El 22 de junio de 1986 quedará en la historia argentina como el día en el que el país tuvo una "revancha". Apodado como barrilete cósmico por el genial Victor Hugo Morales, Diego Armando Maradona, dejó de ser futbolista para transformarse en un ser de otro planeta y para reivindicar (aunque sea por 90 minutos) a un país que todavía lloraba Malvinas.
Corría el minuto 51 en el Estadio Azteca, en la Semifinal entre Inglaterra y Argentina, el “10” de la Albiceleste se encontró con un balón globeado frente a la portería rival. Al ver que no alcanzaba el esférico con la cabeza, Maradona estiró el brazo izquierdo y anotó el gol con la famosa “Mano de Dios“ ante las inútiles protestas del arquero Peter Shilton y el resto del conjunto británico.
Luego a los 54' el mismísimo Diego, cuatro minutos después, tras partir desde la mitad del campo argentino y gambetear a cinco jugadores ingleses: Peter Beardsley, Peter Reid, Terry Butcher, en dos oportunidades, Terry Fenwick y al arquero Peter Shilton, convirtió el gol más maravilloso de la historia de los mundiales.
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