Los pibes que desaparecen

En Neuquén, a lo largo del 2018 se denunciaron unas 650 desapariciones de personas de las cuales casi 400 fueron niños y adolescentes. La franja más crítica es la que va de los 13 a los 16 años. Esto obliga tanto a la Policía como a la Justicia a activar un protocolo de búsqueda bajo la premisa del peor escenario posible.

El cien por ciento de los casos se resolvió en forma favorable entre las 24 y 72 horas de radicada la denuncia. En su mayoría fueron fugas de amor y pibes que no avisan a sus padres que se fueron a la casa de algún amigo o de campamento.

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Lo más preocupante de esto no es todo el despliegue que monta la provincia que requiere recursos humanos y materiales en la búsqueda. Acá lo importante es la ausencia de diálogo que existe en el núcleo familiar del chico.

Que se vaya un adolescente de su casa porque se enojó con sus padres por un desacuerdo y no aparezca por unas horas puede ser algo normal. Los jóvenes a esa edad están atravesando un periodo donde definen su identidad y buscan espacio en los que ellos puedan tomar decisiones que al ser contrarias a las de sus padres pueden generar desacuerdo. Todos hemos pasado por esa etapa. Pero que se vayan por días sin avisar, sin mandar un wasap o hacer una llamada es preocupante porque demuestra no sólo la falta de diálogo sino también falta de contención y de comprensión. “¿Para que les voy a decir si no me van a dejar? Me voy igual”, piensa el joven.

También es necesario husmear un poco más en esas huidas porque se puede llegar a detectar chicos que están siendo víctimas de violencia y ayudarlos para que no queden a la deriva por no tener herramientas para afrontar el problema.

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