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Espeluznante: masacró a toda su familia por ser "el hombre de la casa"

David Conley asesinó a ocho familiares, incluidos seis niños, en un crimen que estremeció a Estados Unidos por su frialdad y brutalidad.

En agosto de 2015, una tranquila vivienda en Houston, Estados Unidos se transformó en el escenario de una masacre. David Conley, armado y con un plan siniestro: matar a su familia. Para ello esposó a dos adultos y seis niños a sus camas para luego ejecutarles a quemarropa.

Las motivaciones detrás del ataque nunca lograron ofrecer una explicación suficiente para tanta violencia, y el caso sigue siendo recordado como uno de los crímenes familiares más escalofriantes de la última década.

La masacre

Todo comenzó cuando David Conley quiso usar su llave, pero habían cambiado la cerradura. Se enojó, pateó la puerta y rodeó la casa. Pisó el alfeizar de la ventana, se agarró de una rama sólida pegada a la pared exterior de la casa y trepó hacia el primer piso. Sabía que esa ventana, porque había vivido allí, la de la habitación de uno de los chicos, siempre estaba abierta: el seguro se había roto. Le costó la subida: los bolsillos repletos lo incomodaban.

Apenas entró a la casa, sacó el arma y apuntó a los dos chicos que lo miraban paralizados. Eran los dos más pequeños: Jonah de 6 y Trinity de 7.

Hubo algún grito y fueron apareciendo los demás. A todos los redujo. Y fue distribuyéndolos por la casa: a los seis chicos, a su exesposa Valerie y a la actual pareja, Dewayne Jackson.

Algún cálculo había fallado. Solo había llevado seis pares de esposas. A los dos adultos y a los cuatro hermanos mayores los esposó a sus camas o algún mueble del dormitorio. A los dos más chicos los maniató.

Parecía que los rehenes habían abandonado los intentos por hacerlo razonar después de que él les ordenara que se callaran, gritara, les apuntara a la cabeza, golpeara con furia las paredes y arrojara lo que se cruzaba a su paso.

Masacre. Familia, Estados Unidos.
Cuando la policía entró a la casa, fueron sorprendida por David Conley, quien comenzó a disparar a quemarropas.

Cuando la policía entró a la casa, fueron sorprendida por David Conley, quien comenzó a disparar a quemarropas.

Hasta que una voz se escuchó tenue, deshaciendo el silencio: —¿Nos vas a matar, Papá? -preguntó Nathaniel, su hijo de 13 años.

La historia de violencia

El 8 de agosto de 2015, en Harris County, un pueblito de Texas, David Conley, un exconvicto de 48 años, asesinó a sangre fría a ocho personas: dos adultos y seis menores. Eran su exesposa, la actual pareja de ella, su propio hijo y los otros cinco hijos de Valerie y Dewayne.

David Conley y Valerie se habían conocido 15 años antes. Él acababa de salir de la cárcel después de cumplir una condena por robo de un auto. Muy pronto tuvieron una hija y dos años después a Nathaniel. La relación de pareja nunca fue pacífica. Drogas, peleas, celos. A fines del año 2000, a poco de nacer Natalie, su primera hija, Valerie denunció a su marido. Lo acusó de pegarle, de intentar ahorcarla y de amenazarla de muerte en varias ocasiones. Él, al enterarse, la agredió, de nuevo, brutalmente; sabía que esa denuncia lo volvería a mandar a la cárcel.

Valerie, antes de que él regresara a prisión, quedó embarazada de Nathaniel, su segundo hijo.

Al poco tiempo, la mujer se puso en pareja con Dewayne Jackson. Tuvieron muchos hijos. Cinco y todos muy seguidos: Honesty, Dewayne Jr., Caleb, Trinity y Cale.

Mientras tanto, David Conley merodeaba la familia y Valerie volvía con él cada vez que se peleaba con Dewayne (era otra pareja poco armoniosa).

La hija mayor de David y Valerie se fue de la casa; encontró refugio en lo de unos tíos. Eso terminó salvando su vida.

Cuando Nathaniel cumplió 8 años, David volvió a atacar a su exesposa. Mientras le pegaba, gritaba que el chico no era hijo suyo sino de Dewayne. Ella lo negaba. A los pocos días, la mujer presentó una demanda para que se estableciera de manera fehaciente la paternidad del chico. Quería despejar las dudas de su ex. Pero Conley nunca se presentó ante el juzgado para realizar los estudios pertinentes.

La confesión del asesino: “Sí, por supuesto, los maté”

A principios de agosto de 2015, Conley regresó a la casa. No pretendía visitar a su hijo ni a los hermanos. Exigía que lo dejaran vivir allí. Lo rechazaron. Hubo otro previsible incidente y se alojó en un hotel a pocos kilómetros del lugar.

A los tres días, un empleado del hotel de mala muerte le exigió que pagara la habitación, que saldara su deuda. Cómo Conley no tenía dinero, fue echado del lugar. Sin tener donde vivir, regresó a su antigua casa la mañana del 8 de agosto.

Pero esta vez no iba a pedir refugio. Estacionó su auto destartalado a dos cuadras del lugar y del asiento del acompañante tomó sus pertrechos. Un arma, tres cajas de cartuchos, seis pares de esposas y unas cuantas sogas. Y caminó los 200 metros hasta la casa.

Masacre. Familia, Estados Unidos.
El hombre que masacró a su familia fue condenado a cadena perpetua.

El hombre que masacró a su familia fue condenado a cadena perpetua.

Dilucidar lo que pasó dentro de la casa en esos primeros minutos es tarea de forenses, campo de especulaciones. Nadie, excepto el asesino múltiple, quedó con vida para dar testimonio.

Lo que se pudo reconstruir es que David Conley se tomó su tiempo. Los redujo uno a uno y los esposó o maniató. Se supo que Valerie llegó a escribirle mensajes de texto a su familia pidiendo ayuda, rogando para que dieran aviso a las autoridades.

Urgidos por los familiares, la policía se acercó a la casa a media mañana. Llamó a la puerta y nadie respondió. Luego, David Conley contestó. Era su excuñado, el hermano de Valerie. No se demoró, ni dio rodeos. La pregunta fue directa:

—¿Mataste a mi hermana?

Sí, por supuesto -contestó Conley y cortó la comunicación.

A esa altura, la policía había visto a uno de los más chicos tirado sin vida sobre un charco de sangre. Estaban llegando los refuerzos para ingresar.

Creyeron que todos estarían muertos. Pero apenas traspasaron la puerta, fueron recibidos por los tiros de Conley, que se había parapetado tras unos muebles. La balacera duró varios minutos hasta que el asesino se entregó. Después de reducirlo, los policías recorrieron la casa.

Una escena terrorífica: ocho cadáveres

En la habitación principal, estaban los cuerpos de los dos adultos y del mayor de los niños, de Nathaniel, el hijo de Conley. Todos tenían un tiro en la nuca. Excepto la exesposa y su pareja: a ellos los había acribillado. Al menos 14 balazos a cada uno.

Aunque él nunca relató lo que sucedió dentro de la casa, los investigadores pudieron reconstruir los hechos, entre otras cosas, por los trazos de sangre. Fue matando uno a uno a los chicos delante de sus padres, para que los vieran morir. Después los acarreó a las otras habitaciones y volvió a esposarlos a las camas. Para el final dejó a su esposa: quería que no se perdiera, que sufriera cada una de las muertes.

En los primeros interrogatorios, Conley sostuvo que lo había hecho porque Dewayne era violento y abusivo con los chicos. Aseguró que el hombre los golpeaba y que los maltrataba, que esa había su manera de liberarlos. Que Valerie lo engañaba y que los chicos estaban arruinados por las cosas que veían y sucedían en esa casa, que era por eso que tenían problemas de conducta. Sostuvo que les estaba haciendo un favor porque se estaban convirtiendo en monstruos: “Yo no soy Dios, pero sí el hombre de la casa”.

Su hija mayor, la que salvó su vida al irse a vivir a otro lado, declaró en su contra en el juicio y pidió justicia por su madre y sus hermanos.

David Conley fue condenado a prisión perpetua sin posibilidad alguna de obtener la libertad en el futuro.

Su abogado defensor vivió esta sentencia como un gran triunfo profesional.

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