Los vendedores ambulantes son esos grandes desconocidos a los que, sin embargo, todos recuerdan. Llegan a convertirse en parte de la imagen de la ciudad como si siempre hubieran estado viviendo ahí hasta que, de un momento a otro, ya no están más. En la memoria, su presencia suele ser más duradera. Es fácil recordar las frases pegadizas con las que promocionaban sus mercaderías, su aspecto, su manera de caminar y de convencer a clientes de una compra imprevista.
Juan Alberto Chávez es chofer del SIEN en la actualidad, pero tuvo diversas ocupaciones y oficios llegando a ser en algún momento concejal por la ciudad de Neuquén. Es más conocido como Beto Chávez, el que de joven vendía los mejores cafés de Neuquén.
“Empecé a trabajar a los diez años, yo iba a quinto grado y vendía Helados “Macri” cuya concesión tenía acá en Neuquén Don Nino Saladino en la calle Perito Moreno. Mi viejo que trabajaba en Mafrici se había quedado sin trabajo en marzo y había que aguantar hasta diciembre. Yo continué con mis estudios, pero en los días libres salía a vender café. Ya me había acostumbrado a trabajar en la calle porque tenía plata todos los días. Así pude terminar la primaria y la secundaria en la nocturna”, contó a LM Neuquén.
su derrotero de vendedor ambulante lo puso en contacto desde muy jovencito con el mágico universo de la radiofonía y desde hace muchos años hace radio en Valentina Sur.
“Uno de los lugares más lindos para vender café era LU5 porque me encantaba entrar ahí. Yo tenía el sueño de poder entrar a una radio y conocerla con todo lo que significaba para nosotros en aquel momento. La radio era toda una magia y en mis tiempos de vendedor conocía tantísimas figuras: Tito Herrara, Guillermel, Pailaleo, el Muñeco Ordoñez, Pancho Casado ni bien llegó a Neuquén”, recordó Beto Chávez.
- ¿De qué otros vendedores te acordás de tus tiempos de cafetero?
Existía en aquella época un personaje conocido como el Mago Sabú que había venido con un circo a Neuquén y después se radicó acá en el Barrio El Progreso. Tenía muchos pibes que vendían café para él y el gran desafío nuestro, era ganarles a ellos vendiendo más café.
Otro de los vendedores de café eran los hermanos Protto. A uno de ellos, a Sebastián, le decían “El Ciego” porque tenía unos anteojos de gruesos cristales tipo fondo de botella y su hermano Aldo, muy canchero y que pasaba por las calles vendiendo café también, diciendo en su personal inglés: Coffee…coffee”.
A mí me decían: Tony Baretta por el personaje del detective de la serie de televisión de los 70. Yo tenía el pelo largo y usaba las clásicas gorras Jackson muy de moda por aquel entonces”
- ¿Qué personajes de otros rubros de la venta ambulante recordás?
En Copa y Chego que era una casa de ropa que tenía una sucursal acá en la calle Mitre, había un lustrabotas que había venido de Rosario y que era una ceremonia lustrarse los zapatos con él.
Después tenías los lecheros por ejemplo, los Hugo que tenían el tambo en la calle La Pampa y que abastecían de lácteos a la ciudad puerta a puerta hasta la década de los ochenta cuando sólo se permitía vender leche pasteurizada y la encargada de hacerlo era la empresa Vallelec.
Era muy famoso también un fabricante de garrapiñadas que se llamaba Juan Carlos Coliqueo conocido como “Espectáculo” porque “El Gordo García”, el famoso revendedor de sus productos, le decía en con su acento cuyano: “Es un espectáculo como hace las garrapiñadas”.
El Vendedor Millonario
El nombre de “El Gordo García” no parece haber trascendido o tal vez los pocos que lo recuerdan no logran ponerse de acuerdo al respecto. Vestido con un traje casi de gala para un vendedor ambulante, rematado con un correcto moño, tenía más bien el aspecto de un acomodador de cine o presentador de espectáculos bailables. Se cuenta que organizaba unas peñas folklóricas inolvidables los fines de semana.
La condición robusta y señorial le hizo ganar el apodo de “El Gordo García” y su presencia en las esquinas céntricas se volvió leyenda. “Almuerce y cene”, gritaba el vendedor mientras ofrecía garrapiñadas en las esquinas neuquinas.
La gente rumoreaba que se había vuelto millonario como vendedor callejero, prueba de ello era la costumbre de lucir con elegancia el traje. El mito creció cuando abrió su propio comercio “La Mamadera” en Mitre y Corrientes.
También vendía garrapiñadas en las tribunas de las canchas de los equipos de la región al grito burlón de las hinchadas que remedaban su excesivo peso combinándolo con algún aspecto de su obsesión por el dinero, aunque en realidad se trataba de un laburante de todos los días que les ofrecía trabajo a los pibes de la calle.
El “Gordo García” vivía en el barrio Mariano Moreno, donde sus vecinos cuentan que además de garrapiñadas y pochoclos solía vender globos y pirotecnia para las fiestas.
Otros dicen que no llegó a amasar la fortuna que le adjudicaban los comentarios por ser un frecuente habitué de los casinos. Trabajaba de sol a sol. Todos concuerdan en sus relatos que se las rebuscaba a pesar de tener una grave lesión en una de sus piernas.
De procedencia al parecer mendocina y casado con una sanjuanina se volvió en algún momento a los pagos de su esposa dónde murió hace algunos años atrás. En el Archivo Histórico Municipal conservan una foto suya en la que le dedica una pícara sonrisa al fotógrafo, como si un rato antes de posar le hubiera cantado su pregón cotidiano “Almuerce y cene por veinte pesos”. Una ironía del destino en medio de una ciudad en la que todos soñaban con volverse millonarios.
En todas las ciudades existen y existieron estos personajes del folklore urbano. En Cutral Co, en la década de los sesenta estaba “Jore-Jore”, un vendedor de alfajores que ofrecía su mercadería al grito de “Alfajores Jore-Jore…son los mejores”.
Por su forma de manejar luchando con el volante de su valiant gris, en la localidad a quienes aprendían a manejar los cargaban diciéndoles “Manejas como Jore-Jore”.
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