando los gobiernos de Menem y De la Rúa desde principios de los años 90.

El 20 de diciembre de 2001 renunció el presidente Fernando de la Rúa. Antes lo había hecho su ministro de economía, Domingo Cavallo.

El corralito marcó un fin de época. El sistema bancario lo pagó caro

No pasó un siglo sino una década y media y volvemos a la misma política neoliberal que nos llevó a los reiterados fracasos anteriores. Se me podría objetar que en 1890 todavía no existía el neoliberalismo, aunque sí estaba en boga el liberalismo económico, que es el mismo producto pero con distinto nombre; además, a las crisis señaladas podríamos sumar la de 1983, con la crisis de la deuda, y la de 1989, con la hiperinflación, que son claro resultado de políticas neoliberales.

De cómo terminará la actual experiencia no parece haber muchas dudas. El mismo FMI en su último informe de actualización, conocido recientemente, alerta sobre la posibilidad de que se repitan los episodios del 2001 (que incluirían el corralito y la crisis política). Dice el Fondo que si no hay respuesta positiva de los inversores (¿cómo la puede haber con una demanda global en retracción?), este año se intensificará la recesión y puede haber una huida de los depósitos bancarios que estiman en 7000 millones de dólares y un 2% de los depósitos en pesos.

Si se repiten las políticas que estuvieron equivocadas anteriormente, ahora no se puede esperar otra cosa que las mismas consecuencias.

LEÉ MÁS

No hay milagro para salir de la crisis

Fuente:

¿Qué te pareció esta noticia?

Noticias Relacionadas

Deja tu comentario


Lo Más Leído