Llevarse para el Diablo resta

"No estoy para hacer amigos", dijo ayer Holan. Falla en el manejo grupal. Los jugadores, sin códigos.

No estoy acá para que los jugadores me quieran y sean amigos. Tengo temperamento fuerte y soy exigente. Igual, con la mayoría tengo muy buena relación”. Así el entrenador de Independiente, Ariel Holan, expuso ayer su versión sobre las llamativas y duras críticas que recibe de casi todos los jugadores que se alejan del Rojo. Erviti, Amorebieta y Gigliotti son algunos de los casos.

Sin ir más lejos, el goleador que se marchó a México en las últimas horas publicó en redes sociales “siempre de frente…”, lo que pareció un claro tiro por elevación, un mensaje elíptico para su ex técnico, al que lo acusan de un doble discurso. Después de escuchar a unos y otros, pueden sacarse dos ligeras conclusiones. Por un lado, el manejo de grupo no es el fuerte del conductor del Rey de Copas, que debería aprender un poco en ese aspecto de Marcelo Gallardo.

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Muchos jugadores han sido relegados por el Muñeco en su exitoso ciclo en el Millonario y, sin embargo, ninguno se fue masticando bronca contra el eficaz conductor. Esos detalles del trato en la intimidad quizás pasan por alto para el gran público futbolero, pero también son claves para los logros deportivos. Sin buena convivencia ni armonía colectiva el camino se torna más arduo y espinoso.

El ya polémico entrenador de Independiente deberá corregir estas cuestiones a futuro para tener larga vida en el fútbol grande. El primer paso sería reconocer internamente la falencia (públicamente prefirió no aceptarlo) y mejorarla. La otra lectura es que varios de los jugadores implicados rompieron los famosos códigos y actuaron como despechados.

¿Por qué no hablaron antes? La hipocresía, una vez más, gana por goleada en el más popular de los deportes.

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