Los impuestos impagables en la era del Esclavo Blanco

La presión de la AFIP pone en un dilema a los monotributistas y a pequeños y medianos emprendedores.

Por Horacio José Caballero

El 1º de abril de este 2019 podría fijarse como fecha conmemorativa del sometimiento completo de todos los pequeños y medianos emprendedores y profesionales de nuestro país al régimen totalitario de la AFIP. Este organismo constituido en el gran hermano del Estado Argentino con la facturación electrónica cierra el corral alrededor de los contribuyentes.

Recordemos que el monotributo nació como una manera de blanquear parte de la economía argentina, ofreciendo a los pequeños contribuyentes la posibilidad de tener los beneficios de la legalidad aportando impuestos al fisco dentro de un marco de razonabilidad para empresarios nacientes o de baja entidad, que no soportarían toda la presión tributaria que sufre un responsable inscripto. O para profesionales que a veces tienen ganancias eventuales derivadas de su actividad y que no llegaban a un volumen donde el costo de administrar las cargas impositivas genera un rechazo y un deslizamiento hacia la informalidad (economía negra).

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Recordemos que las escalas eran mucho más generosas, desde (actualizados por la cotización del dólar) 480.000 pesos hasta $5.760.000 para la máxima categoría, excedida la cual pasabas a ser responsable inscripto.

Pues bien, sigilosamente y aprovechando las posibilidades que da la informática, se fue estrechando el cerco. Por un lado las escalas actualmente van de 138.000 pesos a $1.777.000. O sea, un 25% de los valores originales. Sin embargo, nadie se preocupó demasiado por esto, total, viveza criolla mediante se podía subfacturar y tanto el responsable inscripto como el monotributista podían achicar su exposición a la AFIP. Es más, el monotributo se había convertido en una patente de corso donde se escondían también contribuyentes nada pequeños.

Pero ahora el corralito está cerrado, el Gran Hermano sabe todo lo que hacen sus contribuyentes y las escalas del monotributo son irrisorias. Sólo quedarán dos salidas: ir convirtiéndose en responsables inscriptos, para los que la presión impositiva es insoportable, o volver a la negra informalidad. Esto último contrario a la finalidad original de la ley.

Los que queden en el sistema serán los esclavos blancos, serán exprimidos por el fisco para sostener a miles de trabajadores informales que recibirán servicios del Estado al igual que los que pagan impuestos; al sostenimiento de un estado elefantiásico y a los millones de subsidiados del sistema. Luego todos querrán jubilarse con o sin aportes y el esclavo blanco descubrirá que está repartiendo su jubilación con todos ellos y que lo único que le queda por darle al Estado es morirse prontamente.

Pero la panoplia de modernos esclavos no termina allí. No trates de ser un profesional independiente o un pujante emprendedor. Renunciemos a ello y seamos buenos empleados (privados o estatales). Pues bien, allí nos espera la otra segadora, la cuarta categoría del impuesto a las ganancias, la cual impondrá eficazmente un techo a tus aspiraciones.

Este impuesto también nació de la prolífica madre de los desastres, las buenas intenciones, pero después de años de chicanear las escalas originales se ha transformado en una carga para la más variada gama de empleados comunes e incluso de jubilados. Es una doble trampa, por un lado, se amplió exponencialmente la base de contribuyentes, y por el otro, olvidando de actualizar las escalas, el que contribuye cae inmediatamente en las escalas superiores quedándose el Estado con un tercio de su “excedente”. Con sólo volver a las escalas originales sería tan grande el alivio que los nuevos contribuyentes no sentirían casi motivos para quejarse.

Pero volviendo al meollo del asunto, el dilema principal vuelve a ser el que plantea Hernando de Soto, ¿cómo lograr que menos ciudadanos se vuelquen a la informalidad a cambio de las ventajas de pertenecer a la economía formal?

Toda esta deformación de la estructura impositiva desvirtúa esa posibilidad y se transforma en un formidable estímulo para huir hacia la economía informal. Nadie quiere ser un invisible esclavo blanco y sostener al resto de la sociedad. Pero los informales tampoco pueden extender sus horizontes bajo la amenaza de caer en la lupa del Gran Hermano AFIP. Se ha hablado mucho estos meses de que hay 20 millones de argentinos que reciben dinero del Estado y sólo 6 millones de trabajadores privados. Pero no hay que olvidar que existe una cantidad similar que trabajan en la informalidad en parte o totalmente, algunos opinan que hay un 30 % de la economía en negro y que por lo tanto no tributan.

Volviendo a la experiencia ajena, que suele ser más barata, no podemos evitar vernos en el espejo venezolano. Su crisis se gestó en varias etapas:

• Populismo basado en recursos naturales con precios excepcionales (petróleo o soja).

• Populismo basado en reventar cajas disponibles (reservas de oro, fondos de pensión, nacionalizaciones forzosas, etc…)

• Populismo basado en explotar sistemáticamente vía impuestos y aprietes a los esclavos blancos. Expropiaciones. Crecimiento de la economía marginal.

• Echar la culpa de las escaseces a los esclavos blancos que no quieren regalar su mercadería o trabajo. Más aprietes y saqueos.

• Desaliento generalizado de la estructura productiva, desabastecimiento, hambre y éxodo.

Lamentablemente Argentina quedó estancada en la tercera etapa, y no sabemos cómo salir mientras mantenemos una estructura grosera de gasto estatal.

La mayor prueba de lo ocurrido es la cantidad de profesionales que emigraron de Venezuela a nuestro país. Quizás estamos a tiempo de no seguir ese proceso: los venezolanos aún creen que acá les puede ir mejor.

Bajar la presión impositiva (como se hizo originalmente con el monotributo) no sólo alienta a los que producen a invertir más en sus emprendimientos. Sino que también estimula a los informales a incorporarse a la economía formal. Este aumento de la base de contribuyentes a la larga redunda en una mayor recaudación para las arcas estatales. Pero tomar medidas en ese sentido requiere desafiar con valor al sentido común. Lamentablemente el valor escasea cuando se quiere gobernar con encuestas y puro sentido electoralista. Nuestros gobernantes realizan acciones para mantener la adhesión de sus electores olvidando que la adhesión genuina es la que surge como resultado posterior de los hechos correctos.

Bajar la presión impositiva es una necesidad y sólo existen dos maneras, bajar el gasto público y aumentar la base de contribuyentes atrayendo a los informales, mejorando los beneficios de estar en blanco e incrementando las desventajas de estar fuera del sistema.

La era del esclavo blanco ya ha comenzado ¡Y la única manera de que estos la soporten es que sea equitativo el peso y atractivas las cadenas!

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