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Ley de etiquetado: el 75% de la gente no sabe lo que come

Con la ley de etiquetado frenada en el Congreso y estadísticas altas de obesidad y diabetes, se necesita un cambio urgente en la información de los alimentos.

El año pasado el proyecto de Ley de Etiquetado frontal, autoría de la senadora Silvia Sapag del Frente de Todos, fue tomado como guía estructural para avanzar sobre el tema. A esta configuración se le unificaron trece proyectos más en ese mismo sentido y de esta forma ingresó a las entrañas del senado.

Esta ley, que se debe una aplicación urgente en nuestro país, tiene en su génesis la intención de que la información relacionada a los porcentajes de sodio, azúcar y grasas saturadas que consumimos a diario, estén dentro de un sello negro, llamativo y octogonal, al igual que en otros países, con la sana intención de informar sobre lo nocivo de tales porcentajes, para que el público consumidor, pueda elegir o estar advertido de lo que está a punto de llevarse a la boca.

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El proyecto madre tuvo una serie de modificaciones y fue aprobado en la cámara que preside Cristina Fernández de Kirchner. En la actualidad se está discutiendo en la agenda del Congreso de la Nación, lentamente y con mucho lobby por parte de las empresas multinacionales, que acechan los despachos de varias diputadas y diputados de la nación.

Hay quienes afirman que el proyecto madre fue podado y hay quienes dicen que seguramente salga y lo que salga será un avance en los temas de salud pública en agenda.

Hace un par de días a partir de una información publicada por Financial Times, se filtró un cable interno de la empresa Nestlé, donde describen como poco saludables una gran parte de sus alimentos y bebidas.

Se trata de un informe que, según el diario, circulaba a principios de este año entre los altos ejecutivos de Nestlé y que indicaba que más del 60% de los productos de su cartera de alimentos y bebidas no podía considerarse saludable bajo una “definición reconocida de salud”.

En nuestro país son varias las voces y las instituciones que están empujando para que tengamos urgentemente una ley de etiquetado frontal.

La Universidad Siglo 21, a través de su Observatorio de Tendencias Sociales y Empresariales, acaba de publicar un nuevo estudio donde una de las variables de análisis fue el grado de lectura y comprensión de las etiquetas de los alimentos que consumimos los argentinos a diario. Para ello, la Universidad analizó casos de la Ciudad de Buenos Aires, Comodoro Rivadavia, Córdoba, Corrientes, Mendoza, Rosario y San Miguel de Tucumán.

Los resultados que obtuvieron fueron que menos de la mitad de los argentinos lee la información nutricional de las etiquetas; y los hombres lo hacen con menos frecuencia (%35,6) que las mujeres (44,1%). Solamente 1 de cada 4 personas manifestaron tener un entendimiento pleno de lo expresado en las etiquetas.

Ley de Etiquetado YA!

En Octubre de 2020 se comenzó a tratar en el Senado de la nación el proyecto de ley de Etiquetado Frontal de Alimentos que obtuvo media sanción y falta su aprobación en la Cámara de Diputados. Situación que viene muy lenta y minada por el lobby empresarial.

El objetivo más simbólico y uno de los motivos que encabeza dicha ley es la instalación de una serie de sellos en los envases de los productos para advertir e informar cuando los alimentos son altos en sodio, azúcar, grasas saturadas y calorías.

Se propone un etiquetado frontal de advertencia que tendrá un sistema gráfico de octógonos negros con diversas leyendas precautorias. Múltiples estudios científicos han demostrado que es el diseño más efectivo para que el consumidor logre tomar una decisión de compra informada en pocos segundos.

Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), los 3 factores de riesgo más asociados a la mortalidad en Argentina son la hipertensión, hiperglucemia y sobrepeso u obesidad, causando más de 140.000 muertes por año y diversas enfermedades vasculares, cardíacas, cerebrales y renales. En materia de sobrepeso y obesidad, nuestro país tiene una de las tasas más altas de la región y está en aumento: actualmente 4 de cada 10 niños, niñas y adolescentes la padecen, así como 7 de cada 10 personas adultas.

A nivel regional, en los últimos cinco años, Chile, Perú, México y Uruguay han implementado etiquetas de advertencia en el frente del envase. Al igual que lo propuesto en Argentina, las advertencias frontales en estos países también utilizan una forma octogonal en colores negro y blanco con la advertencia "Alto en" o “Exceso de”, seguido de “grasas”, “sodio”, “azúcares”, “edulcorantes” y “grasas saturadas”.

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Narda Lepes es una de las impulsoras de la ley. 

Narda Lepes es una de las impulsoras de la ley.

¿Qué implica el etiquetado frontal de alimentos?

La Organización Mundial de la Salud define a los nutrientes críticos como aquellos cuyo exceso en la alimentación de una persona constituye un factor de riesgo para su salud. De esta manera, se han definido límites para la ingesta diaria de azúcares libres, grasas saturadas, grasas totales, grasas trans y sodio.

A partir de evidencia científica, cuando el consumo de estos nutrientes críticos supera los límites recomendados, se asocia al riesgo de desarrollar sobrepeso, obesidad y otras enfermedades crónicas, como hipertensión, diabetes, ciertos tipos de cáncer, entre otros. Es así que el etiquetado frontal indica qué alimentos superan estos límites establecidos, de manera clara y comprensible.

Diversos estudios demuestran el cambio que está teniendo la región. En Chile, el 64% de sus habitantes consideró disminuir el consumo de alimentos altos en nutrientes críticos, mientras que el 41% ha modificado sus hábitos después de la Ley de Etiquetado Frontal. Por su parte, el 50% de los mexicanos aseguró que la ley ayuda a tomar una decisión de compra. En el caso de Perú, el 80% considera que su aplicación tendrá un aporte positivo en los hábitos de alimentación de la gente. Mientras que el 89% de los uruguayos consideran que esta regulación ayuda a identificar claramente productos poco saludables.

Frente a esta foto y varias preguntas que hice en mi círculo de amigos, conocidos y familiares sobre la asimilación de la información de las etiquetas, se me ocurrió consultar a tres trabajadoras, relacionadas desde diferentes lugares importantes de la alimentación.

Soledad Barruti, periodista, investigadora, autora de los libros Mala Leche y Mal Comidos y una de las voces más calificadas sobre la dinámica de las empresas de ultraprocesados, el marketing, la legislación y el consumo poblacional, por otro lado Natalia Cervilla, Directora de la Licenciatura en Nutrición de la Universidad Siglo 21 y Narda Lepes, cocinera y comunicadora constante de las políticas públicas necesarias en materia de alimentación.

Soledad Barruti: “Los rótulos de los productos no buscan ser informativos, buscan ser canales publicitarios, la información está puesta casi con fórceps, luego de que la industria pataleara un montón a lo largo de la historia. Aunque están obligados, no lo hacen de una manera clara, de una manera precisa, legible y por otro lado abruman con el frente del paquete donde dan un montón de mensajes que realmente logran su objetivo, que es que las personas compren, sin cuestionarse nada más. Yo no creo que las personas comprendan, ni están reparando en esto porque todo está hecho para que suceda lo contrario”

Natalia Cervilla: “Con el sistema de etiquetado frontal con sellos de advertencia, la gente va a conocer si el producto a adquirir es alto o no en nutrientes críticos (azúcares, grasas saturadas, totales, sodio y calorías); se pretende que la elección sea un acto responsable, consciente e informado. Creo que sí, que la gente va a estar más en alerta a los sellos que tenga el producto; al menos, cuando lo tenga en sus manos, va a dudar de la conveniencia o no de incluirlo en la cesta con otros productos. Hay que acompañar este proceso con acciones tendientes a orientar a la gente sobre cómo poder reemplazar los alimentos que estaban formando parte de su alimentación en forma de procesados o ultra procesados. Porque esto también puede generar un vacío o desconcierto y haga que la gente se pregunte cómo reemplazar estos alimentos que se estaban incluyendo en una o más de las comidas principales.”

Narda Lepes: “Ya está medio probado lo que pasa, la gente va a reaccionar bien, el tema es que la información que le llegue sea clara y que la ley salga sin modificaciones drásticas. La ley que salió del senado estaba bien, era una ley que iba a funcionar...perfecta?, no...se podría ir mejorando con el tiempo?...si. Pero lo que quieren hacer en diputados es echar para atrás un montón del perfilado, y de ciertas cosas de la comunicación. Es una vergüenza que no tengamos ley. Se va a aprobar algún tipo de ley, sería una vergüenza que no. La gente va a reaccionar bien. Depende de la información que le llegue. Quizás quedan con un etiquetado las cosas que deberían quedar y quizás quedan cosas que deberían haberlo tenido. ¿Vos sos fan de algo?, vas a seguir comiéndolo, solamente que ahora vas a saber lo que comes. No es una prohibición, es una regulación para que la comunicación sea más clara y vos tengas una noción más certera de lo que comes, a la larga servirá para que la gente elija mejor. No va a haber grandes cosas y todo lo que veas va a estar armado.

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