Nadie conoce más el rostro de la tragedia que ha traído consigo la pandemia por Covid que los profesionales de la salud. Jamás se imaginaron que iban a enfrentarse a una enfermedad que hace dos años se convirtió en pandemia y obligó al mundo al confinamiento, al uso obligatorio de barbijo, al distanciamiento social, entre otras tantas medidas de prevención. La pandemia de COVID-19 cambió la vida de todos, especialmente de quienes lucharon durante estos dos años en la primera línea de batalla.
“Durante estos dos años de pandemia tuvimos prácticamente las camas de terapia intensiva ocupadas con pacientes ventilados graves con Covid-19”, asegura la médica intensivista Jorgelina Guyón, coordinadora de la Unidad de Terapia Intensiva de la Clínica de Imágenes del grupo Leben Salud. La especialista formada en un hospital público de la provincia de Mendoza y que hace más de diez años llegó a Neuquén, comenta que en julio de 2020 había un solo paciente internado con Covid en la clínica y un mes después eran 14. “Inicialmente eran casos leves hasta que de un momento a otro todos eran pacientes en estado grave”, subraya. Y agrega un dato que estremece: “como residente veía dos o tres pacientes con patologías respiratorias graves, y con la pandemia nos tocó ver 300, 400 pacientes con pulmones deteriorados de mucha gravedad y con riesgo de vida, algo impensado para un intensivista en formación o con cierta trayectoria”. “Jamás pensé vivir algo así”, acota.
A la hora de analizar estos dos años de pandemia, Guyón señala que la segunda ola de contagios fue la de mayor impacto. “En la segunda ola comenzaron a ingresar en las terapias pacientes de 20, 28, 40 años que te pedían por favor no morirse porque tenían hijos. Fue muy duro”, describe. Sin embargo, asegura que la llegada de la segunda ola tomó a los profesionales de la salud más preparados para enfrentar cada caso.
Considera que fue “heroico” el accionar del personal de enfermería y de kinesiología en la atención de los pacientes con Covid internados en terapia sabiendo que cuando entraban a una habitación podían contagiarse, “sabiendo que si no entraban el paciente no iba a recibir asistencia y podía fallecer; decíamos: 'Si nos estamos arriesgando que sea para salvar una vida'”.
Ese compromiso con la vida de los pacientes les daba las fuerzas necesarias para trabajar “a pesar que muchas veces sentíamos las ganas de no venir, de quedarnos en casa y de que esto parara alguna vez”.
"Los enfermeros y kinesiólogos entraban a la habitación del paciente internado en la terapia sabiendo que podían contagiarse, “sabiendo que si no entraban el paciente no iba a recibir asistencia y podía fallecer; decíamos 'si nos estamos arriesgando que sea para salvar una vida'”, relata Guyón.
Acaso la fortaleza para continuar dándole batalla al Covid la sentían cuando daban de alta a un paciente y éste se retiraba con su familia dejando atrás días de convivencia con la muerte.
Sostiene que el riesgo psicosocial de los profesionales de la salud involucrados en las unidades Covid “es un riesgo que no ha sido evaluado, el estrés psicológico no ha sido contemplado dentro de todos los riesgos que hemos vivido, independientemente del infectocontagioso, del cansancio y ni hablar de las agresiones que hemos sufrido los médicos, por suerte en esta clínica no hemos tenido ese tipo de situaciones que sí hubo en otras partes del país”.
Debora Tibaldo integra el servicio de Kinesiología de la Clínica de Imágenes y confiesa que en marzo de 2020 “no pensaba que íbamos a llegar al punto que llegamos”; es decir, 455 millones de contagios y 6 millones de muertes en todo el mundo.
Los kinesiólogos han sido claves en la recuperación de los pacientes que estuvieron internados en estado crítico y que, en algunos casos, debieron enfrentar secuelas cognitivas, psicológicas y físicas. “Mucha gente desconoce el rol del kinesiólogo en la parte crítica de la terapia. En esta patología particular que es el Covid se visibilizó nuestro rol porque trabajamos junto al médico y enfermeros desde que el paciente ingresa, monitoreando desde la oxigenación hasta que se lo intuba y en todos los procesos que se le hacen al paciente”, explica la mujer de 34 años que transita su último mes de embarazo.
“A pesar del riesgo para nuestra salud era meterse en una habitación a la otra ya que todas las camas estaban con pacientes ventilados mecánicamente”, describe el día a día que llevaban adelante los cinco kinesiólogos que integran el servicio.
Además de la experiencia adquirida, la incorporación de mayores conocimientos y el crecimiento del servicio, la especialista considera que la pandemia les dejo una enseñanza: “nos hizo aprender a valorar las pequeñas cosas de la vida”. La frase adquiere mayor sentido cuando al terminar de decirla, acaricia su panza.
“Cuando estudié enfermería nunca pensé que iba a haber una pandemia, fue algo que tuvimos que aprender y por suerte lo llevamos adelante”, comenta Guillermo Railef, jefe de Enfermería de la terapia intensiva de Clínica de Imágenes. Asegura que los enfermeros que desempeñan su tarea en las unidades de cuidados intensivos no sólo tienen que poseer un vasto conocimiento sino “una fortaleza mental porque en forma constante estamos trabajando entre la vida y la muerte y uno se tiene que anteponer a eso”.
Destaca el compañerismo con el que siempre se convivió en la unidad y aún más durante la pandemia. “Todos pasamos una situación compleja no sólo en lo laboral sino también personal porque salíamos de acá y teníamos que seguir viviendo nuestra vida de la misma forma que los que estaban afuera”, señala.
Asegura que el sector que encabeza sufrió una sobrecarga de trabajo “debido a la falta de enfermeros que es una constante en el sector salud a nivel país y con el tema de la pandemia se acrecentó aún más porque hubo enfermeros que migraron a otras instituciones”.
Cuenta que más de una vez sintió que todo ese gran esfuerzo que hacían para recuperar a los pacientes internados en la terapia “estaba tirado a la basura” cuando fuera de la clínica observaba la falta de cuidado y prevención de una parte de la sociedad. “Al principio el personal de salud era como los héroes pero a medida que fue pasando la pandemia fuimos quedando a un costado. Hay que hacer mucho énfasis en el reconocimiento estos dos años de los enfermeros como así también de los médicos, kinesiólogos y todas las personas que trabajan en el servicio de salud”.
Antes de marzo de 2020, Pablo Schvartzman se definía como una persona relajada, confiada en sus conocimientos, en su formación. Cuando empezó la pandemia por coronavirus se reconoció “lleno de incertidumbres, tratando una enfermedad que desconocíamos, que no sabíamos cómo tratar si bien nos habíamos estado preparando previamente”. Este médico cardiólogo de 44 años se desempeña como coordinador del área Cardiología.
En el profesional, como al resto de los integrantes del área de terapia intensiva, la frustración lo desbordaba cuando "empleábamos toda la terapeútica y los conocimientos de cada uno y el paciente no respondía, eso representaba la mayor frustración". No deja de recordar los momentos en que se incrementaba el ingreso de pacientes con cuadros graves de coronavirus en la terapia. "Al principio tuvimos pacientes leves después un poco más grave pero de golpe explotaron los pacientes graves. Me acuerdo de un paciente joven que se nos fue. No pudimos hacer absolutamente nada", describe.
Schvartzman transitó momentos dolorosos en su lugar de trabajo no sólo por aquellos pacientes graves sino también por la internación de su madre que presentó un cuadro severo de Covid. "Estuvo un mes internada en estado muy grave. A diferencia de los pacientes internados que no podían tener contacto con sus familiares, en mi caso yo podía ver a mi madre internada, y no sólo eso sino saber quiénes eran los profesionales que la atendían y eso me daba muchísima tranquilidad. Por suerte mi madre pudo recuperarse y ahora está en mi casa".
"Visibilizó el rol de la especialidad de terapia intensiva dentro de la sociedad"
En sus veinte años como médica especialista en terapia intensiva, Alejandra Oliva nunca se imaginó tener que desplegar sus conocimientos en una pandemia que comenzó hace dos años y que aún no se vislumbra que tenga un final. Tampoco se imaginó, en su rol de Directora Médica de Clínica de Imágenes del grupo Leben Salud, tener que gestionar una dirección medica en este contexto de complejidad. "Fueron momentos muy difíciles sobre todo al principio en el que teníamos una gran incertidumbre, pero en los momentos difíciles las personas muestran de qué están hechas y tuve la suerte de contar con equipos de trabajo, ya sea kinesiólogos, enfermeros, médicos terapistas, cardiólogos, clínicos, médicos de guardia, entre otros, de los cuales estoy muy orgullosa", explica a LMNeuquén.
Oliva señala que desde la institución se realizó un "gran esfuerzo" para duplicar el número de camas de terapia intensiva y convertir "en una semana a esta unidad polivalente en una unidad destinada a pacientes Covid". "Con Jorgelina Guyón y Pablo Schvartzman pusimos todas nuestras energías para sumar diez camas de terapia intensiva y así poder brindar la atención adecuada a los pacientes no Covid que ingresaban por un infarto o una enfermedad oncológica que había que tratar u operar".
Por otra parte resalta el trabajo realizado en conjunto con la dirección general de Leben Salud y el ministerio de Salud de la provincia, especialmente en lo relacionado al Centro Coordinador de Camas de la provincia, creado para gestionar y articular la derivación de pacientes entre los distintos sistemas de traslado, optimizando a su vez los recursos disponibles de los establecimientos sanitarios. "Esto es poco visto en el país, muy pocos lugares trabajaron de una manera coordinada como se hizo en la provincia", afirma.
Oliva considera que de la pandemia "salimos fortalecidos porque se visibilizó mucho el rol de la especialidad de terapia intensiva dentro de la sociedad". "Antes la gente se operaba, conoce a su médico de cabecera, al médico de guardia, pero no conoce al médico terapista, al kinesiólogo, al enfermero, al que le salva la vida y le da la oportunidad de vivir en un momento tan crítico".
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