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La Mañana

Las trampas del universalismo

Allá por 1912, la Ley Sáenz Peña promulgaba el voto secreto, universal y obligatorio, esos tres conceptos que tanto nos machacaban en la escuela. Tiempo después aprenderíamos que la partecita esa de “universal” no era más que una mentira, una trampa para hacernos sentir incluidas en el ejercicio de un derecho que en realidad nos era negado. Y qué actual que suena eso de “derecho negado”, ¿no? Y no solo a las mujeres, claro. Esa es una de las tantas veces en que el concepto de universal se erigió para enmascarar y edulcorar cómo el entramado social, cultural y político estuvo y está atravesado por la violencia machista. Hoy, a 107 años de aquella ley, que era de todos pero que solo pertenecía a los hombres que cumplían con ciertos requisitos, expresarnos y pelear por nuestros derechos es algo por lo que todavía tenemos que pagar. Y cuando digo pagar me refiero a todas las pibas que pagarán con su vida porque no tenemos el derecho de elegir y menos aún de cuestionar el lugar en el que nos ubica el status quo al que tanto se aferran por defender. ¿A cuántas asesinarán hasta que dejen de pensarnos suyas? ¿Cuántas morirán en abortos clandestinos porque debemos ser eso que han planeado para nosotras y nuestros cuerpos, y no otra cosa?

Es mentira que tenemos los mismos derechos, pero estamos preparadas para pelear las veces que sea necesario

Esto es solo un ejemplo de muchos, que parecieran no tener fin. Es mentira que tenemos los mismos derechos, pero lo que sí es verdad es que estamos preparadas para pelear las veces que sean necesarias contra las estructuras impuestas por el patriarcado. En nuestros puestos de trabajo, en las calles, frente al aparato estatal, no importa dónde ni cuándo, generación tras generación, brotamos cada vez más fuertes y, fundamentalmente, brotamos cada vez más libres.