La aparición de la pandemia por COVID generó, además de todas las incógnitas respecto al surgimiento de este virus y sus formas de combatirlo, la aparición bien explícita de los grupos anti vacunas, un fenómeno mundial y, por suerte, minoritario, que tiene en Neuquén a un puñado de exponentes.
El último episodio, donde esta gente se manifestó (por cierto, y casi siempre, a través de conductas violentas) fue en el CAM, exigiendo un “debate científico”.
Y allí surge la pregunta de si este tipo de temas son plausibles de ser debatidos, ante la abrumadora evidencia científica a lo largo de este siglo, y del que nos precedió, respecto a la importancia de las vacunas para la salud de la población mundial.
Quien suscribe esta nota cree que no, que no es un tema debatible. Es más, entiendo que los medios de comunicación deberían plantearlo de la misma manera, como un acto de responsabilidad.
Hay todavía, aunque cueste creerlo, gente que piensa que la tierra no es redonda. Esta muestra de ignorancia supina sobre un tema tan elemental resulta, sin embargo, inofensivo y hasta, en algún caso, risueño.
Pero a las vacunas no se las puede abordar de esa forma, no se trata de creencias u opiniones porque acá está en juego algo mucho más importante: la vida de las personas.
Dentro de todo lo que rodea al COVID aún deben desentrañarse muchas cuestiones pero en el ámbito de la ciencia no existe ningún tipo de duda que la única herramienta para combatirlo, además de la prevención y los cuidados vinculados a los protocolos, es la vacuna.
Hace algunas horas se conoció que el gobierno de la provincia de Catamarca decidió que su sistema público de salud le cobrará los gastos del tratamiento y la internación por COVID a aquellas personas que no estén vacunadas.
Esto sí podría debatirse.
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