Pionero, viejo zorro, político de raza. A los 83 años murió uno de los testigos destacados de la historia política neuquina.

Salvatori había nacido en Plottier, cuando aquella ciudad era menos que un pueblo, pero al poco tiempo se crió junto a cuatro hermanos en el campo, donde fueron a vivir por las obligaciones laborales de su padre, un italiano que llegó al valle en 1925 como jefe de Irrigación.

Alguna vez dijo que por mandato paterno se recibió de ingeniero, aunque él siempre quiso ser abogado. Lo que nunca pensó es que su vida se desarrollaría alrededor de la política.

A Felipe Sapag lo había conocido el día en que volvió a Neuquén desde Bahía Blanca con el título de ingeniero químico. Julio César Fuentes, un vecino de Plottier (padre del sindicalista Julio Fuentes), le recomendó que dejara YPF, empresa que lo había contratado, para empezar a colaborar con el Gobierno.

“Cuando vine a Neuquén sabía de Sapag, de la creación del MPN, y me sedujo la plataforma social. Yo era desarrollista, pero me pareció que la mezcla del desarrollismo con el peronismo iba a dar un resultado extraordinario. Y lo dio”, dijo una vez en un reportaje.

En esa primera charla, Salvatori quedó cautivado por la personalidad de Felipe. A tal punto que no le costó proponerle, tiempo después, la creación de un ente que comenzara a planificar obras y acciones para la provincia. El organismo se llamaría Copade (Consejo de Planificación y Acción para el Desarrollo). “No nos podíamos equivocar, porque estaba todo por hacer”, dijo.

La vida política de Salvatori siguió creciendo, hasta que finalmente tuvo la gran posibilidad de convertirse en gobernante y tomar la posta dejada por aquel líder que admiraba en 1987. Durante su mandato tuvo el privilegio de fundar 13 pueblos en el interior y de ser principal protagonista del desarrollo de toda la provincia. También una figura política clave en la Reforma de la Constitución de 2006, como convencional de su partido en cada una de las negociaciones que se llevaron a cabo para introducir cambios en la carta magna.

Durante 52 años fue esposo de Nora Serrano, la mujer de toda su vida, padre de cuatro hijos y abuelo de 12 nietos.

Fue un consultor permanente de dirigentes de varias generaciones y hasta el último momento cumplió con una premisa que repetía siempre cada vez que le preguntaban por el retiro: “Uno deja de ser político cuando se muere”.

Sus restos serán velados en la sala A de Calf ubicada en Bahía Blanca 546 desde las 11.

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