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La Mañana Pechi

Las últimas horas con "Pechi" Quiroga

Los detalles de parte de la última charla en Off de Horacio "Pechi" Quiroga con un periodista. Su enfermedad, sus afectos. La debilidad por sus hijas y el deseo de un trasplante de pulmón que nunca llegó.

Corrían las primeras nueve horas del día número 19, posterior a las elecciones municipales de Neuquén Capital que, el 22 de setiembre, habían dado ganador por amplio margen al MPN. Mariano Gaido, el entonces ministro de Trabajo y Seguridad de la provincial había dado el batacazo aventajando al candidato del oficialismo, Marcelo Bermúdez, por más de 9 puntos.

Al mediodía de ese viernes 11 de octubre nos encontraríamos con Horacio “Pechi” Quiroga para hacerle una entrevista en su rol de candidato a Senador Nacional por Cambiemos, la coalición que a nivel nacional intentaba lograr la reelección del entonces presidente de la Nación, Mauricio Macri.

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El 10 de marzo, “Pechi” había sido candidato a gobernador por la misma fuerza siendo relegado al tercer puesto, con el 15,24 por ciento de los votos emitidos, por el actual gobernador, Omar Gutiérrez que obtuvo más del 39 por ciento de los sufragios; y en segundo lugar había quedado el “compadre” de Pechi y aspirante a gobernador por Unidad Ciudadana, Ramón Rioseco. Venía de nueve meses de gestión, política y campaña intensos y con todo tipo de versiones y especulaciones sobre sus espaldas. Nada distinto a lo que ya generaba sobre fines de la década de los ochenta, cuando muy joven puso el pie en el Concejo Deliberante como concejal de la ciudad en representación de la UCR. Desde aquel tiempo en adelante mucho de la política neuquina estaría relacionado directa o indirectamente con el “Pechi”. Ocupó dos veces la banca como edil y cuatro veces la intendencia capitalina, con una interrupción de cuatro años, entre 2007 y 2011 cuando gobernó quien había sido su Secretario de Hacienda, Martín Farizano.

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Eran las 09.45 del viernes 11 de octubre de 2019, cuando un mensaje de José Luis Pacheco, hombre de extrema confianza del entonces intendente y candidato a Senador Nacional, solicita suspender el encuentro para la tarde. Sabíamos que la salud del “hacedor” se venía deteriorando desde el acto de cierre de campaña que algunos días atrás había encabezado en el Monumento a San Martín, junto a Mauricio Macri. Fue allí en donde pronunció su último discurso multitudinario. Habló desde sus entrañas, como siempre lo hacia, pero esa vez conmovió a propios y extraños. Así era él cuando tomaba decisiones. Las llevaba adelante sin importar las consecuencias. Contrariando los consejos de su médico de cabecera, subió al escenario para encontrarse con “su” gente.

Fue y acompañó al candidato a presidente de su espacio político, tampoco le importó las versiones que circulaban desde el 10 de marzo, día de las elecciones provinciales, que daban cuenta de que el propio Macri y sus socios locales del PRO le habían bajado el pulgar mandando a votar en favor del candidato a gobernador del Partido provincial.

Tampoco daba entidad a las versiones que indicaban que en la elección de intendente hizo poco por el candidato de su espacio. Sólo tenia una obsesión de terminar con las obras que tenía en marcha, llegar al 10 de diciembre con el timón de la ciudad entre sus manos y entregarle el mando al “intendente electo por la mayoría de los vecinos de la ciudad de Neuquén”, en referencia a Mariano Gaido.

Luego de varios contactos con Pacheco midiendo el tiempo y las condiciones en que se encontraba Quiroga, llegamos al despacho del mandatario comunal.

-> La ultima cita

Eran las 19:30 del 11 de octubre, el despacho lucía impecable, como siempre. Pechi llega unos minutos más tarde, luce desmejorado, pero de muy buen humor.

Le comentamos que hacemos la entrevista, pero sí tenemos que interrumpir nos lo hace saber y aguardábamos que se recuperara el ritmo de respiración. Notábamos que tenia dificultades para, así y todo aceptó el convite y realizamos la entrevista que llevó 20 minutos.

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Después nos quedamos hablando de la vida, de sus afectos, de “su” ciudad, de lo que le dejaba a Gaido y de la esperanza que guardaba íntimamente de poder llegar a realizarse el trasplante de pulmón.

“Espero llegar al trasplante. Puede que siga vivo como que no, lo único que te puedo decir es que, mirando a todos estos, esté en donde esté me voy a divertir como loco”, dijo Pechi aludiendo a los dirigentes de su sector, y los codazos y empujones que ya mostraban en publico desde hacía tiempo pugnando por su sucesión liderando el espacio opositor al MPN.

Mientras tomábamos unos mates, renegaba del mal gobierno de “Mauricio” y le preocupaba todo lo que “va a destruir el kirchnerismo”. “Este país va a salir adelante con menos subsidios a desocupados y más generación de empleo. Tenemos que dejar de ser una fábrica de pobres”, exclamaba mientras junto a Pacheco observábamos a que distancia teníamos la mascara de oxigeno. Pechi se percataba, aflojaba a la intensidad de sus exclamaciones, daba señales de tranquilidad y continuaba con su análisis.

A mí me preocupaba el manejo económico de la municipalidad, pero estuve reunido con Gaido y me dejó más que tranquilo”, comentaba. “Me dijo que en Hacienda va a estar Claudio Silvestrini y su equipo, con lo cual para mí ha dejado de ser una preocupación”, agregó Pechi aquella vez.

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Hablamos de la familia, de sus hijos. De la intensidad de la política y de sus afectos. Un eterno enamorado y afamado seductor. También hubo algunos minutos para recordar pasajes de sus últimos 25 años de vida. Secretos de la intimidad de un hombre que vivió “su” vida con el mismo apasionamiento con el que se entregó a la política.

Hizo un paréntesis, pidió disculpas y habló un par de minutos con su hija Ayelén, era vísperas de fin de semana largo y la electa diputada provincial iba en viaje de descanso junto a su familia hacia la provincial de Mendoza. “Andá tranquila, hija. Yo estoy bien. Vayan y disfruten. Nos vemos al regreso”, le indica Pechi. Corta y nos dijo: “Este es un tema que tengo. Mis hijas están encima mío y no entienden que por más que estén todos a mi alrededor yo me voy a curar si llego a ser trasplantado. No quiero ser una carga. Tienen que dejarme que me las arregle solo y ellas continuar con su vida”.

-> El retiro con la esperanza de permanecer

Luce esperanzado y feliz. Sabe que tiene ante sí su ultima carta. Que el tiempo por primera vez le está haciendo una mueca de desprecio pero que así y todo va a ir para adelante hasta las ultimas consecuencias. “Hice todo lo que quise y mucho más. Dejo una ciudad de vanguardia, ejemplo no solo en la Patagonia sino a nivel país. Me voy con el reconocimiento de todos los vecinos y el respeto de mis adversarios, de otros partidos políticos, de tantas batallas. ¿Qué más puedo pedir?”, nos comenta mientras la emoción que lo embarga llega a sus ojos.

Me retiro con la tranquilidad del deber cumplido y sabiendo que la posta la toma un dirigente joven que tiene mucho por aprender pero también muchísimo más para dar. Yo cuando llegué sufrí las mismas presiones, para saber sortearlas hay que tener cuero, mañas y viveza”, sentencia en otro tramo de la mateada.

Se agita y el tiempo apremia porque tiene pensado descansar. Nos dice que quizás se vaya a San Martín de los Andes a desenchufarse un poco y que al menos por tres días va a levantar el pie del acelerador. Las ultimas encuestas que le acerca Pacheco dan cuenta que tiene garantizada la banca en el Senado, de todas maneras él esta más pendiente de su trasplante que del día de la elección de la que aun restan dos semanas de campaña.

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Nos fundimos en un cruce de manos sobre la mesa que nos contuvo durante mas de dos horas de charla. Nos agradecimos el tiempo y la confianza dispensada durante tantos años. Inconscientemente protagonizamos nuestra despedida para siempre o por un tiempo, quizás.

El intendente, candidato a Senador de Cambiemos, deja su despacho acompañado por Pablo Rodríguez, director de Protocolo y hombre confianza. Lo secunda Ariel, su chofer de años y portador de quien sabe cuántos secretos. En la vereda de la municipalidad se encuentra con su otra hija Ivana a quien le dio tranquilidad de que está bien y le pide que no se haga problema. Esa noche cenará con su hija Ailín, siendo la última persona que lo vio con vida.

La mañana del 12 de octubre, Horacio “Pechi” Quiroga es encontrado sin vida en su departamento. El tiempo le jugó una mala pasada impidiéndole llegar a ser trasplantado de sus pulmones.

Con él se fue el dirigente opositor más importante de la provincial del Neuquén. Un hombre que vivió la política las 24 horas de cada uno de los días de su vida. Dejaba de existir “el hacedor” de la ciudad del Gran Valle de la Patagonia y el único que, en las elecciones a Intendente, le hizo morder el polvo de la derrota al MPN cuantas veces quiso.

Muchas veces me quisieron afiliar al MPN. ¿Sabes por qué no me afilié? Por qué a mí me encanta ganarle elecciones al MPN”, le dijo Pechi aquella noche a este cronista.

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A dos años de su desaparición aún se debate sobre su sucesión y el legado que ha dejado. No hay sucesores a la vista porque es muy difícil encontrar otra persona que represente lo que fue Pechi para la política provincial y nacional. El legado está en su obra en la ciudad. En cada paseo y cada calle pavimentada, en el Museo Nacional de Bellas Artes, en la Feria del Libro, en la Fiesta de la Confluencia y en el recuerdo de cada vecino.

Él seguirá presente porque a pesar de las diferencias políticas que tuvo con sus adversarios, son ellos que por unanimidad lo han proclamado como “el hacedor” de la principal ciudad de la Patagonia.

Este martes, a las 17.30, sus familiar y amigos rendirán tributo a su memoria en el Paseo de la Costa.

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