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La Mañana 100 años

Los 100 años de Doña Margarita, la "mujer guerrera" de Chos Malal

Margarita del Carmen Fuentes celebró su cumpleaños rodeada de su familia. Tuvo 14 hijos y una vida de campo y sacrificio que recuerda con penas y alegrías.

Si la vida es un suspiro, hay suspiros que se extienden por 100 años y que hoy engalanan y jerarquizan la existencia de una mujer valiente, guerrera y trabajadora de mil oficios con el propósito de “ir siempre para adelante”. Este domingo fue el centenario de vida de doña Margarita del Carmen Fuentes. Ella es una resultante de aquellas mujeres que en silencio y en tiempos difíciles fue construyendo su vida y la de su familia en base a la cultura del trabajo que sus ancestros le imprimieron en su niñez como una condición sagrada de conseguir todo en la vida con el sudor de su frente. Sin más que su ejemplo les enseñó lo mismo a sus 14 hijos, de los cuales 11 hoy la acompañan en este privilegio que Dios, el destino y el universo le dan de pararse en el umbral de su centenario.

Un 29 de mayo de 1922 el paraje La Laja, Las Ovejas la vio nacer fruto del amor de sus padres José Lorenzo Fuentes y Marcelina Faundez. Sin embargo, un documento chileno certifica su identidad tres años después cuando fue registrada en San Fabián de Alico de Chile.

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“Por aquellos años era más fácil viajar al vecino país que a Chos Malal”, señaló doña Margarita. Relató además que en ese tiempo sus padres atravesaron la cordillera andina para dedicarse a la agricultura y a la crianza de animales en un lugar llamado “Los Sauces” en territorio de Ñuble.

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Sus padres la llevaron cuando tenía 3 años. Estuvieron mucho tiempo por allá, hasta que sus progenitores decidieron regresar a la Argentina. “Con mis hermanos nos quedamos al cuidado de mis abuelos. Luego un señor de apellido Soto nos fue a buscar. Cruzamos la cordillera a lomo de caballo y en monturas de lado hasta Las Ovejas”, contó doña Margarita con una lucidez envidiable.

Se ganaron la vida como pirquineros

La riqueza del trabajo por aquellos tiempos pasaba por la búsqueda de oro. Así es que primero su padre y después quien sería su compañero de vida se dedicaron a la explotación minera en los yacimientos del norte neuquino. “Mi padre entró a trabajar en la mina de oro, que había en Andacollo, en el paraje La Primavera y nos trasladamos para allá. Desde muy niña siempre colaboré en las tareas del hogar. Es lo que nos habían enseñado”, contó. Luego trajo a la memoria a su esposo Nataniel Ulloa, fallecido hace más de 20 años atrás. “Estuvimos juntos en las buenas y en las malas. Yo siempre lo ayudé en la economía de la casa haciendo de todo. No ignoré ningún trabajo”, recordó. El gran amor comenzó cuando ella tenía 18 años y el 31, se casaron y se fueron a vivir a la mina Las Greas.

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“Empecé mi vida junto a “Nata”, viviendo en una casa de piedra, teníamos un solo plato, una cuchara y una cama de una plaza y media. Trabajamos en la mina sacando oro”, evocó.

Al respecto contó que la labor de su esposo consistía en hacerles un hueco a las piedras con una barrena y colocaba dinamita para reventar las piedras. Más tarde se armaba un dique para contener agua y lavar el oro.

Entre la trashumancia y la crianza de sus hijos

Aparte del trabajo minero que desarrollaba más tarde se afirmó en la emblemática actividad del norte neuquino como lo es la crianza de animales y su ancestral trashumancia. “Hacíamos veranada con los animales en zonas como las Lagunas Epulauquen, Los Cerrillos y Los Nevados y nos asentamos por un tiempo en el paraje El Manzano”. En este lugar vivió, sintió y padeció los avatares de una actividad cruzada siempre por los sacrificios extremos. Asimismo, tuvo la dicha de criar a sus primeros hijos: Tránsito (1940) y Juan Ignacio (1942). Ya en el año 1956 embarazada de su hija Susana y en búsqueda de un mejor futuro para sus hijos emprende viaje a Chos Malal. El matrimonio le entrega 14 hijos a esta tierra neuquina y criaron dos hijos del corazón. “Jamás le negué una mamadera a ningún chiquito”, dijo con total firmeza. Agregó que “los hijos son las joyas más lindas que Dios y la vida me dieron”. Por esto y por mucho más hoy la primera capital de la provincia la cuenta como una de sus vecinas ilustres tras recibirla con los brazos abiertos hace 66 años.

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>Una vida más tranquila y de viajes por el país

Doña Margarita en Chos Malal siguió trabajando en lo que fuera para acompañar a su amado esposo. Las huertas familiares fueron hasta hoy su principal pasión. Siempre le gustó tener verduras frescas en su mesa. En 1996, tras la repentina partida de Nataniel, se refugió en el grupo de Adultos Mayores de la localidad y comenzó a participar de manera activa en los juegos, actividades recreativas y en los viajes por el país. Ahora se define como “bastante pata de perro” porque le gusta salir de viaje y estar constantemente haciendo algo. “Hay que mantener la mente ocupada”, aconsejó. Consultada por si había o tenía alguna receta para llegar a los 100 años y con tanta vitalidad, entre risas mencionó: “se cuenta el Santo, pero menos el milagro”. A continuación, y ante la insistencia comentó que “hay que vivir tranquilos, ayudar a los demás y no codiciar bienes ajenos”.

Doña Margarita pasa ahora sus días rodeada del afecto y del amor de sus 11 hijos, 39 nietos y 48 bisnietos. Hoy en su cumpleaños fue agasajada con un almuerzo familiar, tras lo cual se emprendió una ruidosa caravana desde el Barrio Las Flores hasta el centro chosmalense. Al regresar, frente a su casa y en medio de la calle, sus familiares a los que se sumaron amigos y vecinos le cantaron el feliz cumpleaños mientras ella procedía al corte de la tradicional torta. Este lunes, en un acto oficial, se le pondrá su nombre a un espacio verde de la ciudad.

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