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La Mañana madre

Madre e hija compañeras en el básquet local por un pedido que llegó al corazón

Keila Aguilar obligó a Marisa Quiroga, su mamá, a replantear el retiro. Ambas juegan en El Biguá ya compartieron cancha y hasta se animan a soñar con el título del Integración. Comparten su alegría con LMN. ¡Vale doble!

“Antes de retirarte te falta jugar conmigo” le dijo Keila Aguilar (16) a su mamá, Marisa Quiroga (34), una de las referentes del básquet femenino de Neuquén quien durante cinco años consecutivos integró la selección provincial y fue subcampeona con la Selección Argentina de básquet U19 en 2004. Sorprendida por la propuesta cambió el chip y le dio el gusto a su heredera y decidió llevar la decisión a tiempo suplementario.

El sueño de la joven se lo cumplió el entrenador de El Biguá, Mauricio Santángelo cuando la hizo ingresar en el partido que días pasados el conjunto neuquino disputó ante Escuela Municipal de Cipolletti por el Torneo Integración. Sin casi tiempo para vivir a pleno la emoción en esos momentos por la vorágine del juego, una semana después repasaron esas vivencias.

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“Fueron un montón de emociones juntas que me pasaron en ese momento por la cabeza porque sí, alguna vez esto lo soñé. Keila estaba haciendo muchos deportes, vóley, atletismo y no había mostrado todavía una pasión por el básquetbol. Así que desde cuando nos dijeron que teníamos que estar las dos en la cancha nos quedamos sorprendidas. Ni hablar cuando la llamaron para que ingresara a la cancha”, contó.

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El plantel de El Biguá que juega el Integración de Básquet.

El plantel de El Biguá que juega el Integración de Básquet.

Le tocó vivir una infancia dura a Marisa Quiroga (perdió a sus padres cuando tenía 2 años) y el deporte que surgió entonces como una alternativa, fue una práctica impulsada por su tía que la sumó a la familia como una integrante más. Esta misma pasión por el deporte antes que por el básquetbol, que ahora disfrutan juntas, le transmitió a Keila.

Haber compartido estos diez minutos, fue “una alegría” contó que llega se puede decir en el momento justo cuando el “bichito” del retiro empezaba a ser el tema recurrente en las sobremesas.

“Fue una linda experiencia”, agregó Keila Agustina quien se sumó a la charla recordando el momento que calificó “como un sueño. Yo le había dicho que antes de retirarse tenía que jugar conmigo, aunque sea una vez. Y, por suerte, lo pudimos cumplir”, se alegró.

Marisa no solo integró el seleccionado argentino U19 que logró la medalla de plata en el Sudamericano de Bolivia (“le ganamos por seis puntos a Brasil”, se jacta), sino que también jugó ese año el Panamericano en Puerto Rico (Argentina quedó octava).

“¿Si algún día puede Keila jugar en la selección?. Haciendo todo el sacrificio que hace puede tener una posibilidad, primero obviamente para representar a Neuquén. A mi me encanta como juega así que ojalá pueda tener el mismo trayecto y también lo pueda disfrutar”, se ilusionó.

“Keila siempre hizo deportes, de chiquita como yo. Pero nunca hubo presiones de nuestra parte para que juegue al básquetbol. Como me pasó a mí, nosotros vivimos en El Chocón. Allí podés hacer muchos deportes. De hecho estaba haciendo atletismo con Adrián Sánchez y después vóley en el club de la localidad y sola se decidió por el básquet”.

“Cuando entré a la cancha –recordó Keila- fueron unos minutos de mucho nervio. Porque si bien veníamos entrenando juntas, era la primera vez en un partido. Después nos tranquilizamos y fueron diez minutos muy lindos”.

Ambas juegan en el mismo puesto, de cuatro, poste o alero. “Ella es mi hija y claro siempre hablamos, pero trato de no imponer como jugadora con detalles, sino más que nada transmitirle consejos” dijo desde la experiencia.

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Sobre las condiciones que ve en su juego recalcó: “Tiene mucha actitud”. En ese sentido “me veo reflejada. Me hace acordar mucho a mí. Y eso me encanta. Es súper competitiva y se esfuerza para corregir errores y sumar para el equipo. Tiene condiciones, falta trabajar en los detalles pero va por buen camino”, señaló.

“Recién en 2019 arranqué a jugar en el club. Antes hacía vóley y también atletismo. Competía en velocidad y salto en largo que en la parte física me ayudó bastante cuando empecé a jugar básquet, Es un deporte que me gustó bastante y, al empezar a jugarlo con mi mamá, mucho más. Ahora quiero seguir”, dijo convencida Keila.

Lo que más le agrada del juego de su madre es “básicamente la forma en que ataca el aro y también la actitud quisiera copiarle”, resumió.

El sueño de jugar juntas ya está cumplido y aunque el certamen está dando sus primeros pasos la ilusión de ir por más crece. “Es una posibilidad, ojalá se dé”, se ilusionó Keila. “Compartir equipo con mi hija ya está buenísimo así que ser campeón puede ser como el broche de oro”, agregó Marisa.

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