Montañistas aficionados encararon una aventura de 10 cumbres en el norte de la provincia

Montañistas subieron cerros y volcanes, y terminaron en el Domuyo.

Por Pablo Montanaro - montanarop@lmneuquen.com.ar

Un grupo de montañistas amateurs que residen en distintas localidades del norte neuquino logró semanas atrás hacer cumbre en diez cerros y volcanes de esa zona de la provincia, finalizando esta aventura de esfuerzo y superación en la cima del volcán Domuyo, a 4709 metros sobre el nivel del mar.

A comienzos del año pasado, el guía de montaña Raúl Rebolledo lanzó la convocatoria para quienes quisieran sumarse al proyecto, que consistía en hacer una vez por mes una cumbre en algunos de los cerros y montañas del norte neuquino. “El proyecto estaba enfocado en convocar a quienes viven en localidades del norte, pero también se sumaron personas de Cutral Co y Neuquén capital”, comentó Rebolledo a LM Neuquén.

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Cada grupo estuvo conformado por entre 8 y 14 personas de 18 a 54 años. “La mayoría era la primera vez que realizaba este tipo de travesía y, por supuesto, haber hecho la mayoría de las cumbres fue un gran logro, una muy buena experiencia”, explicó. Y agregó: “Es un aprendizaje porque hay gente que sale de su casa y escala una montaña. Por eso los asesoramos no sólo en la preparación física y psicológica, sino también en la vestimenta y otras cuestiones que se deben tener en cuenta para que pudieran disfrutar y pasarla bien”.

Los ascensos empezaron en marzo pasado y en los meses siguientes alcanzaron las cumbres de los cerros Negro (2000 m), Caicayen (1807 m), Tilhué (2520 m), Wayle (3296 m), Palao (2813 m), Bayo (1782 m), Corona (2992 m), Mayal Mahuida (1548 m) y de los volcanes Tromen (4114 m) y Domuyo (4709 m), donde terminaron el 19 de enero de este año.

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Una de las montañistas que se animó a la travesía y logró alcanzar la cima del Domuyo fue Vanesa Román, una enfermera del hospital de Chos Malal, de 31 años. “Lo que me llevó a sumarme a la iniciativa fue lo que significa el volcán Domuyo para quienes vivimos en la zona. Era una motivación especial y, en lo personal, un desafío”, contó la mujer. Confesó que a pesar de mantenerse bien físicamente sintió miedo “por la altura por los lugares que íbamos transitando”. Cuando llegó a los 4709 metros del Domuyo se largó a llorar. “Fue una experiencia, pude superar el miedo y me sirvió para superarme”.

Ahora, con el logro conseguido -realizó ocho de las diez cumbres-, espera alguna nueva convocatoria para hacer este año.

Judith Medina también trabaja como enfermera en el hospital de Chos Malal y a sus 31 años sólo había llegado a la cumbre del cerro Corona. Hizo siete de las diez cumbres debido a que algunas salidas coincidieron con las guardias en el hospital. “Fue una experiencia inolvidable cuando hicimos cumbre en el Domuyo. Tenés que ir preparado por todo lo que implica semejante montaña. Te da miedo, el precipicio, la altura, que te quedes sin oxígeno, pero sacás fuerzas y decís ‘tengo que llegar’”, contó.

Con esta actividad, Judith logró dejar atrás “un profundo dolor” por el que transitó en 2018. “Fue una manera de decir ‘puedo salir adelante’”, destacó. Hubo fines de semana que tuvo que cambiar la guardia en el hospital con otro compañero para poder hacer las cumbres: “Terminaba de subir la montaña y al otro día, a las 6 de la mañana estaba en el hospital, a pesar del cansancio y los dolores”.

Un desafío para dejar un infarto en el olvido

Si bien Miguel Sprumont desde siempre sintió una especial fascinación por la naturaleza, nunca se imaginó que iba a emprender un desafío semejante como el que consiguió el 19 de enero pasado: llegar a lo más alto de las diez cumbres. Y mucho menos se lo imaginó hace dos años atrás, cuando sufrió un infarto que lo obligó a enfrentar distintos cuidados y limitaciones en su quehacer cotidiano.

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De destacada trayectoria como cantautor en el norte de la provincia y organizador del Encuentro de Trovadores de Andacollo, a los 51 años se incorporó al grupo de Raúl Rebolledo. “Lo tomé como un desafío personal, a pesar de las recomendaciones de los médicos que me decían que era muy riesgoso hacer estos ascensos por lo que me había pasado”, recordó.

Cuando se animó a los primeros ascensos, se fue convenciendo de que podía llegar al objetivo final: los 4709 metros del Domuyo. “Me fui animando a medida que iba subiendo los cerros -comencé en el tercero que hizo el grupo-, pero nunca pensé que iba a lograr llegar al Domuyo y eso fue por el excelente grupo que se armó”, comentó.

Para Miguel, que en 1990 eligió Andacollo como su “lugar en el mundo”, este logro tiene dos aspectos, uno deportivo y otro espiritual. “Fue una metáfora de la vida, darse cuenta de que uno puede mucho más de lo que se imagina y de que dentro de uno hay una fuerza terrible. Fue la enseñanza más grande que tuve”, enfatizó.

Confiesa que va por más porque la montaña “te atrapa, te enamora”. “Es una pasión que no tiene explicación, porque cuando estás transitándola te preguntás qué estás haciendo ahí, enfrentando el viento, la lluvia; sin embargo, cuando llegás a la cumbre ya estás pensando en la próxima”, contó. “No hay fin a las aventuras que podemos tener si sólo las buscamos con los ojos abiertos”, concluyó.

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