Mató, pero quedará libre por "emoción violenta"

A Víctor Soto le habían dado 8 años de cárcel. Ahora, no va a ir preso.

Carolina Diocare

policiales@lmneuquen.com.ar

Neuquén. Víctor Soto golpeó e hirió brutalmente a su pareja y mató a José Moscoso con una pala cuando los encontró teniendo relaciones sexuales en una chacra de Senillosa. Eso nunca estuvo en discusión para la Justicia. Sin embargo, tras un nuevo juicio, el asesino fue hallado culpable pero bajo el atenuante de emoción violenta, desatada por la supuesta infidelidad.

Así lo resolvió ayer un tribunal integrado por los magistrados Estefanía Sauli, Florencia Martini y Cristian Piana.

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Por unanimidad, los jueces resolvieron condenar a Soto por homicidio simple y lesiones graves, agravadas por el vínculo, ambos atenuados por emoción violenta.

De esta manera, el asesino, que fue sentenciado a 8 años de prisión en una primera instancia, ahora se espera que continúe en libertad.

Es que el Código Penal establece una pena que va de 1 a 3 años para el delito de homicidio en estado de emoción violenta, es decir, puede quedar en libertad.

La sentencia leída por Sauli, en ausencia de Soto, destacó que el debate central del juicio se basó en si los hechos ocurrieron o no en el marco de dicho atenuante.

“En este aspecto, resulta trascendente el testimonio de profesionales médicos que realizaron las evaluaciones psicológicas y psiquiátricas de Soto”, comenzó argumentando la jueza.

Se trata del hombre que mató a su amigo con una pala e hirió brutalmente a su pareja en una chacra de Senillosa, en 2017. Había sido sentenciado a 8 años de prisión.

“Uno de los médicos concluyó que se trató de un intenso estado emocional caracterizado por la ira, provocado por la situación que encontró”, señaló Sauli en referencia a la relación de ambas víctimas.

En este sentido, se basaron en el factor sorpresa y el control de los frenos inhibitorios, descriptos por los profesionales como elementos de análisis para dicho estado.

Respecto del primero, los magistrados concluyeron que la teoría de la fiscal Sandra Ruixo no se sostiene, ya que no surge de ningún testimonio que Soto supiera que las víctimas iban a tener relaciones.

La jueza Estafanía Sauli y Cristian Piana leen el fallo del segundo juicio.

Por último, destacaron que los frenos inhibitorios del asesino estaban alterados, ya que rompió cosas en el interior de la vivienda y le dio 17 hachazos al auto de Moscoso.

victima

En el fallo anterior los jueces votaron en disidencia

El 15 de mayo, un tribunal integrado por los jueces Carina Álvarez, Martín Marcovesky y Andrés Repetto concordó en rechazar el homicidio preterintencional solicitado por la defensa, es decir, que tuvo intenciones de herir, pero no de matar, tal como el propio Víctor Soto quiso aclarar en juicio.

Sin embargo, la disidencia se presentó al momento de deliberar si el asesino cometió los hechos en un estado de emoción violenta o si se trataba de un homicidio simple y lesiones graves agravadas por el vínculo, como terminó fallando la mayoría compuesta por Álvarez y Marcovesky.

“Entró sin llamar a la puerta de un domicilio ajeno y se dirigió directo a la habitación”, apuntó Álvarez en referencia a que Soto sospechaba de la relación entre las víctimas y de que estaba plenamente consciente de lo que hacía, ya que “eligió distintos elementos para herir a uno y a otro en distintas partes del cuerpo”.

En cambio, Repetto señaló que Soto cometió el homicidio bajo un estado de emoción violenta tras verse sorprendido por “la descarnada imagen de ver a su compañera desnuda en la cama con otro hombre”.

Este es un fallo que atrasa y condena a la mujer. Celina Fernández directora del instituto de género del colegio de Abogados

“Los encontré teniendo sexo y me saltó la chaveta”, dijo Víctor Soto. Esa sola afirmación alcanza para investigar un caso con perspectiva de género porque configura un hecho de violencia de género gravísimo: el derecho de propiedad sobre nuestros cuerpos que el patriarcado

construye en manos de los hombres. La decisión de Fiscalía es un decisión de política criminal y no meramente una elección estratégica, consideran más “fácil” probar el vínculo que la violencia de género en un caso en donde la mujer no cumple con el estereotipo

de víctima buena: aquella incapaz de “engañar” al hombre del que está “enamorada”. Este es un fallo que atrasa en materia de acceso a la justicia de las mujeres víctimas de violencia. Un fallo en el que se avala la infidelidad como causal de emoción violenta (al

menos en la lectura de la sentencia sin fundamentos) y un fallo en el que al menos hasta el momento no se mencionaron normas de interpretación y valoración de pruebas de un crimen perpetrado por un hombre contra una mujer por el simple hecho de creerla suya.

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